reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 4: Un plan que no me deje en la ruina
Lucía no estaba triste, lo cual ya era un cambio bastante grande considerando la historia en la que estaba metida, porque si algo recordaba bien era que en este punto la antigua dueña de su cuerpo ya estaba empezando a romperse por dentro, esperando algo que nunca llegaría, mirando puertas que jamás se abrirían para ella, pero en su caso… no había nada que esperar, y curiosamente eso le daba una tranquilidad que no había sentido ni siquiera en su vida anterior.
Esa mañana despertó con un poco más de energía, no mucha, pero suficiente para levantarse sin sentir que su cuerpo iba a rendirse en el intento, y eso ya era una pequeña victoria, una que decidió celebrar a su manera, pidiendo comida decente, no lo que le traían antes como si fuera cualquier cosa sin importancia, esta vez comió bien, despacio, incluso disfrutando un poco el sabor.
—Mmm… así sí vale la pena estar viva…
Murmuró para sí misma, dejando la taza a un lado mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro, pequeña, pero real.
No todo tenía que ser tragedia.
Si estaba en una nueva vida… entonces también podía disfrutarla.
Pero claro, disfrutar no significaba ser tonta.
Su mirada cambió ligeramente mientras se acomodaba en la silla.
—Ahora… lo importante.
Divorcio.
La palabra apareció en su mente con una claridad que no dejaba espacio a dudas.
No iba a quedarse ahí esperando a que la historia avanzara hasta destruirla, tampoco iba a competir con Nieves por un hombre que claramente ya había tomado una decisión, y mucho menos iba a vivir dependiendo de alguien que la ignoraba como si no existiera.
—Pero tampoco voy a irme como idiota…
Apoyó el codo en la mesa, pensativa.
—Sin dinero, sin respaldo y sin nada.
Eso era lo que le había pasado a la otra Lucía.
Y ese era exactamente el error que ella no iba a repetir.
—Así que… ¿cómo se divorcia una duquesa?
No era una pregunta simple.
En su mundo anterior eso era tan fácil como firmar papeles, pero aquí… era política, poder, reputación, alianzas.
Un divorcio no era solo una separación.
Era una declaración.
Y podía volverse en su contra si no lo hacía bien.
—Necesito información.
Se levantó con más decisión que otros días y salió de la habitación, esta vez sin titubear, sin esperar a que alguien le abriera el camino, caminando directamente hacia una de las áreas que sabía que existían por los recuerdos… la biblioteca.
El lugar era amplio, silencioso, con estantes altos llenos de libros que claramente nadie había tocado en mucho tiempo, lo cual le pareció curioso.
—Tanto conocimiento… y nadie lo usa…
Murmuró mientras pasaba los dedos por uno de los lomos, dejando una leve marca en el polvo.
—Perfecto para mí.
Buscó sin prisa, pero con intención, leyes, historia, normas del ducado, matrimonio, herencia… todo lo que pudiera servirle, y aunque al inicio parecía complicado, poco a poco las piezas empezaron a encajar.
El divorcio sí era posible.
Pero no fácil.
—Causas válidas…
Leyó en voz baja.
Abandono.
Falta de deberes conyugales.
Daño a la reputación.
Infidelidad comprobada.
Lucía levantó una ceja.
—Oh…
Eso ya sonaba interesante.
Porque si algo no faltaba en esa historia…
Era material.
Pasó varias páginas más, entendiendo mejor las condiciones, no bastaba con decirlo, había que probarlo, había que justificarlo ante la corte o ante figuras de autoridad, y lo más importante…
Había consecuencias.
—Divorcio con culpa del duque…
Murmuró.
—La duquesa mantiene parte del patrimonio…
Eso le hizo sonreír.
—Eso me gusta.
Pero también había riesgos.
Si lo hacía mal…
Podía perder todo.
Incluso su posición.
Incluso a su hijo.
Y eso…
No era negociable.
Su mano fue automáticamente a su vientre.
—Tú vienes conmigo.
Dijo en voz baja, firme.
No había duda en eso.
Cerró el libro lentamente, pero su expresión ya no era la misma de antes, ahora había algo más claro, más enfocado.
Un plan empezaba a tomar forma.
—Primero… pruebas.
Kilian y Nieves no eran discretos.
Eso jugaba a su favor.
—Segundo… aliados.
Porque sola, aunque tuviera dinero, no iba a ser suficiente en un juego político.
—Y tercero…
Su mirada se volvió un poco más afilada.
—Tiempo.
No podía apresurarse.
Tenía que hacerlo bien.
Pero mientras pensaba en todo eso, algo inesperado pasó, una pequeña risa escapó de sus labios sin poder evitarlo.
—Mira nada más…
Negó con la cabeza.
—De granjera… a duquesa conspirando su propio divorcio…
Se recostó ligeramente en la silla.
—La vida sí que da vueltas raras.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…
No se sintió atrapada.
Se sintió en control.
Porque esta vez no estaba reaccionando a la historia…
La estaba cambiando.
Y curiosamente…
Eso le estaba empezando a gustar.