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Somos La Pareja Secundaria Que Se Caso Sin Amor

Somos La Pareja Secundaria Que Se Caso Sin Amor

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Romance / Posesivo
Popularitas:113.1k
Nilai: 5
nombre de autor: AMZ

Irene Blanch era una señorita proveniente de una familia tranquila, ella igual era alguien de muy bajo perfil, fue por eso por lo que Ezra Markov la eligió como su esposa luego de ser rechazada por su primer amor, Lina Lewel. Irene lo sabía, y acepto de todas formas, porque tampoco estaba enamorada de Ezra, solo vió los beneficios de ese matrimonio y los del divorcio en el que pensaba antes incluso de estar casada.
Irene nunca previo el cambio de actitud de su esposo ni tampoco los de ella misma. Menos aún que el primer amor de Ezra mostrara tanto interés en sus vidas.

NovelToon tiene autorización de AMZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

—Ezra…

La voz detuvo el aire mismo en el vestíbulo.

La mirada de Lina descendió primero hacia las manos tomadas y luego subió lentamente hasta el rostro de Irene. Sus ojos verdes brillaron con una emoción difícil de descifrar.

—Su Alteza… —murmuró Ezra, soltando apenas un suspiro cargado de conmoción.

Irene comprendió de inmediato. Si Ezra la llamaba así, aquella mujer solo podía ser Lina Lewel… o, mejor dicho, Lina Leon, la princesa heredera.

Ezra pareció reaccionar un segundo después.

—Ella es Irene Blanch, mi prometida…

Irene hizo una reverencia impecable.

—Su Alteza.

Ezra añadió, con formalidad rígida.

—Señorita Irene, ella es la princesa Lina.

—Es un honor conocerla, Su Alteza Lina —dijo Irene con serenidad.

Lina no respondió de inmediato. Su mirada permaneció fija en Irene suficiente tiempo como para resultarle incómodo. El silencio se prolongó, y aunque su rostro no expresaba hostilidad, había algo en sus ojos que Irene no logró interpretar.

De pronto, la tensión se rompió.

Lina avanzó con entusiasmo repentino y tomó las manos de Irene entre las suyas.

—¡Así que tú eres la prometida de Ezra! —exclamó con una sonrisa amplia—. Qué felicidad conocerte. Justamente quería pedirle que me presentara. No tienes idea de cuánto deseaba conocerte.

La efusividad la tomó por sorpresa. Irene no reaccionó con la misma intensidad; su naturaleza era más contenida.

—También es agradable conocer a alguien tan famosa en todo el reino —respondió con suavidad.

—¿Qué te parece si vamos a tomar el té? —propuso Lina con ligereza—. Podemos dejar a este ocupado Duque con sus asuntos.

Irene sonrió con cortesía.

—Le agradezco la invitación, pero en este momento tengo un compromiso pendiente.

Instintivamente, buscó la mirada de Ezra, esperando algún gesto de apoyo. Sin embargo, él observaba a Lina como si el resto del mundo se hubiese desvanecido.

Una leve incomodidad se encendió en el interior de Irene.

— Al menos podrías ser menos obvio…— pensó.

Con delicadeza, retiró sus manos de las de la princesa.

—Tal vez el Duque sí desee acompañarla. El señor Rohan y yo podemos resolver lo que tenemos pendiente —añadió, inclinando ligeramente la cabeza. Miró de reojo a Rohan, que parecía sorprendido por la repentina propuesta, pero se apresuró a asentir.

Lina volvió su atención hacia Ezra, quedando frente a él.

—¿Es así? —preguntó con dulzura—. Entonces, ¿te parece si vamos a tomar el té, Ezra?

Su voz era suave, casi íntima.

Irene miró a Rohan y luego hacia la salida. Se sintió, por un instante, como una espectadora en una escena ya escrita, — el segundo protagonista incapaz de negarse a la heroína...

Estaba convencida de que Ezra aceptaría.

Esperar sería una pérdida de tiempo.

Apenas Irene y Rohan cruzaron el vestíbulo hacia el pasillo, escucharon pasos firmes detrás de ellos. Ezra los alcanzó y extendió nuevamente su mano hacia Irene.

—¿No teníamos algo que hacer nosotros? —dijo con un leve tono de reproche.

Irene lo miró con sorpresa.

Por un instante, dudó. Luego tomó su mano.

Alzó la vista por encima de su hombro.

En el umbral del vestíbulo permanecía la princesa Lina, observándolos. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad distinta a la de momentos antes. La sonrisa cordial había desaparecido. Su expresión ya no era cálida.

—Entonces vamos —dijo Ezra, haciendo que Irene apartara la mirada.

Comenzaron a avanzar por el corredor. Aun así, Irene no pudo evitar sentir la incomodidad que la presencia de Lina le había dejado.

Y, sobre todo, le resultaba sorprendente que Ezra hubiese rechazado la invitación de la princesa.

El carruaje avanzaba con un traqueteo constante sobre el empedrado. Frente a frente, Irene y Ezra ocupaban los asientos tapizados en terciopelo oscuro. Ella mantenía la mirada fija en el paisaje que se deslizaba tras la ventanilla, las calles, los jardines exuberantes, las fachadas que parecían distintas.

