cuando toda una manada está en un guerra con razas su única esperanza es alguien quien menos esperan..
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De vuelta
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–¡Todo listo, gruñona!–
Max llegó a su habitación. Alex revisaba una vez más si no le faltaba nada; suspiró al mirar su cuarto, asintió sin mucho ánimo, se puso los anteojos y una gorra, y fue directo al auto.
Héctor subió sus pertenencias, no sabía cómo iniciar una conversación con ella –sentía su rechazo a flor de piel. César iría con Max y sus abuelos en otro vehículo, mientras Ester y Alex viajarían con Héctor.
–Tiene… Tatuajes.– Preguntó Héctor a Ester, quien suspiró.
–Sí, heredó tu carácter difícil.–
Héctor se rascó el cuello al subir al auto.
–¿Puedo llevar a Abi?– Preguntó seria, mirando por la ventana.
Héctor miró a Ester sin entender. –Su moto.– Aclaró esta última.
–Claro, enviaré a Fede por ella.– Dijo Héctor, mirándola por el retrovisor. Alex asintió una sola vez, manteniendo la vista fija en el paisaje.
...
Todo el viaje transcurrió en silencio, salvo cuando Ester preguntaba por algunas personas conocidas y Héctor respondía tranquilamente.
–Tienes dos hermanos adoptivos, Alex.– Dice Ester.
–Son un poco mayores, son amigables; seguro se llevarán bien.– Agregó Héctor.
–¿Cómo se llaman?–
–Lucas y Mateo, son gemelos. También está Sebastián, pero él va y viene: es alfa de otra manada.–
Sebastián había sido otro lobo afectado por la guerra. Héctor lo encontró moribundo en el bosque y no dudó en ayudarlo. En su tristeza por la pérdida de su manada, Sebastián desaparecía de vez en cuando entre los árboles, pero poco a poco se encariñó con los hermanos Lucas y Mateo.
Alex asintió; seguía enojada, pero igual trataría de hablarle por respeto a su abuelo y a su madre.
...
–¡No puedo creer que esas orejonas vuelvan… Seremos una burla y vergüenza para la manada!–
Carla echaba humo de rabia.
–Si sigues con esos comentarios, mejor te encierro. No pienso perder a mi hijo otra vez por tus estupideces.–
La voz de Mario era gruesa, fría y tajante. Carla lo miró, cerrando la boca con terror al ver su enojo.
–La vieja está loca… Espero que no arruine esto.–
El joven de cabello castaño suspiró de mala gana al verla.
–El abuelo no la dejará hacer nada. ¿Cómo crees que sea? Debe tener orejas de elfo… O seguro se ve como nosotros. ¿Qué piensas, Seba?– Preguntó el joven rubio, emocionado.
–Seguro tendrá orejas de elfo.– Dice tranquilamente.
–Escuché que son muy amables y bondadosos.– Agrega el rubio.
–Sí, y muy tímidos. ¿Crees que tenga nuestra edad?– Levantó la ceja. Seba negó.
–Diecisiete años; podría decirse que es como nuestra hermana menor.– Sonríe.
–Nuestra hermana menor…– Sonrió Lucas.
Sebastián asintió, rodando los ojos.
Estaban llegando al territorio. Alex miró los imponentes árboles y vio de lejos a unos chicos junto a dos personas más.
–Ahí están… Tranquila, mi padre no dejará que le hagan nada, yo tampoco.– Héctor notó el miedo de Ester al divisar a Carla y le tomó la mano.
Alex lo vio de reojo. El auto se detuvo frente a ellos; sus padres bajaron. Alex suspiró un instante ante la mirada de Ester, reunió fuerzas y bajó, yendo a ayudar a su abuela mientras Max ayudaba a su abuelo.
–Padre…– Saludaron los hermanos.
–Chicos, ella es Ester, mi pareja destinada.– Presentó Héctor. Ester sonrió saludándolos, y ellos no dudaron en abrazarla al instante.
