Amanda Quiroz una mujer de belleza no evidente, su cabello de rizos rubios, y su sonrisa cautivadora es capaz de suavizar el día de cualquiera. Su vida se verá envuelta en un caos con la traición de su novio, y una noche pasión con un desconocido. Y con la llegada de Sebastián a la empresa, su vida se convertirá en un verdadero caos, de la noche a la mañana.
NovelToon tiene autorización de Yingiola Macosay para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Juntos
La decisión no llegó de forma gradual ni razonada. No fue el resultado de una noche de reflexión tranquila ni de un plan cuidadosamente elaborado. Llegó como llegan las verdades que uno ha evitado demasiado tiempo: de un solo golpe, brutal, imposible de ignorar.
Sebastián salió del edificio de la empresa con el cuerpo tenso y la mente en llamas. La conversación con su padre seguía repitiéndose en su cabeza como un eco persistente. Cada palabra, cada advertencia, cada límite impuesto había removido algo profundo, algo que llevaba años acumulándose en silencio.
Durante mucho tiempo, Sebastián había creído que su vida estaba construida sobre decisiones propias. Que su éxito, su disciplina, incluso sus renuncias, eran fruto de su voluntad. Pero esa mañana, caminando por la acera con el ruido de la ciudad envolviéndolo, comprendió algo doloroso: había vivido demasiado tiempo obedeciendo expectativas ajenas.
Y Amanda era la prueba más clara de ello.
Se subió al auto sin un rumbo claro. No encendió la radio. No respondió llamadas. Condujo mientras los recuerdos se superponían unos a otros: Amanda riendo descalza en la cocina de aquel viejo departamento, Amanda esperándolo hasta tarde sin reclamar, Amanda marchándose con una dignidad que a él le había costado años comprender.
—No otra vez —murmuró, apretando el volante—. No voy a perderla otra vez.
La idea surgió de repente, clara, contundente, sin margen para la duda.
No era una promesa vaga. No era un “veremos”. No era una espera indefinida.
Era una decisión.
Vivir juntos.
No como una huida impulsiva, sino como una declaración de intenciones. Como la forma más honesta que conocía de decirle que esta vez no pensaba esconderla, ni postergarla, ni permitir que nadie decidiera por él.
Sin pensarlo más, giró el volante.
El trayecto hasta el departamento de Amanda se le hizo irreal. Cada semáforo parecía durar demasiado. Cada calle lo acercaba a una conversación que podía cambiarlo todo. No sabía cómo reaccionaría ella. No sabía si estaría lista. Pero sabía, con una certeza que nunca había sentido antes, que no podía seguir viviendo a medias.
Estacionó frente al edificio y permaneció unos segundos con las manos apoyadas en el volante. Cerró los ojos. Respiró hondo.
—Ahora o nunca —se dijo.
Subió las escaleras con el corazón golpeándole el pecho. Cuando llegó frente a la puerta, levantó la mano para tocar… y dudó. No por miedo, sino por respeto. Lo que estaba a punto de pedir no era pequeño.
Finalmente, tocó.
Pasaron unos segundos. Luego otros.
La puerta se abrió.
Amanda apareció con el cabello recogido de manera informal y una expresión de sorpresa inmediata al verlo.
—Sebastián… —dijo—. ¿Está todo bien?
Él la miró. De verdad la miró. Y en ese instante supo que todo lo que había vivido sin ella había sido incompleto.
—¿Podemos hablar? —preguntó—. De verdad.
Amanda dudó apenas un segundo antes de asentir.
—Pasa.
Entró al departamento, ese espacio que ya conocía, pero que ahora sentía distinto. Más íntimo. Más real. Amanda cerró la puerta y se apoyó en ella, observándolo con atención.
—Pareces… alterado —comentó—. ¿Ocurrió algo?
Sebastián se pasó la mano por el cabello, buscando palabras que no sonaban suficientes.
—Hablé con mi padre —dijo finalmente.
Amanda tensó ligeramente los hombros.
—¿Y?
—Y entendí muchas cosas —respondió—. Cosas que he evitado durante años.
Amanda cruzó los brazos, preparándose para lo que viniera.
