En un reino donde el honor y los sueños se entrelazan, la princesa Aitana Bornik de 42 años ha vivido más desamores que alegrías. Tras rechazar a su primer amor para no detener su ambición, y enfrentar traiciones desgarradoras, ha decidido que el amor no es para ella.
Pero su vida da un giro inesperado cuando un misterioso Omega de 47 años aparece en su camino, dispuesto a desafiar sus muros.
¿Podrá la princesa abrir su corazón una vez más, o el destino la arrastrará hacia un matrimonio por conveniencia?
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Cap 24: carruaje
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Pasado un tiempo, Aitana y Mirko se despidieron para volver a la capital, pues la mujer tenía trabajo a primera hora de la mañana y no podía faltar. Al salir de la mansión, la pareja se subió al carruaje, uno frente del otro.
— Mirko, ¿Estás bien?— preguntó al ver al hombre perdido en sus pensamientos
— Estoy bien, solo pienso en como esos viejos nobles se olvidaron de mi familia y apoyaron las locuras de esos estafadores.
— No te preocupes por eso, a partir de hoy no te molestará con eso.
Mirko asintió, observando el crepúsculo teñir el camino de tonos dorados y lavanda, mientras el carruaje avanzaba en un Vaivén sosegado. La imagen era perfectamente atrayente y romántica para Aitana, ver a su Omega ser iluminado por el crepúsculo, la hizo liberar sus feromonas para atraer a su Omega
— Omega, hoy te ves mucho más atractivo.
Dijo la mujer para extender su mano hacia el Omega, al verla, Mirko tomó la mano de la mujer con familiaridad suave. Con ese gesto, Aitana lo invitó a sentarse en sus piernas. Era un gesto protector más que posesivo, un refugio que hablaba de promesas no dichas.
— Gracias, usted también está muy hermosa hoy— respondió sintiendo su cuerpo erizarse ante el tacto de la mujer
La general se detuvo a contemplarlo un segundo, como si quisiera memorizar la curva de su mejilla iluminada por la última luz del día. Atraída, Aitana, poco a poco acercó su rostro al de su prometido y le dió un beso en los labios. Mientras con una mano lo sostenía de la cintura y la otra la metía bajo la ropa del hombre acariciándole la pierna.
— Omega, quiero presentarte a mis padres. Quiero que te conozcan— comentó, mientras tocaba el muslo interno del hombre
— Está bien…….. alfa, m-me tiene nervioso con su tacto— liberando feromonas
— Relájate un poco, no te haré daño, lo prometo
Dijo para con sus dedos, lentos y atentos, recorrer la pierna ajena, deteniéndose en la intimidad del Omega, como quien lee un poema favorito. Mientras lo acariciaba en esa zona, la general, le repartía besos en el cuello y clavícula, como si fuera una confesión en voz baja: breves, respetuosos y cargados de una cálida devoción. No había urgencia por el momento, sólo la certeza de dos corazones que se reconocían como alfa y omega.
— ¡Alfa!— exclamó excitado por las atenciones de la mujer
— Mi Omega, te amo— confesó, para volver a besar al hombre en los labios
Los besos eran suaves y se desplegaban cuáles gradaciones, desde besos suaves, tímidos a besos urgentes, deseosos y cargados de pasión. En cada beso había una pregunta y una respuesta, un hilo de confianza que se enroscaba entre ambos.
— Alfa, la deseo…… pe-pero no aquí en el carruaje— sintiendo la mano de la mujer dentro de su ropa interior
Aitana retiró su mano de la intimidad del Omega y le acomodó la ropa, mientras sus respiraciones se tornaban acompasadas.
— Lo siento, alfa…. Yo……
— No pidas disculpas, amor. Entiendo, es incómodo aquí y tú mereces ser tratado de una manera especial— respondió rozando sus dedos en el brazo del hombre
— ¿No está enojada?— preguntó con temor
— No estoy enojada, mi Omega. Siempre respetaré tus decisiones, nunca te obligaré a nada que no quieras……. También sé que es incómodo hacer ese tipo de cosas en el carruaje, podrías lastimarte.
— Gracias por ser tan especial conmigo, alfa— Dijo para darle un beso y abrazarla, acomodando su cara en el cuello de esta
En ese abrazo el mundo exterior se volvió un telón y dentro del carruaje, el tiempo se ralentizó, habiendo una ternura honesta en la manera en que Aitana lo miraba, en la manera en que la alfa, lo cuidaba y lo hacía sentir seguro de sí mismo. Era un lenguaje hecho de paciencia y devoción.
Pasado un tiempo, Mirko se sentó al lado de Aitana, quien lo sostenía de la mano entrelazada.
— ¿Estás avergonzado?— preguntó al ver que el hombre le ocultaba la mirada
Mirko asintió y Aitana solo le brindó una sonrisa cálida, esa que guarda intimidad y futuro a la vez.
son excelentes noticias 😍😍😍😍😍
claro lo primero es tu salud y del pequeño o pequeña 🥳🥳 disfruta mucho esa etapa
Cuidate mucho, descansa, y disfruta esta hermosa etapa de la maternidad.