Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
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Capítulo 1
Ethan
El cuero cruje contra mi cuerpo cuando me dejo caer en el sofá de mi departamento. Un hombre, delgado y más pequeño, me sigue, cayendo en mis brazos. Besa mi cara y mi cuello con urgencia, mientras sus manos desabotonan mi camisa y la dejan caer al suelo.
Mi mirada se pierde en el exterior. La oscuridad y las luces nocturnas me devuelven la mirada. Lo dejo continuar, sintiendo su aliento cálido contra mi piel, provocando apenas una reacción en mí.
Es aburrido.
El pensamiento llega sin esfuerzo.
Mi departamento, mis empresas, mis contactos… incluso esto.
Nada logra quedarse.
El hombre recorre mi pecho, pronunciando mi nombre. Suspiro, más hastiado que molesto. Podría detenerlo, pero no lo hago. A veces perderse en algo es mejor que no sentir nada.
Lo tomo por la cara y lo observo. Es atractivo. Lo suficiente.
Pero no cambia nada.
Me inclino hacia atrás y vuelvo a mirar la ciudad.
Londres.
Y, sin querer, otro recuerdo intenta abrirse paso.
Nueva York.
No.
Lo aparto antes de que tome forma.
El teléfono suena. Como si lo hubiera invocado.
Estados Unidos.
Dudo un segundo al ver que es una videollamada, pero contesto.
—¿Qué?
—¿Cómo que “qué”? Esa no es manera de saludar a tu hermano menor. Mamá estaría horrorizada —dice Theo, antes de notar que estoy sin camisa y acompañado—. Y yo también lo estoy. ¿Interrumpo?
—No.
—Descarado.
Sonrío apenas. Se siente extraño.
—¿Qué quieres?
Theo ladea la cabeza, como si decidiera si colgar o no.
—¿Recuerdas a ese amigo tuyo… Lucas Vale?
Me tenso, apenas.
—Claro.
—Quizá deberías pensar en volver.
—¿Por qué lo haría?
—Se casa.
El tiempo no se detiene.
Pero algo en mí sí.
Se casa.
—¿Sí? —respondo, con una calma que no siento.
—Pensé que reaccionarías más —dice Theo—. Su compromiso fue grande. Bastante público.
Claro.
Todos lo saben.
Menos yo.
—Es en seis meses. Deberías venir —añade, con una sonrisa que no me gusta.
No respondo de inmediato.
—Lo pensaré.
Desvío la mirada hacia el hombre sobre mí, dejando claro que la conversación terminó.
—No creo que sea tu tipo —dice Theo antes de cortar.
Aprieto el celular y lo dejo a un lado.
Como si supiera cuál es mi tipo.
—Oye —digo.
—¿Sí?
—Tienes que irte.
—¿Bromeas?
—Vete.
No insisto. No hace falta.
Se va.
El silencio vuelve.
Me levanto, me sirvo un poco de ron y dejo que el líquido queme mi garganta.
No es suficiente.
Camino hasta la ventana.
Mi reflejo me devuelve una mirada que no termina de encajar.
Se casará.
El pensamiento se instala con una claridad incómoda.
Aprieto la mandíbula.
Cierro los ojos un segundo.
No debería importar.
Pero importa. Y mucho más de lo que me gustaría admitir.
Paso una mano por mi cabello. Tiembla apenas.
Doce años. Sin poder olvidar. Sin cierre.
Miro la ciudad una vez más.
Podría quedarme aquí. Seguir exactamente como hasta ahora.
Es fácil. Seguro.
Y, sin embargo—
Aprieto los dientes.
Tomo el teléfono.
Seis meses serán suficientes.
No necesito más.