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CASADA CON UN DESCONOCIDO

CASADA CON UN DESCONOCIDO

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Romance / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Paula, una joven valiente y dedicada, se enfrenta a una situación desesperada: su madre, Susana, padece una enfermedad grave que requiere un tratamiento costoso e inmediato. Con todas las puertas cerradas y el tiempo agotándose, Paula se ve obligada a tomar una decisión impensable. A través de un inusual arreglo, acepta casarse con Sergio, un hombre completamente desconocido para ella, con la promesa de que a cambio, los padres de Sergio cubrirán los gastos médicos de Susana.

Sergio, un empresario exitoso y enigmático, acepta este matrimonio por sus propias razones, presionado por sus estrictos padres que buscan asegurar su linaje y fortuna. Desde el momento en que sus vidas se entrelazan por el matrimonio, Sergio y Paula se ven inmersos en un mundo de apariencias, secretos y resentimientos.

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Capitulo 4

El día de la boda amaneció gris y lluvioso, como si el cielo mismo llorara por la farsa que estaba a punto de representarse. Para Paula, los preparativos fueron un torbellino de actividad orquestado por la implacable asistente de los Valdés. Un vestido de novia blanco, de seda impecable y corte clásico, la esperaba, pero ella no sentía la emoción habitual de una prometida; solo la pesadez de un uniforme que debía llevar. No hubo elección de flores, ni de música, ni de menú. Todo había sido decidido por los Valdés, un evento calculado para su beneficio, no para el de los novios.

Yulissa, su única aliada en este circo, la ayudó a vestirse, sus ojos llenos de una mezcla de tristeza y admiración por la fortaleza de su amiga. "Estás preciosa, Paula", susurró, intentando infundir algo de consuelo en el ambiente. "Aunque sea por esto, mírate. Te ves como una reina."

Paula se miró en el espejo. La imagen reflejada era de una mujer hermosa, sí, pero con una mirada ausente, atrapada en un sueño ajeno. "Gracias, Yuli", respondió, con un nudo en la garganta. "Solo espero que valga la pena."

La ceremonia se llevó a cabo en una iglesia majestuosa, tan grandiosa como impersonal. Las bancas estaban llenas de rostros desconocidos, la alta sociedad de la ciudad, curiosos por presenciar la unión del heredero Valdés. Paula avanzó por el largo pasillo, su brazo entrelazado con el de un primo lejano de Sergio, a quien apenas conocía. Cada paso era un esfuerzo, sintiéndose menos como una novia y más como una pieza en un ajedrez, movida por manos invisibles.

Al final del altar, Sergio la esperaba. Vestido con un esmoquin que le sentaba a la perfección, su expresión era la misma que había mostrado en su primer encuentro: distante, controlado, una máscara impenetrable. No había una chispa de felicidad, ni un atisbo de cariño en sus ojos cuando sus miradas se cruzaron. Solo la fría aceptación de un deber.

Los votos fueron recitados con una formalidad mecánica, las promesas de amor y fidelidad sonando vacías en aquel ambiente cargado de hipocresía. El "sí, acepto" de Paula fue un murmullo apenas audible, un eco del sacrificio que estaba haciendo. El de Sergio, firme y resonante, una declaración de compromiso con el acuerdo, más que con ella. El intercambio de anillos, fríos y pesados, selló un contrato, no un corazón.

Durante la recepción, celebrada en la impresionante mansión de los Valdés, Paula se sintió como una extraña en su propia boda. Los padres de Sergio, impecablemente vestidos y con una sonrisa forzada en el rostro, observaban la escena con una satisfacción apenas disimulada. Habían conseguido lo que querían: un matrimonio que aseguraba la continuidad de su linaje y su fortuna. Para ellos, Paula era la solución a un problema, un recipiente para su nieto, un peón en su intrincado juego de poder.

Mientras se movía entre los invitados, sintiéndose expuesta bajo las miradas curiosas, una figura en particular llamó su atención. Era una mujer alta, rubia y espectacularmente vestida, con unos ojos que la taladraban con una intensidad glacial. Era Lisa. Paula no la conocía de nada, pero la mirada de Lisa era inconfundible: pura hostilidad.

Lisa no se molestó en disimular. Sus ojos lanzaban dagas hacia Paula, una advertencia tácita, un mensaje de que había invadido un territorio prohibido. Su postura era desafiante, su sonrisa una mueca de desprecio. En un momento, cuando Sergio se acercó para atender a unos invitados, Lisa le dedicó a Paula una mirada gélida y posesiva, como si estuviera marcando su territorio con una declaración silenciosa: Él es mío.

