Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Gemma 1
Esa noche..
Fue distinta.
Demasiado distinta.
La habitación estaba en silencio, iluminada apenas por los cristales de luz que dejaban un brillo tenue sobre las paredes.
Gia se acomodó en la cama.
El duque hizo lo mismo.
Cada uno en su lado.
Sin acercarse.
Sin tocarse.
El espacio entre ellos no era grande…
Pero se sentía enorme.
Pesado.
Tenso.
El duque cerró los ojos.
Intentando ignorarlo.
Intentando dormir.
[…acércate…]
Pero no se movió.
Su orgullo seguía ahí.
Firme.
Inquebrantable.
[…no voy a buscarla…]
A su lado, Gia estaba despierta.
Lo sabía.
Aunque no lo mirara directamente.
[…vamos… haz algo…]
Esperaba.
Un movimiento.
Un gesto.
Algo.
Pero no llegó.
Y ella tampoco iba a ceder.
[…yo siempre voy…]
Se dio la vuelta.
Dándole la espalda.
Cruzando los brazos levemente bajo la manta.
[…ahora te toca a ti…]
El duque lo notó.
Claro que lo notó.
El movimiento.
La distancia.
Apretó ligeramente la mandíbula.
Su cuerpo reaccionaba.
A su presencia.
Al recuerdo de la noche anterior.
A la cercanía que ahora faltaba.
Se giró apenas.
Como si fuera a moverse hacia ella.
Pero se detuvo.
Otra vez.
Orgullo.
Otra vez.
[…no…]
El silencio se alargó.
Minutos.
Quizás horas.
Ninguno habló.
Ninguno cedió.
Y lo peor..
Ambos estaban molestos.
El duque…
Porque la deseaba.
Pero no iba a buscarla.
No primero.
Gia…
Porque quería que él lo hiciera.
Quería sentir que él la elegía.
Que él la buscaba.
Que no era siempre ella quien daba el primer paso.
Pero esa noche..
Ninguno cruzó la distancia.
Ninguno rompió el juego.
Y así..
Se quedaron.
De espaldas.
En la misma cama.
Deseándose.
Molestos.
En silencio.
Hasta que el cansancio finalmente los venció.
Sin besos.
Sin contacto.
Solo…
Una tensión que no había desaparecido.
Sino que había crecido aún más.
El día siguiente comenzó… diferente.
Gia no había cedido.
Y tampoco pensaba hacerlo.
Desde la mañana, su actitud cambió de forma evidente.
Se movía cerca del duque.
Demasiado cerca.
Sus palabras eran suaves… insinuantes.
Sus miradas, directas.
Cargadas de intención.
Pero..
No lo tocaba.
Ni un roce.
Ni un gesto.
Nada.
[…vamos… haz algo…]
Cada vez que pasaba a su lado, lo suficiente cerca como para que él sintiera su presencia..
Se detenía.
Un segundo.
Lo miraba.
Y seguía.
El duque la observaba.
En silencio.
[…lo hace a propósito…]
Y lo hacía.
Cada palabra.
Cada movimiento.
Cada pausa calculada.
Era una provocación.
Pero sin cruzar la línea.
Porque ahora..
Le tocaba a él.
Y eso…
Lo estaba desesperando más de lo que quería admitir.
La tarde avanzaba cuando una doncella llegó con prisa.
—Mi lady… hay una visita.
Gia levantó la mirada.
—¿Quién?
—Lady Gemma Dacre… solicita ver al duque.
El ambiente cambió en un instante.
El rostro de Gia se endureció.
[…¿Gemma…?]
Se levantó.
Sin esperar más.
[…perfecto…]
Y caminó directo al salón.
Cuando entró..
La escena la hizo detenerse un segundo.
El duque estaba sentado.
Serio.
Frío.
Mirando al frente.
Y frente a él..
Gemma Dacre.
De rodillas.
Su postura era sumisa.
Pero su expresión…
No tanto.
—Por favor, su gracia…
Su voz era suave.
Casi suplicante.
Pero sus movimientos…
No lo eran.
Su vestido estaba cuidadosamente dispuesto.
Demasiado.
El escote…
Insinuante.
Calculado.
Se inclinaba ligeramente al hablar.
Moviéndose con intención.
—Haré lo que sea… Lo que usted quiera… si libera a mi padre.
Gia sintió el enojo subirle de golpe.
