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Somos La Pareja Secundaria Que Se Caso Sin Amor

Somos La Pareja Secundaria Que Se Caso Sin Amor

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Romance / Posesivo
Popularitas:140.5k
Nilai: 5
nombre de autor: AMZ

Irene Blanch era una señorita proveniente de una familia tranquila, ella igual era alguien de muy bajo perfil, fue por eso por lo que Ezra Markov la eligió como su esposa luego de ser rechazada por su primer amor, Lina Lewel. Irene lo sabía, y acepto de todas formas, porque tampoco estaba enamorada de Ezra, solo vió los beneficios de ese matrimonio y los del divorcio en el que pensaba antes incluso de estar casada.
Irene nunca previo el cambio de actitud de su esposo ni tampoco los de ella misma. Menos aún que el primer amor de Ezra mostrara tanto interés en sus vidas.

NovelToon tiene autorización de AMZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

Irene desvió la mirada hacia la puerta que conducía al baño.

—Creo que… voy a tomar un baño…

Su voz sonó baja.

Ezra, que aún estaba medio recostado sobre la cama, se incorporó con lentitud.

Luego comenzó a caminar hacia ella.

Irene no supo exactamente por qué, pero su cuerpo reaccionó antes que su mente.

Retrocedió.

Un paso.

Luego otro.

Sin apartar la mirada de él.

La cercanía de Ezra resultaba… abrumadora.

Cada paso que él daba, ella lo retrocedía.

Hasta que sintió la pared contra su espalda.

No había más espacio.

Ezra se detuvo frente a ella.

Demasiado cerca.

El aire entre ambos pareció volverse denso.

Irene contuvo la respiración.

Entonces él levantó la mano.

Sus dedos se posaron con suavidad en el mentón de Irene.

La obligó a alzar el rostro.

Sus miradas se encontraron.

Por un instante, ninguno dijo nada.

La tensión era evidente.

—Después de comer… —dijo Ezra finalmente, con voz baja—. ¿Quieres dar un paseo conmigo?

La pregunta tomó a Irene completamente por sorpresa.

Sus labios temblaron apenas.

Estaba demasiado tensa como para responder con naturalidad.

El silencio se prolongó unos segundos más de lo necesario.

—Está bien… —logró decir al fin.

Ezra sonrió.

Una sonrisa leve.

—Ve a tomar tu baño —añadió con suavidad—. Pediré a las doncellas que te traigan ropa.

Irene asintió.

Pero ninguno de los dos se movió de inmediato.

Se quedaron mirándose un instante más.

La tensión seguía allí.

Latente.

Finalmente, Ezra dio un paso hacia atrás.

Fue un gesto pequeño, pero suficiente.

En cuanto la distancia se abrió, Irene reaccionó.

Se apartó rápidamente y caminó casi con prisa hacia el baño.

Cerró la puerta tras de sí.

Ezra se quedó en la habitación unos segundos más.

Luego se dirigió hacia la salida.

Pero antes de abrir la puerta, se detuvo.

Apoyó la frente contra la madera.

Cerró los ojos.

—Maldito loco… —murmuró entre dientes.

Su respiración era irregular.

Pasó una mano por su rostro.

—Solo quería molestarla un poco… —pensó con frustración—. Pero perdí completamente la razón…

Apretó la mandíbula.

—Espero no haberla asustado…

Tras eso, finalmente salió de la habitación.

Dentro del baño, Irene ya había llenado la tina.

Pero no con agua tibia.

Con agua fría.

Sin pensarlo demasiado, se sumergió por completo.

El contacto fue inmediato.

Intenso.

El frío recorrió su piel, pero aun así no fue suficiente para calmar el calor que seguía atrapado en su cuerpo.

Irene apoyó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos.

Pero eso solo empeoró las cosas.

Las imágenes regresaron.

Una tras otra.

La cercanía de Ezra.

Su mirada.

El calor de su cuerpo.

El contacto de sus manos.

Sus mejillas se tiñeron de rojo al instante.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—Recupera la compostura, Irene… —se reprendió mentalmente.

Respiró hondo.

Intentó ordenar sus pensamientos.

—Tal vez estoy tan sorprendida porque no creí que el Duque fuera ese tipo de hombre…

Esa idea la hizo fruncir ligeramente el ceño.

Siempre había pensado que Ezra, al estar enamorado de alguien más, no tendría intención de acercarse a ella de esa forma.

