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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 24. Guerra anunciada.

Capítulo 24

Guerra anunciada.

Los días pasaron con rapidez. La gala se celebraba en uno de los salones más exclusivos del Hotel Imperium Hols.

Lámparas de cristal colgaban del techo, creando hermosos destellos sobre los pisos que brillaban como espejos.

Las cámaras de los medios universitarios y políticos no paraban de capturar movimientos que por la mañana ya estarían publicados en primera plana. Y en las paredes, pancartas con frases como “La nueva generación del poder” y “Juventud y liderazgo en acción” recordaban que el evento no era solo una fiesta: era una exhibición.

Valentina bajó de un lujoso vehículo con un vestido esmeralda ceñido al cuerpo y un escote elegante, creado por uno de los diseñadores favoritos de su padre. A su lado, Eduardo Luján le ofreció su brazo, sonriendo con ese aire engreído que siempre lo acompañaba.

Los flashes no tardaron en capturar la imagen que Gustavo Soler deseaba proyectar: su hija reconectando con la alta sociedad, mostrando estabilidad emocional, belleza y una nueva pareja "adecuada".

Pero por dentro, Valentina sentía que se rompía en pedazos. Cada paso que daba dentro de ese salón le recordaba lo lejos que estaba de la libertad.

Los susurros la seguían, las sonrisas falsas la rodeaban, y Luján no perdía oportunidad de posar su mano en la parte baja de su espalda. Un leve estremecimiento de asco la recorría cada vez que él lo hacía.

Cerca del escenario principal, su padre la observaba, acompañado de socios influyentes y algunos miembros del cuerpo diplomático. Asintió con una leve sonrisa cuando la vio entrar tomada del brazo de Eduardo, como si todo estuviera saliendo según su plan. Pero Valentina no lo miró. No podía.

—Estás preciosa —susurró Luján, inclinándose hacia su oído—. Nadie pensará en ese profesor cuando te vean conmigo esta noche.

Ella giró apenas la cabeza como si le estuvieran haciendo un exorcismo y lo miró con un dejo de furia y desdén.

—No vuelvas a hablar de él, o te saco las malditas vísceras y te las coloco de corbata.

Minutos después, otra figura destacada ingresó al salón. El profesor Alexander Rivas apareció vestido de negro, con un porte impecable, al lado de una mujer alta, elegante y de mirada inexpresiva: Zaira Carranza, una abogada de renombre, especializada en derechos educativos y ex asesora legal del Ministerio de Cultura.

La entrada de Alexander no pasó desapercibida. Algunas cámaras se giraron inmediatamente. Otros asistentes lo miraron con asombro. ¿Cómo se atrevía a aparecer en ese evento después del escándalo con una alumna?

Pero él no buscaba aceptación. Solo tenía ojos para una persona. Y en cuanto la vio, su mirada se clavó en ella como si el tiempo se hubiera congelado.

Valentina también lo vio. Con una mezcla de ternura y determinación.

Zaira, a su lado, sonrió ligeramente, dando unas palmadas en el hombro de su acompañante.

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres hacer?

—No puedo permitir que sigan destruyendo su vida. Ya no es solo su carrera, es su libertad, su voluntad, su integridad emocional. Ese hombre la está presionando al extremo.

—Lo sé. Pero si denuncias con pruebas, como planeas hacerlo, la repercusión será devastadora. Tanto para ti, como para ella. Y esa chica... debe saber en qué se está metiendo exactamente.

—No te preocupes, me encargaré de que ella no sea arrastrada a mi desgracia. Yo tomaré la caída.

Zaira asintió lentamente.

—Cuando estés listo, tengo los documentos y las declaraciones firmadas de los estudiantes que apoyan tu versión. Pero no renuncies hoy. Espera el momento exacto. No conviertas esta noche en un espectáculo más para ellos.

Mientras hablaban, Alexander no despegaba la vista de Valentina. Y ella lo sabía. Lo sentía en la piel. En la forma en que se le erizaba el vello de su espalda cada vez que sus ojos coincidían con los de Alexander a lo lejos.

Valentina tomó una copa de champagne y se alejó del bullicio con disimulo. Caminó hasta uno de los balcones laterales para tomar aire. Eduardo la siguió sin pedir permiso.

—¿Pasa algo? —preguntó, cerrando la puerta del balcón tras de sí.

—Sí. Estoy harta de fingir —respondió ella.

—¿Fingir qué? —rió—. ¿Ser feliz?

Ella lo miró con cansancio.

—Fingir que esto es lo que quiero. Que tú eres lo correcto para mí. Cuando lo único que eres es un estorbo. Una maldita muralla en medio de esta prisión y mi verdadera felicidad.

Eduardo dio un paso más cerca y le sujetó la mano.

—Valentina, tu padre solo quiere protegerte. Él sabe lo que necesitas mejor que tú misma. Estás confundida. Aún estás frágil por todo lo que pasó con tu madre.

Ella dio un paso atrás, tensa. Sacudió su mano con fuerza, deshaciéndose de su agarre.

—No hables de mi madre como si pudieras. No se lo permito a nadie.

—Sabes que si no aceptas este compromiso, las cosas se van a poner más difíciles. ¿Quieres volver a Ginebra? ¿A esa clínica? Es lo que oí de tu padre, como consecuencia de tu incesante negativa. Deberías pensar mejor las cosas y alejarte de ese profesor. Es lo mejor para ti.

Valentina palideció. La amenaza no era nueva. Pero escucharla tan directamente la dejó sin aliento. Su padre había usado esa táctica durante años: usar su dolor más profundo, su miedo más antiguo, como moneda de cambio.

La clínica en Ginebra, con sus muros blancos, pastillas forzadas, gritos tras las paredes acolchadas... Fue su prisión durante dos años. Todo porque se negó a obedecer después de la muerte de su madre.

—No te atrevas a mencionarlo de nuevo —murmuró con los ojos ardiendo de rabia.

Pero Eduardo no se detuvo. Se inclinó hacia ella, tomándola por la cintura, forzando una sonrisa para las cámaras lejanas.

—Solo dame un beso. Uno. Demuestra que estás de mi lado, y todo esto terminará pronto. No me acercaré más a ti en toda la noche.

Valentina lo miró. Y sin pensarlo más, levantó la mano y lo abofeteó con fuerza. Un sonido seco estalló en el aire. Eduardo se llevó la mano al rostro, con la incredulidad dibujada en sus ojos.

El impacto fue inmediato. Una cámara cercana captó el momento exacto. Alguien lo transmitió en vivo. La bofetada atravesó las redes sociales en cuestión de minutos.

Eduardo se recompuso con dificultad, su expresión transformándose de seductora a furiosa.

—Te vas a arrepentir de esto —murmuró con los dientes apretados—. Lo juro.

En el interior del salón, Alexander observó todo desde lejos. La expresión de Valentina, su dignidad en alto, el temblor de su cuerpo tras el golpe. No pudo moverse. No porque no quisiera, sino porque entendía que ese acto, ese solo gesto, era la rebelión que ella necesitaba hacer por sí misma.

Zaira le tocó el brazo con suavidad.

—Ahora sabes que no está rota. Solo está resistiendo con todo lo que le queda.

Alexander asintió. Sabía que la guerra apenas comenzaba.

Esa noche terminó con un silencio incómodo. Los asistentes fingieron que no habían visto nada. Gustavo Soler no se acercó a su hija. Solo dio media vuelta y abandonó el lugar con sus escoltas. Eduardo no volvió a aparecer.

Y Alexander, desde una esquina, juró ante sí mismo que la protegería. Aunque tuviera que quemarse vivo para poder hacerlo.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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