[…¿lo que sea…?]
Sus ojos se afilaron.
El duque no respondía.
Solo la miraba.
Con evidente disgusto.
Pero aún así..
Escuchaba.
Y eso fue suficiente.
[…ni se te ocurra…]
Gia avanzó.
Sus pasos resonaron.
Firmes.
Sin ocultarse.
Ambos giraron la mirada hacia ella.
El duque..
Se sorprendió.
[…está enojada…]
Pero no dijo nada.
Gemma también la vio.
Y por un instante..
Su expresión cambió.
Pero solo un segundo.
Gia se detuvo frente a ellos.
Y la diferencia entre ambas fue clara.
Gemma, en el suelo.
Suplicante.
Insinuante.
Gia..
De pie.
Imponente.
Furiosa.
[…esto no te lo voy a permitir…]
Y por primera vez desde que llegó a la mansión..
El enojo en Gia no era juego.
No era estrategia.
Era real.
Gia no se contuvo.
Ni un segundo.
—¡Eres una desvergonzada!
Su voz resonó en todo el salón.
Fuerte.
Cortante.
Cargada de furia.
—¿Cómo te atreves a ofrecerte así… a mi esposo?
El silencio que siguió fue breve.
Porque Gemma…
Se rió.
Una risa baja.
Burlona.
Lenta.
—¿Tu esposo?
Alzó la mirada con desprecio.
—Por favor, Gia…
Se puso de pie con elegancia calculada.
Aun frente a ella.
—Yo soy más mujer que tú.. Y tú solo pareces una loca gritando.. solo te casaste porque eras la mayor..
Sus ojos brillaron con crueldad.
—Tú no deberías ser la duquesa.
El golpe sonó seco.
Una bofetada directa.
Sin dudar.
Gia ni siquiera lo pensó.
Gemma se giró por el impacto.
Y cuando volvió..
Su mirada ardía.
Levantó la mano.
Iba a devolvérselo.
Pero Gia dio un paso adelante.
—Ni se te ocurra.
Su voz bajó.
Pero fue más peligrosa.
—Porque si me tocas…
Se inclinó apenas hacia ella.
—…te mando al calabozo. Igual que a nuestro padre.
En ese momento,,
Las puertas se abrieron.
Los guardias entraron.
Se posicionaron.
Atentos.
Esperando una orden.
Gemma los miró.
Y eso solo la enfureció más.
—¡Fuera de aquí!
Le gritó a Gia.
—¡Tú no perteneces a esta mansión! ¡No eres mas que una tonta! ¡NO PUEDES SER UNA DUQUESA!
Y entonces..
Atacó.
—¡Si ni siquiera querías casarte con él!
El silencio volvió.
Breve.
Pero suficiente.
El duque levantó apenas la mirada.
La observó.
Gia lo notó.
Claro que lo notó.
Y entonces..
Sonrió.
[…perfecto…]
—Sí.
Respondió sin problema.
—Al principio no quería casarme con un desconocido.
Sus ojos brillaron.
Y su sonrisa se volvió… peligrosa.
—Pero ahora que sé todo lo que puede hacerme en la cama…
Se inclinó apenas hacia el duque.
Sin tocarlo.
—…jamás lo dejaré.
El efecto fue inmediato.
Los guardias..
Desviaron la mirada.
Sonrojados.
El duque..
Se tensó.
[… ¿Por qué cuenta eso?]
Incómodo.
Sí.
Pero también..
Algo más.
Algo que ocultó mejor.
Su orgullo de hombre estaba presente..
Gemma la miró con asco.
—¡Eres una vulgar!
Y esta vez..
No dudó.
Intentó golpearla.
Gia reaccionó igual de rápido.
—¡Eres tú la desgracia de la familia Dacre!
Y entonces..
El control se rompió.
Ambas se lanzaron.
Manos en el cabello.
Tirones.
Forcejeo.
El salón elegante…
Se volvió un caos.
Vestidos desordenándose.
Pasos torpes.
Respiraciones agitadas.
—¡Suéltame!
—¡Jamás!
Los guardias miraron al duque.
Esperando.
La señal.
Pero él…
No se movió de inmediato.
Observando.
En silencio.
Con una expresión difícil de leer.
Mientras..
Las dos hermanas se enfrentaban sin contenerse.
Como si todo lo que había estado enterrado…
Por fin estuviera saliendo a la superficie.