A sus ojos, él parecía el tipo de hombre que reservaba todo de sí para la persona que amaba.

Pero…

Irene abrió lentamente los ojos.

—Después de todo, es un noble…

Su mirada se volvió más seria.

—Y lo que más buscan los nobles… es continuar su línea de sangre.

Esa conclusión le resultó amarga.

Era una explicación lógica.

Fría.

Suspiró.

—Está bien… puedo lidiar con esto…

Su voz apenas fue un murmullo.

—Era una posibilidad…

Pero entonces otra idea apareció.

Más concreta.

Más real.

Irene se incorporó ligeramente dentro de la tina.

—Aunque… tener un hijo…

Su expresión se tensó.

—No estoy segura de ello.

El agua resbaló por su piel mientras se enderezaba por completo.

Su mirada se volvió firme.

—Debo divorciarme antes de que eso ocurra.

...----------------...

El almuerzo transcurrió en una calma casi impecable.

Ambos parecían haber recuperado la compostura.

Sin embargo, algo había cambiado.

Irene lo notó desde el primer momento.

La atención de Ezra sobre ella era distinta. No solo en la forma en que la miraba, sino también en sus palabras, en sus gestos.

—¿Es de tu agrado? —preguntó en un momento, señalando el plato que ella apenas había comenzado.

—Sí… está muy bien —respondió Irene con una leve inclinación de cabeza.

—Si deseas algo en particular, solo pídelo —añadió él con naturalidad—. No tienes que contenerte.

Irene asintió.

Las doncellas, apostadas discretamente a los lados del comedor, no pudieron evitar intercambiar miradas entre sí.

Algunas sonrisas se escaparon.

Era evidente.

El duque estaba siendo… atento.

Irene soltó un leve suspiro.

No entendía del todo ese cambio repentino.

No era desagradable.

Ni inapropiado.

Después de todo, eran esposos.

Pero aun así…

Había una ligera incomodidad en su pecho.

Una sensación nueva.

Desconocida.

Irene bajó la mirada hacia su plato.

Tal vez era simplemente eso.

Desconocimiento.

Podía haber leído innumerables historias, escenas, interacciones en las novelas que tanto le gustaban… pero experimentarlo era completamente distinto.

Nada de eso la había preparado realmente.

Tras el almuerzo, Ezra se levantó.

—Vamos.

Irene lo siguió en silencio.

Salieron al patio.

El aire era fresco, agradable.

Pero, para su sorpresa, no tomaron el camino hacia los jardines.

En cambio, se dirigieron hacia los establos.

Irene frunció ligeramente el ceño.

—¿A dónde iremos?

—Vamos a montar —respondió Ezra sin detenerse—. El ducado es amplio. Hay algo que quiero mostrarte, pero está lejos.

Irene abrió la boca, dispuesta a decir que no sabía montar.

Pero entonces algo llamó su atención.

A un lado del camino se encontraba el campo de entrenamiento del cuartel.

Y allí…

—¿Eh…?

Irene entrecerró los ojos.

—¿Ese no es el señor Rohan?

En efecto.

Rohan estaba en medio del campo, empuñando una espada.

Intentaba seguir una rutina de entrenamiento… con evidente dificultad.

Pero lo más llamativo no era eso.

Vestía un traje formal. Aunque en ese momento estaba completamente desaliñado y completamente inadecuado para esa actividad.

Irene no pudo evitar señalarlo.

—¿Por qué el señor Rohan está haciendo eso… vestido de ese modo?

Observó con atención.

—Además… parece una persona que no ha levantado más que una pluma en toda su vida…

Era evidente.

Cada movimiento de Rohan era torpe.

Forzado.

Casi sufriente.

Ezra dirigió la mirada hacia él.

No parecía sorprendido. Más bien…Había una leve satisfacción en su expresión.

—Bueno… —dijo con ligereza—. Él quiso aprender.

Sin añadir nada más, continuó caminando.

Irene lo siguió, aunque no pudo evitar encontrar aquello… extraño.

Lo que ella no sabía era que, poco antes, Ezra había llamado a Rohan a su estudio.

Allí no solo lo había reprendido por su inoportuna interrupción.

—¿En qué estabas pensando? —había dicho con frialdad.

Rohan, nervioso, había intentado justificarse.

—Mi señor… yo… no creí que usted estuviera en la misma habitación que la duquesa. Usted había ordenado preparar dos habitaciones…

Ezra no había respondido de inmediato.

Porque era cierto.

Esa orden había existido.

