Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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23. Es mentira…
—Si no tienes nada más que decir, puedes irte —pido comenzar a hojear una carpeta.
Él sale dando un portazo; sonrió cuando sale, dejando la carpeta a un lado.
—Pensé que nunca se iba a ir —suelta Alessandro aún conectado a la llamada.
—Ni que lo digas —respondo resoplando.
—Siempre es así de molesto —cuestiona la actitud de Leonardo.
—Pues desde que lo conozco siempre ha sido así, a menos que tengas falda y seas modelo —digo refiriéndome a que es más amable con las chicas, excepto conmigo.
—Supongo que no llamaste para saber su actitud, ¿o sí? —preguntó.
—A decir verdad, llamé porque te extraño y quería escuchar tu voz —Mi corazón da un vuelco de felicidad al oír sus palabras.
Es tan tierno de su parte llamar solo porque quiere escuchar mi voz; Leonardo jamás me ha dicho cosas así de lindas.
—También te extraño —digo haciendo un puchero.
—Viajó a Honduras la otra semana —dice emocionado.
—Genial, me avisas a qué hora llegas para ir a recogerte —digo emocionada, aunque tendré que tener mucho cuidado, no vaya a ser que nos descubran y la vuelta se caiga.
—Es el domingo de la próxima semana; estaré llegando en la noche, como eso de las siete pm —me responde.
—Entonces nos vemos ese día, te escribo o llego a casa; ahora debo terminar de revisar una pila de documentos —digo agotada de solo ver la parva de documentos.
—No te sobreesfuerces, ya pronto nos veremos —dice antes de cortar la llamada.
Guardó el teléfono y comenzó a revisar los documentos; estos tratan sobre las ventas que se han hecho durante estas semanas que no he estado aquí.
Aunque si la empresa va bien, ¿por qué Leonardo hace lo que está haciendo de bajar la calidad de las telas? No lo entiendo.
A menos que sea Juliana quien lo ha influenciado a bajar la calidad, o quieren echar de ese dinero destinado a la colección a la bolsa, eso sería muy bajo.
Las horas iban pasando poco a poco; al salir de la oficina, me encontré con un alboroto entre el aquelarre y Madison. Doy un paso atrás para esconderme y escuchar de qué discuten.
—Lo bonita no le ayuda a tener al doctor papacito de Mateo —afirma Rosmary, la recepcionista.
Madison solo se queda escuchando lo que ellas han dicho; no es que no quiera responderles.
—Tan verdad es que hasta callada se quedó —dice Laura riendo.
—Ahora que Juliana es la asistente de don Leonardo, nosotras tenemos el poder —sigue hablando Laura.
—¿Qué poder van a tener ustedes, bola de viejas amargadas? —le responde Madison.
—Podremos ser amargadas, pero ni usted ni nadie nos puede mandar ahora —afirma Laura; las demás solo ríen.
—Así nadie las manda entonces, ni Ginebra. —Veo cómo las del aquelarre tiemblan.
—Con Juliana de asistente, nadie, ni ella, nos puede mandar, ¿cierto, Juliana? —dice Laura volteando a ver a Juliana, quien está en silencio a un lado.
—A mí ella no me puede mandar aunque quiera; mi deber es solo atender al doctor Leonardo y eso usted, aunque sea bonita, no lo puede lograr —habla Juliana.
—Podré ser bonita, sí, pero yo no ando ahí con ojos de lagartija enamorada engatusando hombres ajenos —sonríe Madison.
—¿De qué está hablando? —pregunta Cinthia, secretaria de Mateo.
—Lo que escucho, poste de luz —sonríe Madison recogiendo sus cosas.
—Escúcheme bien, rubia oxigenada, yo no ando enamorando hombres ajenos y menos a don Leonardo, ¿me entiende? —toma el brazo de Madison.
Con pasos firmes me acerco hasta llegar frente a ellas; las otras mujeres se paralizan al verme, Juliana aún no ha soltado a Madison.
—Quiero creer que esto es un juego —hablo con voz fuerte que demanda una orden.
Juliana suelta a Madison mientras sonríe como paloma pura que no ha hecho nada.
—Lo has escuchado, Giny —pregunta Madison sobándose el brazo.
—Sí —me volteo hacia Juliana—. Así que se cree la dueña de la empresa, pues déjeme decirle algo en claro, Juliana, usted aquí no es nadie más que una empleada, al igual que todas ustedes —afirmó mirando a cada una de ellas.
—Eso es una mentira, no crea nada de lo que ella diga —dice Juliana señalando a Madison.
—Me quiere mentir a mí que lo escuché todo —digo poniendo el audio donde se desarrolla todo.
—Eso es una calumnia —Sus ojos se muestran brillosos por las lágrimas que amenazaban en salir.
—Escúcheme bien, Juliana, usted aquí no tiene el derecho de mandar, ¿me oyó? Y por lo que le ha hecho a Madison tendrá una baja en su hoja de vida. —Tomó su barbilla fuerte sin soltarla.
En eso escucho unos pasos acercarse, volteo a ver y son Leonardo y Mateo quienes vienen; suelto a Juliana y esta comienza a correr hasta chocar con el pecho de Leo.
Él la tomó por la cintura para apartarla un poco, así que de esto hablaba Madison cuando dijo que ella no andaba enamorando hombres ajenos. Sonrió porque ya la trama ha avanzado bastante, aunque no sé a qué se debe este avance.
—¿Qué está pasando aquí? —pregunta Leonardo viendo el rostro lastimero de Juliana.
—La doctora Ginebra nos ha estado ofendiendo, dice que yo no tengo derecho de estar aquí. —Una lágrima baja por su mejilla.
Quien la viera es una mosquita muerta, que como no tiene belleza usa su don de llorona para que la protejan.
—Te he dicho que no molestes a Juliana —dice Leonardo acercándose a mí.
—A mí nadie me ordena nada y no puedo creer que me acuses de algo sin pruebas —dijo cruzándose de brazos.
—No te estoy acusando ni nada, solo te estoy pidiendo que no molestes a Juliana —dice estando frente a mí.
—Pues ya que estábamos acusándonos, aprovecho para decirle un par de cosas a tu florecita intocable —digo levantando una ceja.
—¿De qué hablas? —pregunta Leonardo.
Antes de decir algo, vuelvo a ver a Madison, quien ya terminó de recoger sus cosas; las del aquelarre parecen felices de ver cómo Leonardo protege a su Juliana.