Ezra, en cambio, no apartaba los ojos de ella.

Su mirada se entrecerraba levemente, pensativa, mientras repasaba lo ocurrido en el vestíbulo. La serenidad con la que Irene había actuado lo desconcertaba. Cualquier otra mujer habría mostrado incomodidad, celos, al menos una sombra de disgusto ante la presencia de la princesa. Pero Irene no solo había mantenido la compostura, incluso había sugerido que él aceptara la invitación de Lina.

¿Intentaba quitárselo de encima?

Frunció apenas el ceño.

Cuando se quedó a solas con Lina y vio a Irene alejarse sin volver la vista atrás, algo dentro de él se tensó. No le había gustado esa sensación.

—Lo siento, Alteza —había dicho entonces, inclinando apenas la cabeza—, pero como verá, estoy acompañando a mi prometida. Hasta luego.

Y había apresurado el paso para alcanzarla.

Sin embargo, ahora, en el carruaje, Irene no parecía particularmente complacida por su decisión.

Ezra giró el rostro con un leve bufido.

—Hm.

Desvió la mirada hacia la ventanilla opuesta, como si estuviera ofendido por algo que ni siquiera ella sabía que existía.

— ¿Acaso la opinión de un asistente vale más que la de su prometido?—, pensó con una irritación silenciosa que no encontraba forma clara de manifestarse.

El carruaje se detuvo finalmente frente a la boutique.

Rohan había gestionado una reserva privada, de modo que el establecimiento se encontraba cerrado al público. La encargada los recibió con visible entusiasmo.

—¡Entonces esta es la hermosa novia que atenderemos hoy! —exclamó, juntando las manos con emoción.

Irene respondió con una inclinación amable.

—Es un placer.

—Por favor, los acompañantes pueden tomar asiento. Llevaré a la señorita a ver algunas opciones.

Ezra se acomodó en un amplio sillón cercano a un espejo dorado. Rohan permaneció de pie a un lado, ajustándose los lentes mientras observaba el lugar con curiosidad discreta.

Vestidos de encaje, satén y tul colgaban ordenadamente. Rohan los recorrió con la mirada. Todos le parecían adecuados para Irene. Todos, sin excepción.

Minutos después, Irene salió del probador con el primer vestido.

El silencio se hizo espeso.

Rohan se llevó la mano al puente de los lentes, acomodándolos como si necesitara confirmar que veía correctamente.

—Se ve… encantadora —murmuró, sin poder evitarlo.

Ezra no dijo nada.

Pero su expresión, habitualmente serena e imperturbable, se había transformado. Sus pupilas estaban dilatadas; parecía incapaz de articular palabra. La imagen de Irene vestida de novia tenía algo que lo tomó por sorpresa.

La encargada, asumiendo precipitadamente, se dirigió a Rohan.

—Entonces, señor, ¿qué le parece este para su prometida? ¿Hay alguna sugerencia que quiera hacer?

—¿Eh? —Rohan parpadeó, desconcertado—. Oh, no, no… yo no soy el prometido de la señorita.

La voz de Ezra, más fría de lo habitual, cortó el aire.

—Esa pregunta debería hacérmela a mí.

La mujer se volvió hacia él, conteniendo la respiración.

—U-usted… Oh, lo siento, fue un error. Pensé que el señor era el prometido, ya que fue el único en reaccionar.

Rohan notó cómo el gesto de Ezra se endurecía.

—Duque, fue solo una equivocación. Por favor, no se enoje —intervino con cautela.

La encargada abrió los ojos con asombro.

—¿Duque? —balbuceó—. ¡Oh! ¡Mis disculpas, duque! Mil disculpas.

Se inclinó repetidas veces.

Irene, aturdida por la tensión creciente, intervino con suavidad.

—Señora, ¿podríamos probar otro vestido? Creo que este no es el indicado.

—¡Sí, por supuesto!

Mientras Irene desaparecía nuevamente tras el biombo, Ezra la siguió con la mirada.

—Imposible de ignorar… —murmuró casi para sí.

Eso era lo que le provocaba verla vestida de novia, una certeza imposible de ocultar y aún más difícil de expresar.

La tarde continuó entre pruebas y deliberaciones. Finalmente, decidieron encargar un vestido hecho desde cero, combinando detalles de varios diseños que Irene había elegido con discreta seguridad.

Después se dirigieron a la sastrería habitual de Ezra.

El sastre, que confeccionaba su vestuario desde hacía años, no se sorprendió al verlo, pero sí a su acompañante.

—¡Oh! ¿Y quién es esta bella señorita? —preguntó con una leve inclinación.

Irene respondió con cortesía, pero Ezra se adelantó:

—Es mi prometida. ¿Vas a atenderme ahora?

El sastre dio un pequeño salto.

—¡Por supuesto, duque! Disculpe mi descortesía. ¿Qué está buscando?

—Un traje para mi boda.

—¡Su boda! —exclamó con entusiasmo—. Tenemos opciones a su altura.

Ezra se probó varios trajes. Oscuros, sobrios, impecables. Ninguno parecía convencerlo del todo.