Pero las circunstancias habían cambiado.

Y, aun así, aquello no justificaba la interrupción.

Ni mucho menos calmaba su enojo.

Así que decidió disciplinarlo.

A su manera.

Y ahora Rohan pagaba el precio, entrenando como un caballero sin tener la menor preparación para ello.

Por supuesto, Ezra no mencionó nada de esto a Irene.

Al llegar a los establos, Irene recordó lo que había estado a punto de decir.

—Hay un pequeño problema…

Ezra se volvió hacia ella.

—¿Cuál?

—Yo… no sé montar.

Ezra sonrió.

Una sonrisa casi astuta.

—Eso no es un problema.

Sin darle tiempo a reaccionar, sacó a su caballo, que ya estaba ensillado.

Luego, con total naturalidad, tomó a Irene por la cintura.

La levantó.

Como si no pesara nada.

—¡Ah—!

Antes de que pudiera notarlo, ya estaba sentada sobre el caballo.

Y, en el siguiente instante, Ezra montó detrás de ella.

Irene se estremeció levemente.

Lo tenía demasiado cerca.

Sintió su presencia a su espalda.

El calor de su cuerpo.

Se obligó a mantenerse tranquila.

Ezra tomó las riendas con una mano.

Con la otra, rodeó su cintura para sostenerla con firmeza.

Luego azotó suavemente las riendas.

El caballo comenzó a avanzar.

Para sorpresa de Irene, no resultó incómodo.

Al contrario.

Era… agradable.

El ritmo del caballo, el aire fresco, la seguridad del agarre de Ezra…

Todo contribuía a una sensación inesperadamente tranquila.

Después de un tiempo, llegaron a su destino.

Un extenso frutal.

Los ojos de Irene se iluminaron de inmediato.

—También tenemos un frutal aquí… —dijo Ezra—. Sé que te gusta.

Irene asintió, observando a su alrededor con asombro.

—Es impresionante… hay mucha variedad.

Ezra asintió, con cierto orgullo.

—Con estas frutas abastecemos al ducado y al mercado local. Se elaboran muchos productos con ellas, incluso…

Su voz descendió hasta volverse un susurro junto al oído de Irene.

—…ese licor que bebiste anoche.

Irene se tensó de inmediato.

Su rostro se sonrojó, el recuerdo de lo que había provocado beber aquello regreso a ella.

Ezra observó su reacción con evidente diversión.

Entonces, al notar una rama cercana cargada de melocotones, tomó uno.

La fruta lucía perfecta.

Sin pensarlo demasiado, Irene la mordió.

—Está delicioso…

—¿Sí? —preguntó Ezra.

Irene asintió y, de forma natural, le ofreció la fruta.

Pero no esperaba lo que él haría.

Ezra tomó su mano.

Y, en lugar de simplemente aceptar la fruta, se inclinó.

Mordió directamente de ella.

Sus labios rozaron los dedos de Irene.

Irene se quedó inmóvil.

Su rostro, que apenas había recuperado su color normal, volvió a teñirse de rojo.

Sus miradas se encontraron, en los ojos de Ezra había algo intenso.

La fruta dejó de importar.

Ezra se inclinó hacia ella y la besó.

El sabor dulce de la fruta se mezcló entre sus labios.

La mano de Irene se aflojó y el melocotón cayó al suelo.

Instintivamente, ella se aferró a Ezra.

El beso se prolongó.

Irene comenzó a quedarse sin aire.

Finalmente, Ezra se separó al notarlo.

Ambos respiraban con dificultad.

Pero él no se alejó.

Apoyó la frente, luego el rostro, contra el hombro de Irene.

El contacto la hizo estremecer.

Y no terminó ahí.

Ezra comenzó a besar suavemente su cuello.

—Irene…

Su voz fue apenas un murmullo.

—Ezra… —balbuceó ella, sin aliento.

La mano que la sostenía en la cintura comenzó a subir lentamente.

Hasta posarse sobre su pecho.

Un jadeo escapó de Irene.

Se tensó.

La situación se le escapaba de las manos.

—Si alguien nos ve… —dijo con dificultad.

Ezra no se detuvo.

—Le arrancaré los ojos —respondió.

No había rastro de broma en su voz.

Irene se estremeció.

Pero antes de que la situación avanzara más—

Las campanas de la torre de vigilancia resonaron en la distancia.

Ezra se detuvo.

Su expresión cambió de inmediato.

