Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.
En silencio sin que nadie lo supiera.
El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.
Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.
Hasta que apareció Sofía Ferrer.
Hermosa y perfecta, su novia.
y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.
Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?
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Después del desastre
Capítulo 17
Después del desastre
La gala benéfica continuaba brillando en el piso inferior de la mansión Ferrer mientras el mundo de Sofía Ferrer terminaba de derrumbarse lentamente.
La música seguía sonando.
Las cámaras seguían esperando fotografías perfectas.
Los empresarios seguían riendo.
Y aun así, arriba, en aquel salón privado…
Nada volvería a ser igual.
Alexander Beaumont permanecía inmóvil frente a ella mientras el peso de la verdad destruía el aire entre ambos.
Sofía intentaba respirar normalmente.
Pero dolía.
Dolía muchísimo.
Porque jamás imaginó que el hombre que había amado durante años terminaría mirándola de esa manera.
Con culpa.
Con tristeza.
Pero ya no con amor suficiente.
—¿Desde cuándo la amas? —preguntó finalmente en voz baja.
Alexander cerró los ojos apenas.
Y eso bastó para hacerla entender que ni siquiera él sabía exactamente cuándo había ocurrido.
O quizás sí lo sabía y simplemente no quería admitirlo.
—No quería que esto pasara así —murmuró él otra vez.
Sofía soltó una pequeña risa rota mientras limpiaba las lágrimas de su rostro.
—Creo que esa frase dejó de servir hace un rato, Alex.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Pesado.
Final.
Alexander dio un paso hacia ella lentamente.
—Jamás quise lastimarte.
—Pero lo hiciste.
Aquellas palabras golpearon más fuerte de lo esperado.
Porque eran verdad.
Y Alexander ya no tenía forma de escapar de eso.
Sofía respiró profundo intentando sostener la poca dignidad que le quedaba.
—¿Ella estuvo contigo en Chicago?
La culpa atravesó inmediatamente el rostro de Alexander.
Y Sofía entendió todo antes de escuchar la respuesta.
—Dios…
Sintió el pecho romperse nuevamente.
Porque ya no se trataba solo de sentimientos.
Había pasado algo más.
Algo real.
Alexander pasó una mano por su cabello con desesperación.
—Sofía…
—¿La besaste?
La pregunta quedó suspendida entre ambos.
Y el silencio terminó confirmándolo todo.
Sofía sintió lágrimas nuevas cayendo por sus mejillas mientras desviaba la mirada.
Porque incluso preparada para sospechar… la verdad seguía siendo devastadora.
—No puedo creerlo.
Alexander intentó acercarse otra vez.
—Fue un error.
Pero Sofía levantó la vista inmediatamente.
—No. Un error es olvidar una fecha o llegar tarde a una cena. Tú te enamoraste de otra persona.
Aquello lo dejó completamente en silencio.
Porque ella tenía razón.
Todo esto había dejado de ser un accidente hacía mucho tiempo.
Y ambos lo sabían.
Abajo, alguien comenzó a anunciar el inicio oficial de la gala.
Las voces y los aplausos subieron levemente desde el salón principal.
La vida seguía avanzando.
Aunque ellos acabaran de destruir años juntos.
Sofía cerró los ojos unos segundos intentando recuperar algo de estabilidad emocional.
Cuando volvió a hablar, su voz salió más baja.
Más cansada.
—¿Ella te pidió que me dejaras?
Alexander levantó la vista inmediatamente.
—No.
Y esta vez respondió sin dudar.
Porque era verdad.
Valentina jamás había intentado separarlos.
Al contrario.
Había sido la única intentando detener aquello desde el principio.
—Ella quería alejarse de mí.
Sofía lo observó algunos segundos.
Y entonces entendió algo que terminó doliéndole todavía más.
Valentina también estaba sufriendo.
Todo ese tiempo.
—Claro… —murmuró apenas.
Porque ahora muchas cosas tenían sentido.
La distancia incómoda de Valentina.
La culpa en sus ojos.
La manera en que evitaba ciertas conversaciones.
Sofía dejó escapar una pequeña risa triste.
—Ni siquiera puedo odiarla.
Alexander bajó lentamente la mirada.
Porque él tampoco quería que Sofía odiara a Valentina.
Ella no merecía cargar sola con todo aquello.
Los dos eran culpables.
Los dos habían cruzado límites.
Pero el amor simplemente apareció demasiado tarde.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Sofía finalmente.
Alexander permaneció en silencio.
Y por primera vez en años… realmente no tenía una respuesta clara.
Toda su vida había estado planeada cuidadosamente.
Cada decisión.
Cada paso.
Cada relación.
Pero Valentina había destruido esa estructura sin siquiera intentarlo.
Y ahora ya no sabía cómo volver atrás.
—No lo sé —admitió finalmente.
La sinceridad dolió más que cualquier mentira.
Porque Sofía entendió inmediatamente que una parte de Alexander ya no pertenecía a esa relación.
Quizás nunca volvería a pertenecerle completamente.
Ella respiró profundo antes de asentir apenas.
Como si estuviera aceptando una realidad inevitable.
—Entonces creo que ya no tiene sentido seguir fingiendo frente a todos.
Alexander sintió el pecho tensarse.
—Sofía—
—No quiero ser la mujer que se queda rogando amor.
Aquellas palabras lo destruyeron un poco más.
Porque Sofía siempre había sido fuerte.
Elegante incluso en el dolor.
Y eso hacía que todo se sintiera todavía peor.
Ella se acercó lentamente hasta quedar frente a él por última vez.
Y aunque tenía lágrimas en los ojos… logró sostenerle la mirada.
—Solo dime una cosa más.
Alexander tragó saliva lentamente.
—¿Qué cosa?
Sofía sonrió con tristeza.
—¿La miras como me mirabas a mí al principio?
La pregunta le atravesó el pecho.
Porque sí.
Exactamente así.
O quizás peor.
Más intenso.
Más desesperado.
Más real de lo que esperaba sentir alguna vez.
Alexander no respondió.
No hacía falta.
Sofía entendió la verdad en sus ojos.
Y eso terminó de romperle el corazón.
Ella asintió lentamente antes de apartarse.
—Entonces ya te perdí.
El silencio cayó una última vez entre ambos.
Y por primera vez desde que comenzaron su relación…
Alexander Beaumont no tuvo forma de negar aquella realidad.