Irene observaba en silencio. Internamente pensaba que, con cualquier elección, él se vería impecable.

En un momento, se acercó a una mesa donde reposaban distintas telas. Tomó una de tono marfil y caminó hacia él. La sostuvo cerca de su hombro, analizando el contraste con concentración.

—Si me permite sugerir, Duque —dijo con suavidad—, un traje de este color le quedaría perfecto.

Ezra la miró en silencio.

—¿Tienes algo en este tono? —preguntó al sastre.

El hombre revisó rápidamente.

—Mil disculpas, Duque. No tenemos ninguno confeccionado en ese color.

—Entonces haz uno. Envíalo a la mansión Markov cuando esté listo. Ya tienes mis medidas. Eso será suficiente por hoy.

Tras cambiarse, regresaron al carruaje y emprendieron camino hacia el palacio real. Al llegar, Ezra hizo bajar a Rohan.

—Llevaré yo a la señorita Irene a la mansión Blanch.

—No es necesario —intervino ella—. Tengo un carruaje esperándome.

Ezra ni siquiera dudó.

—Encárgate de enviarlo de regreso —ordenó a Rohan.

Rohan descendió mientras aún se acomodaba el abrigo. Observó cómo el carruaje se alejaba con ambos dentro.

Ajustó sus lentes una vez más y suspiró.

—Se siente como si me hubieran echado… —murmuró para sí, viendo desaparecer el vehículo entre las calles de piedra.

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Laura Aguado
ay, m encanta la.novela❤️❤️❤️❤️
Laura Aguado
Ezra😭😭
Mitsuki G
Se nota que Irene le costó dejarlo ir y su bebé se hizo presente hasta después de que se fuera su padre se nota que esa sorpresa era para cuando regrese aunque me dolió los sentimientos de Killian que está Irene no lo tomo enserio sus sentimientos siempre los ignoro sin saber que lastimó a su amigo que ahora sufre al saber que tuvieron algo y que viene el bebé del fruto de eso en verdad espero que aparezca a alguien más que si sepa valorar a Killian sin fingir que no ve así que en verdad espero que aparezca alguien que sane ese corazón lo merece
✨MDN✨
Que pasó con los príncipes por qué traen tan atravesado a Ezra, será que es pura envidia o habrá pasado otra cosa, por qué son los dos 🤔🤨
Ross Stein
tú lo sabes, yo lo sé, todas lo sabemos...Cosas malas vienen después de esto/Shhh/
Mitsuki G
Si que emoción es como pensé que se unirían por Irene ya que ambos les importa más su seguridad que su rivalidad y en verdad pensé que la dejaría sola con esas dos ratas que solo van aparecer cuando todo esté mejor para quedar como los héroes y espero que en verdad Killian no los deje después de acabar con todo se quede como eso el guardian y el hermano y haciendo su trabajo que se esforzó pero primero acabar esa guerra
✨MDN✨
Se me cayó un grande ☹️ pensé que Erick valía la pena pero aún es un niño inmaduro compitiendo con el menso de Ezra 😒😒
Kary Monte
que emoción llegó el retoño
que pena que ezra se fue sin saber
pero el volverá por Irene y el otro motivo será el bebé cuando se entere
Kary Monte
bien hecho ezra 💪💪
abre todo debemos cuidar a Irene
y Killian es la mejor opción
Mitsuki G
Cómo me imaginé otra vez no van a revisar a Irene ya que ella es necia de no querer revisarse y este Ezra con todo esto ya no pudo obligarla y ahora con la guerra a la vuelta se le olvidará y no sabrá antes de irse que viene su hijo espero que este Erza no se confíe o está Irene e investigue no dejen que la mustia gane fama con la muerte de varios inocentes
✨MDN✨
Creo que todos esperábamos que lo terminara, esperemos haber si si cumple y cambia, por que por lo pronto Erick anda muy todo que ver
✨MDN✨
😂😂😂 me encanta Erick jajaja una competencia de ver quién es el más tonto (por decirlo amablemente)
✨MDN✨
Ya me enamoro Erick 🥴🥴 es que esa personalidad, esa decisión esos 🥚🥚 que le están faltando a Ezea 😮‍💨😮‍💨
✨MDN✨
Pues siii bien dicen que mientras tú estás echándole un ojo a la mujer del otro, los otros le echan los ojos a tu mujer 😂
Y todavía se ofende 😂😂
Rurcel Lacourt
terco si es.
todavía a con ganas de buscar pelea.
date por derrotado principito.
porque perderás todo..por porfiao.
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Ojalá esos dos no puedan hacer nada y mueran de la peor manera 😡😡😡😡
Yobely Gomez Neira
Espero q Killian no se deje engatusar por la suripanta zorristica de Lina
Elizabeth Yepez
pienso que ese conde en un traidor y la va a utilizar esa Lina es más estúpida de lo que se cree, por culpa de obsesión que tiene por los dos hombres , ojalá nada le salga bien
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Reina para este no hay salvación hay que castigarlo y dejarlo sin nada en pocas palabras no es digno del trono 😡
karencitha
y que no se deje manipular por la zorra de lina
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