Levantó la mirada hacia el horizonte, serio.

Irene también miró.

—Parece que…

Hubo una breve pausa.

—Tenemos que regresar.

1
rosalinda clavijo
Dios que llegue pronto y que no vaya a pensar que el bebé es de Killian
Rurcel Lacourt
Ezra cuando llegue y encuentre a la mujer embarazada o con el hijo en brazo.
va querer moler a Lina y Elliot en picadillo 🤭
Miriam Colín
Por favor que ya terminé está absurda guerra y Ezra regresé para ver el embarazo y nacimiento de su hijo.
Miriam Colín
La princesa Lina ya se deschabeto y está bien cucu 🤪, creé que tendrá a todos a sus pies.
LadyMayhem_
usted no falló en ninguna de las dos partes, por naturaleza el humano diferencia el bien y el mal y las decisiones que el tomo fueron convenientes para el, por avaricia, por celos, por síndrome de inferioridad que el mismo se creo, por muy buenos valores inculcados lo dañado siempre estará dañado
Elizabeth Yepez
gracias autora por esos capitulos
Elizabeth Yepez
es muy digno de killian,el ama a Irene y para él lo mas importante es que ella sea feliz aunque sea con otro,es todo un caballero
Elizabeth Yepez
mientras no permanezca todo oculto,me imagino al terminar la guerra tienen que juzgarlo
Cliente anónimo
En serio quiero que Killian termine con alguien que lo merezca, alguien que lo ame con todo el corazón, porque prefirió amar a Irene al final dejándola ir, para que sea feliz, para mí eso es verdadero amor😍
noem
tan linda la autora, cortando el capítulo en un momento tan emotivo
pero igual gracias por los caps autora 🧡🧡
Nena
Ojalá Ezra llegue a tiempo para ver nacer a su hijo. Todo por la locura de una estúpida egoísta y obsesionada🤨
Kary Monte
siiiiii
ezra vuelve
😌😌😌😌😌
Laura Aguado
❤️❤️❤️❤️
Laura Aguado
bien, Elliot y Lina caerán. Killian se merece un final feliz tb
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Siii que regrese con su esposa para que al menos vea nacer a su hijo, espero que los locos tengan un castigo ejemplar.
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Dios sigue en la ignorancia del embarazo 😔
Mitsuki G
Si como dije este Killian es alguien muy digno a pesar de sus sentimientos por Irene le importa más su felicidad aunque no sea con el ese si es un gran hombre espero que después de esto se vaya viajando encontre su pareja o su paz y cuando regrese sea eso el hermano de Irene de corazón como los demás de la familia y este Ezra se nota al saber la causa de esa guerra ya fue con todo para poder regresar con su esposa espero que llegue antes del nacimiento del bebé o cuando esté dando a luz vea esa sorpresa que le tiene y se una sean aliados con Erick el merece gobernar por esforzarse y no conformarse o buscar el camino fácil
GLEIRYS FUENTES: Bueno, Killian se ganará el reconocimiento de Ezra, en que la protegiera y ayudara a encontrar el enigma del porque se inició la guerra y como el enemigo sabría sus contra atacadas, y Erick puede quedar como futuro príncipe heredero, y como dices, espero que Ezra llegue antes del nacimiento de su bebe y se lleve una gran sorpresa😋
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Hay nooo me niego a que llegue cuando su hijo ya haya nacido es injusto 😭😭😭 espero un milagro
Mitsuki G
Así que Irene no pudo ir directamente acusar a Lina sin evidencia ya que a pesar de todo tenía su título de princesa heredera pero por lo menos la reina después de lo que pasó con su hijo se dió la oportunidad viendo que si esa tonta ambiciosa planeo eso sin saber que ese sueño de ser la salvadora no sería solo fue usada por lo menos la detuvieron de seguir libre con su veneno aunque no fue la culpa de la reina ella los crío bien ya que un ejemplo es Erick que a pesar de perder con Ezra busca superarlo mejorando el mismo entrenando no lleva esos sentimientos tan malvados si no los cambia buscar superarse así que no es toda su culpa este Eliott dejo que esos sentimientos fueran grandes sin ganas de esforzarse si no yendo por el camino fácil así que no es su culpa ya que el otro prefirió el camino fácil
GLEIRYS FUENTES: En eso tienes razón, 2 alimañas encerradas y un viejo zorro astuto en las mazmorras más profundas del palacio, 😋
total 1 replies
bernarda anyili soza calero
excelente
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