Paula sintió un escalofrío. La presencia de Lisa era una confirmación de que su vida no sería sencilla, que este matrimonio no solo era una farsa, sino también un campo de batalla. La boda había terminado, los invitados brindaban por la "feliz pareja", pero para Paula, la verdadera batalla apenas comenzaba. Acababa de casarse con un desconocido, y el precio de su sacrificio ya empezaba a cobrarse.

Durante la recepción, celebrada en la impresionante mansión de los Valdés, Paula se sintió como una extraña en su propia boda. Los padres de Sergio, impecablemente vestidos y con una sonrisa forzada en el rostro, observaban la escena con una satisfacción apenas disimulada. Habían conseguido lo que querían: un matrimonio que aseguraba la continuidad de su linaje y su fortuna. Para ellos, Paula era la solución a un problema, un recipiente para su nieto, un peón en su intrincado juego de poder.

Mientras se movía entre los invitados, sintiéndose expuesta bajo las miradas curiosas, una figura en particular llamó su atención. Era una mujer alta, rubia y espectacularmente vestida, con unos ojos que la taladraban con una intensidad glacial. Era Lisa. Paula no la conocía de nada, pero la mirada de Lisa era inconfundible: pura hostilidad.

Lisa no se molestó en disimular. Sus ojos lanzaban dagas hacia Paula, una advertencia tácita, un mensaje de que había invadido un territorio prohibido. Su postura era desafiante, su sonrisa una mueca de desprecio.

En un momento, Sergio se acercó a Paula, una mueca de cordialidad casi convincente en su rostro. "Paula, mi amor", dijo, su voz en un susurro apenas audible, forzado para los oídos de quienes los rodeaban. "Los socios de mi padre quieren saludarte. Intenta parecer encantadora."

Paula forzó una sonrisa, sintiendo el agarre de su mano en su brazo, una posesión más que una caricia. Justo en ese instante, Lisa, que había estado observándolos desde la distancia, se abrió paso entre la multitud con una determinación feroz. Se detuvo a escasos metros de ellos, sus ojos fijos en Paula, una tensión palpable irradiando de su figura.

"Sergio, cariño, ¿no vas a presentarme a tu... esposa?" La voz de Lisa era dulce como la miel, pero con un matiz acerado que no pasó desapercibido para Paula.

Sergio se tensó imperceptiblemente. "Lisa, qué sorpresa verte aquí", respondió él, su tono un poco más frío de lo habitual. "Paula, ella es Lisa, una... antigua conocida." La forma en que Sergio usó "antigua conocida" dejó claro que la relación era más compleja de lo que quería admitir en ese momento.

Lisa ignoró por completo a Sergio, clavando sus ojos verdes en los de Paula. "Así que tú eres la nueva Valdés", dijo, arrastrando las palabras. Sus ojos escanearon a Paula de pies a cabeza, deteniéndose en el sencillo anillo de bodas. Una sonrisa condescendiente se dibujó en sus labios. "Debo decir que tienes agallas. Pocas se atreverían a casarse así."

Paula sintió una oleada de ira, pero se obligó a mantener la compostura. Recordó las palabras de Sergio: mantener las apariencias. "Encantada, Lisa", dijo, extendiendo una mano que, para su sorpresa, no tembló. "Y sí, supongo que 'agallas' es una buena palabra." Había una sutil réplica en su tono, una declaración de que no sería intimidada tan fácilmente.

Lisa apenas rozó su mano. Su mirada se endureció y, en un gesto deliberado, se acercó a Sergio, le puso una mano en el brazo y le susurró algo al oído, demasiado bajo para que Paula lo oyera. La expresión de Sergio se volvió aún más inescrutable. Después, Lisa se apartó, lanzó una última mirada gélida a Paula y se perdió entre la multitud, no sin antes asegurar con su lenguaje corporal que había dejado su mensaje claro: Él es mío. Esto no ha terminado.

Paula sintió un escalofrío. La presencia de Lisa era una confirmación de que su vida no sería sencilla, que este matrimonio no solo era una farsa, sino también un campo de batalla. La boda había terminado, los invitados brindaban por la "feliz pareja", pero para Paula, la verdadera batalla apenas comenzaba. Acababa de casarse con un desconocido, y el precio de su sacrificio ya empezaba a cobrarse.

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Jeannette Francisca
así va a ser ? repetir los capítulos ? eso aburre !!
Nancy Matthei
hasta ahora parece interesante la novela, pero sería genial que dejen de repetir capitulos
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