—Sebastián, si viniste a decirme que necesitas más tiempo—
—No —la interrumpió con suavidad—. Vine a decirte todo lo contrario.
Amanda lo miró, confundida.
Sebastián dio un paso hacia ella.
—Me pasé la vida eligiendo lo que se suponía que debía hacer —continuó—. Elegí el control, la estabilidad, la aprobación. Y cada vez que lo hice… perdí.
Amanda tragó saliva.
—No quiero volver a perderte —dijo él, con voz firme—. No quiero seguir viéndote a ratos, ni pensando en ti en silencio, ni separando mi vida en compartimentos.
El silencio se volvió espeso.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Amanda en voz baja.
Sebastián respiró hondo.
—Estoy diciendo que quiero que vivamos juntos.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Amanda abrió ligeramente los ojos, sorprendida, como si no estuviera segura de haber escuchado bien.
—¿Vivir… juntos? —repitió.
—Sí —respondió él sin titubear—. No como una prueba, no como un impulso momentáneo. Como una decisión real. Quiero construir algo contigo. Todos los días. Sin esconderte, sin negociar tu lugar en mi vida.
Amanda se apartó de la puerta y caminó lentamente hacia la ventana. Miró la calle durante unos segundos, buscando claridad en el movimiento ajeno.
—Es una decisión muy grande —dijo finalmente—. Y llega muy de golpe.
Sebastián asintió.
—Lo sé —respondió—. Pero no es repentina. Es tardía.
Amanda se volvió hacia él.
—¿Sabes lo que me estás pidiendo? —preguntó—. Me estás pidiendo que confíe otra vez. Que apueste todo. Y yo ya pagué un precio muy alto antes.
Sebastián se acercó despacio, sin invadir su espacio.
—No te pido que olvides —dijo—. Te pido que me permitas demostrarte que esta vez no voy a huir.
Amanda lo miró fijamente, buscando fisuras, dudas, mentiras.
—¿Y tu padre? —preguntó—. ¿La empresa? ¿Todo lo que siempre fue primero?
Sebastián sostuvo su mirada.
—Esta vez, tú eres primero.
Las palabras hicieron que Amanda respirara hondo. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no cayeron de inmediato.
—Siempre quise escucharte decir eso —susurró—. Pero también es lo que más miedo me da.
Sebastián tomó sus manos con cuidado.
—No puedo prometerte que será fácil —dijo—. Pero sí puedo prometerte que no volveré a elegir el silencio.
Amanda cerró los ojos por un momento. Cuando los abrió, había una decisión formándose en su mirada, aunque aún temblaba.
—Si hacemos esto —dijo—, no será como antes. No voy a adaptarme a tu vida. Tendremos que construir una juntos.
Sebastián sonrió, una sonrisa sincera, liberadora.
—Eso es exactamente lo que quiero.
Amanda soltó una risa nerviosa, mezclada con emoción.
—Eres consciente de que esto va a provocar un terremoto —dijo.
—Que tiemble todo —respondió él—. Yo ya no quiero seguir de pie sobre algo que no me pertenece.
Amanda lo miró unos segundos más… y luego asintió.
—De acuerdo —dijo, con voz firme—. Vivamos juntos.
Sebastián sintió que el aire regresaba a sus pulmones.
La abrazó, no con desesperación, sino con una calma nueva, como quien por fin ha llegado a casa.
Ese día no resolvieron todos los problemas. No hablaron de fechas exactas ni de cajas ni de mudanzas. Pero sellaron algo más importante: una decisión compartida.
Y mientras permanecían abrazados en medio del departamento, ambos supieron que la vida que venía no sería sencilla.
Pero sería real.
Y esta vez, ninguno de los dos estaba dispuesto a huir.
Y el viejo desgraciado disfrutando fuera del país peto pendiente de todo reprochando que su hijo insiste con la empresa.
Y todavía piensas en Amanda están enamorados aunque se niegue.
Así que no te arrepientas sigue siendo profesional lo que paso en esa habitación Amanda se queda allí.
Amanda te fuiste a desahogar a un bar y te encuentras a un chico guapo sera Sebastian el hijo brillante de tu jefe pero con un carácter insufrible veremos que pasara esa noche.
Autora te deseo éxito y mucha suerte con esta nueva novela.
Gracias.