"El arrepentimiento llega cuando el silencio comienza."
Vera y Nadia Smirnov siempre fueron las sombras de los gemelos Vane, hasta que escucharon lo que ellos realmente pensaban: que eran solo unas "chiquillas malcriadas" y un "estorbo" en sus vidas.
Ahora, las gemelas han decidido darles lo que pidieron: ausencia total.
En medio de la boda de Aria y Ethan, Evans y Edans Vane descubren que el poder y la tecnología no sirven de nada contra el hielo de las mujeres que despreciaron. Mientras ellos se desesperan por recuperar su atención, se enfrentan a un obstáculo mayor: la furia de sus padres, Killian y Damián, quienes no perdonarán que hayan roto el corazón de sus niñas.
En esta guerra de egos y orgullo, los enemigos son ellos mismos. ¿Podrán los gemelos Vane convencer a las Smirnov de que ya no son un juego, o las perdieron para siempre?
cuarta parte
_mis hijos hackearon al CEO
_heredero del Pecado
_Dinastía del Leon y la luna
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Capitulo 22
La Catedral de San Patricio nunca se había visto tan imponente y, a la vez, tan peligrosa. El aroma a incienso se mezclaba con el perfume caro de los quinientos invitados, todos miembros de la élite criminal del mundo. En las sombras de los arcos góticos, hombres con auriculares y trajes a medida vigilaban cada movimiento. Esta no era solo una boda; era una declaración de soberanía.
Vera y Nadia esperaban tras las pesadas puertas de roble. Vera lucía un vestido de seda blanca con una cola de cuatro metros que parecía una nube, pero bajo la falda, en su liga de encaje, descansaba una Beretta dorada. Nadia, con un diseño de hombros caídos y velo bordado a mano, ocultaba una daga de cerámica en su ramo de orquídeas negras.
—¿Estás lista, hermana? —preguntó Nadia, sus ojos brillando con una mezcla de adrenalina y amor.
—Nacimos para esto, Nadia —respondió Vera, ajustándose el collar de diamantes que Evans le había regalado esa mañana—. Hoy dejamos de ser las hijas de Damián para ser las reinas de los Vane.
Las puertas se abrieron y la marcha nupcial comenzó a sonar. Al final del pasillo, Evans y Edans esperaban, luciendo trajes de etiqueta negros que resaltaban su porte aristocrático y letal. Al ver aparecer a las gemelas, la máscara de frialdad de los hermanos se rompió por un segundo. Evans miró a Vera con una devoción tan profunda que ella sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Caminaron hacia el altar escoltadas por Damián y Killian, quienes caminaban tensos, sabiendo que la paz pendía de un hilo. Cuando los gemelos tomaron las manos de sus novias, una descarga eléctrica recorrió la catedral. El vínculo estaba a punto de sellarse.
—Estás tan hermosa que duele —susurró Evans al oído de Vera mientras el sacerdote iniciaba el rito.
—Asegúrate de que ese dolor dure toda la vida, Vane —respondió ella con una sonrisa desafiante.
Justo cuando el sacerdote pronunciaba las palabras para el intercambio de votos, el sistema de seguridad de Edans vibró en su muñeca. No hubo tiempo para advertencias. Una explosión controlada reventó los vitrales superiores, bañando el pasillo central con fragmentos de cristal que brillaban como diamantes bajo la luz del sol.
Los invitados gritaron y se lanzaron al suelo mientras tiradores descendían desde las bóvedas con cuerdas de rappel. Eran los remanentes de la facción disidente de la Alianza, un último intento desesperado por decapitar a la nueva jerarquía.
—¡Abajo! —rugió Evans, derribando a Vera para cubrirla con su propio cuerpo mientras las balas empezaban a impactar en los bancos de madera.
Pero las gemelas no necesitaban ser rescatadas. En un movimiento coordinado que dejó a los atacantes en shock, Vera se deshizo de su velo de un tirón y sacó la Beretta de su muslo. Nadia hizo lo propio, arrojando su ramo para revelar la daga mientras sacaba una pequeña pistola oculta en el drapeado de su cintura.
—¡Edans, a las diez! —gritó Nadia, disparando con una precisión quirúrgica mientras se movía con la gracia de una bailarina de sombras.
Evans y Vera lucharon espalda contra espalda frente al altar. El vestido blanco de Vera, ahora manchado de polvo y pólvora, se movía rítmicamente mientras ella cubría el flanco izquierdo de Evans. Él, despojándose de su chaqueta para tener más movilidad, eliminó a dos tiradores con una frialdad que helaba la sangre.
—¿Quién interrumpe mi boda? —gruñó Evans, recargando su arma sin dejar de mirar a Vera—. ¡Nadie sobrevive a esto!
La batalla duró apenas cinco minutos. El equipo de seguridad personal de los cuatro, entrenado específicamente para este escenario, barrió el resto de la catedral. Cuando el último atacante cayó muerto a los pies de Killian Vane, el silencio volvió a la iglesia, solo roto por el sonido de los cristales crujiendo bajo las botas de los gemelos.
Vera se limpió una gota de sangre de la mejilla y se acomodó el flequillo, mirando al sacerdote que temblaba tras el altar.
—Continúe —ordenó ella, su voz resonando en las naves de la catedral con una autoridad absoluta—. No hemos terminado.
Evans tomó la mano de Vera, ignorando el caos a su alrededor. Sus dedos estaban manchados de pólvora, pero su mirada era de una ternura infinita.
—Vera Smirnov, ante este altar de sangre y rosas, te tomo como mi esposa. Mi sombra, mi luz y mi ley —dijo Evans, deslizando el anillo de diamantes negros en su dedo.
—Evans Vane, te tomo como mi esposo. Mi fuerza, mi paz y mi guerra —respondió ella, sellando el vínculo.
Edans y Nadia intercambiaron sus votos con la misma intensidad, besándose apasionadamente mientras los invitados, aún recuperándose del shock, empezaban a aplaudir por puro respeto al poder que acababan de presenciar.
Salieron de la catedral no como recién casados comunes, sino como los nuevos soberanos de la mafia neoyorquina. Sus trajes estaban arruinados, pero sus imperios estaban intactos. Al cruzar el umbral, los fotógrafos capturaron la imagen que daría la vuelta al mundo: cuatro jóvenes hermosos, letales y unidos, caminando sobre cristales rotos hacia un futuro que les pertenecía por derecho de sangre.
Espero que el orgullo de las gemelas no sea tan drástico
Ellos se equivocaron pero ellas están siendo demasiado duras 🤦🤦😅