Alex y Max se miraron con la ceja levantada.
–Ester…– Dijo Mario, palmándole el hombro. Ester sonrió nerviosa –siempre había querido a él, era amable, pero Carla siempre le decía cosas para que la rechazara. –Lamento todo lo sucedido… De corazón.–
Carla estaba a distancia, no saludó a nadie ni quería hacerlo.
–Ella es Alex…– Los hermanos la miraron. Sebastián, de brazos cruzados, la escudriñó de arriba abajo.
–Hola.–
Alex apenas habló, y los hermanos la abrazaron, haciendo que sintiera escalofríos y gran incomodidad al sentir cómo la olfateaban. Soltó un gruñido que los hizo soltarla.
–Lo siento, no estoy acostumbrada a eso.– Aclaró su garganta.
–Soy Lucas. Lindo tatuaje.–
–Yo soy Mateo. ¿Y tus orejas? ¿Puedo verlas?–
–Chicos.– Dijo Sebastián al verlos atosigarla. –Sebastián Frelif…– Le tendió la mano.
–Un gusto.– Completó el saludo. –Gracias, Lucas. Y sí, las tengo; solo que las oculto.– Mantuvo su cabello hacia atrás, mostrándoles.
–¡Genial!–
Alex presentó a Max, quien también fue acorralado con preguntas.
Alex miró a Carla, quien no dudó en verla con desagrado –pero ella respondió con una sonrisa burlona, haciendo que rechinara los dientes.
Se instalaron en la casa. Alex tuvo la habitación junto a los hermanos, Sebastián y Max. Arriba estaban sus padres con sus abuelos y César, mientras Mario y Carla se hospedaban en otra ala, lejos de ellos.
El almuerzo estaba listo y todos bajaron a comer juntos. Los chicos no dejaron de hacer preguntas; Sebastián observaba atentamente a Alex –le parecía muy hermosa y nada parecida a lo que se decía de los elfos.
–¡En serio tienes una moto!– Casi gritó Mateo. Alex asintió.
–¿Tienes poderes?– Pregunta Lucas. Alex asintió de nuevo.
Max se reía al verla tensa –era como un pájaro enjaulado. Sebastián hablaba con él mientras tanto; Héctor sonrió al ver que se llevaban bien.
–Héctor, sabes algo de la reunión?– Preguntó Sebastián.
–Será en dos días. El Rey Licántropo está preocupado por las manadas.–
–¿Tú también irás, Alex?– Preguntó Sebastián.
Alex los miró –no sabía nada al respecto, apenas estaba comiendo su plato de carne.
–¿Se trata de los clanes…? Lo que mencionaste antes.– Miró a Héctor, quien asintió. Ester la miró, sabiendo que se negaría. –¿Seguro que puedo ir? No creo que les agrade tener a una híbrida ahí.–
–Claro que debes ir; eres la alfa de la manada, después de todo.– Dice Mateo.
–Sí, no pueden decir nada.– Agregó Sebastián.
–Tienen razón, Alex.– Asintió Max.
–No es obligatorio; aún es algo nuevo, no la presionen.–
–Está bien, solo tendrán que informarme qué sucede.– Contestó.
Héctor miró a Ester, quien también se sorprendió, pero Ernesto sonrió con malicia –sabía que su enojo no le duraría mucho: amaba a su madre y por ella le estaba dando una oportunidad a su padre. Solo esperaba que no se arruinara todo más adelante.
–Te mantendré al tanto.– Dice Sebastián.
“Qué lindo está Sebastián… Grrr.”
–Ni que lo digas. Parece Hércules con cabello corto y moreno.–
Alex apretó los labios, mirándolo de reojo. Él sintió la mirada intensa y la volvió a ver, pero ella solo desvió la vista hacia otro lado.
^¿Ella nos estaba mirando, no?^
-^Sí. No es nada de lo que pensaba que sería… No tiene nada de tímida.^
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