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“El Ryokan Sakura: La Humana Y El Oni”

“El Ryokan Sakura: La Humana Y El Oni”

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:859
Nilai: 5
nombre de autor: Cube Things

Hola, soy CubeThings.

Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.

Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.

Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.

Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.

NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un precio que no se negocia

El aroma a madera antigua y té recién servido llenaba el aire desde antes de cruzar el umbral.

Hikari se detuvo un segundo frente al mostrador de recepción.

No porque dudara…

sino porque ahora entendía el peso de ese lugar.

Ya no era solo un espacio bonito, ni un rincón tranquilo dentro del ryokan. Era el primer rostro que los visitantes veían. El primer contacto. La primera impresión.

Y ahora…

era suyo.

Rie estaba a su lado, impecable como siempre, con esa calma que parecía no romperse nunca.

—Respira —dijo suavemente, sin mirarla—. Los huéspedes sienten todo… incluso lo que intentas ocultar.

Hikari inhaló.

Lento.

El aire entró con ese aroma suave a incienso y madera que tanto había empezado a reconocer como hogar… o algo parecido.

Exhaló.

—Lo sé.

Pero no lo sabía del todo.

Aún no.

Un leve sonido de campanillas anunció la apertura de la puerta.

El viento se coló apenas, trayendo consigo el aroma húmedo del bosque y algo más… algo distinto.

Presencia.

Hikari levantó la mirada.

Y lo vio.

El huésped no era como los anteriores.

Alto.

Delgado.

Con una elegancia extraña, casi irreal.

Su cabello oscuro caía ligeramente sobre su rostro, pero no ocultaba sus ojos… ojos que brillaban con un tono dorado tenue, como si reflejaran algo que no estaba ahí.

No humano.

No del todo.

Rie se inclinó ligeramente.

Perfecta.

—Bienvenido al Ryokan Sakura.

Hikari reaccionó un segundo después, imitando el gesto con un poco más de torpeza, pero con sinceridad.

—Bienvenido…

El huésped no respondió de inmediato.

Sus ojos se posaron en Hikari.

Directo.

Como si pudiera ver más allá de su uniforme, de su postura… como si pudiera notar lo que ella aún no dominaba.

—Interesante.

La palabra salió baja.

Casi como un pensamiento en voz alta.

Hikari sintió un pequeño nudo en el estómago.

Pero no retrocedió.

—¿En qué podemos ayudarle?

Su voz no tembló.

Eso ya era algo.

El huésped avanzó un paso.

Silencioso.

Demasiado.

—Busco una habitación.

Una pausa.

—Pero no cualquiera.

Rie intervino con suavidad.

—Todas nuestras habitaciones están preparadas para ofrecer descanso y—

—No.

La interrumpió.

Sin alzar la voz.

Pero suficiente.

Sus ojos volvieron a Hikari.

—Busco una habitación donde pueda… estar en paz.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue pesado.

Como si la respuesta importara más de lo que parecía.

Rie no habló.

No esta vez.

Hikari lo notó.

Ese pequeño espacio.

Ese momento.

Era suyo.

Su primer desafío.

Hikari tragó saliva apenas.

Pensó.

En lo que Kuro había dicho.

En lo que Rie le enseñaba sin palabras.

En lo que ese lugar significaba.

Y entonces…

dio un paso al frente.

—Aquí no ofrecemos solo habitaciones.

El huésped inclinó apenas la cabeza.

Interesado.

Hikari sostuvo su mirada.

—Ofrecemos descanso… incluso para aquello que no puede nombrarse.

El silencio cambió.

Se volvió más ligero.

Más… correcto.

El huésped la observó unos segundos más.

Y por primera vez…

una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Entonces…

Su voz bajó apenas.

—muéstrame ese lugar.

Hikari sintió el pulso en sus manos.

Pero no lo dejó ver.

—Por aquí.

Giró.

Y comenzó a caminar.

No perfecta.

No aún.

Pero sin detenerse.

Porque aunque no lo entendía todo…

sabía que había dado el primer paso.

Y esta vez…

no iba a retroceder.

Hikari lo llevó a una de las suites reservadas para clientes especiales. Después de pasar tanto tiempo limpiando, conocía exactamente cuál sería la mejor opción. Caminaron por los pasillos hasta llegar a una habitación hermosa y elegante.

Hikari abrió la puerta y se inclinó ligeramente.

—Esta será su habitación, señor.

El hombre la observó con minuciosidad y luego sonrió.

—Perfecta… muchas gracias. Ahora no quiero que nadie me moleste por ningún motivo.

Entró y cerró la puerta.

Hikari regresó al mostrador, donde Rie la miró con seriedad.

—Hikari, no registraste al cliente en el libro antes de darle la habitación. Hay que registrarlos… ¿qué pasaría si no tiene dinero para pagar? Debes arreglar este problema.

Hikari se tensó. Era verdad, no lo había registrado.

—Ay no… ¿y ahora qué haré? El cliente pidió no ser molestado por ningún motivo…

Rie suspiró ligeramente.

—Si Kuro se entera —y lo hará— se molestará con ambas. Debes ir a hacer el registro correcto. Esa habitación que le ofreciste tiene un costo elevado… asegúrate de que pueda cubrirlo inmediatamente.

El silencio del pasillo no era el mismo de antes.

Ya no era tranquilo.

Ahora… pesaba.

Hikari caminaba más rápido de lo que debía, intentando no hacer ruido y al mismo tiempo queriendo llegar lo antes posible. Sus pasos eran suaves sobre la madera, pero su mente… su mente iba a mil.

No lo registré.

No pregunté.

No confirmé nada.

Su respiración se volvió más corta.

—¿Cómo se me pudo pasar algo así…?

Las puertas del ala especial comenzaron a aparecer una tras otra, elegantes, perfectamente alineadas… hasta que llegó a la suya.

La suite.

La más costosa.

La más exclusiva.

Y ahora… la más problemática.

Hikari se detuvo frente a la puerta.

No tocó de inmediato.

Recordó sus palabras.

“No quiero que nadie me moleste por ningún motivo.”

Tragó saliva.

—Lo siento…

No sabía si se lo decía a él… o a sí misma.

Levantó la mano.

Y tocó.

Suave.

Nada.

El silencio se mantuvo intacto.

El aire mismo parecía detenido.

Hikari dudó un segundo… pero volvió a tocar.

Un poco más firme.

—Señor… disculpe…

Su voz fue baja, respetuosa.

Pero no obtuvo respuesta.

El pasillo se sintió más frío.

Más largo.

Como si algo… no estuviera bien.

Hikari entrecerró los ojos apenas.

Algo en su pecho se tensó.

No miedo.

Instinto.

—Señor… necesito hacer su registro.

Esta vez su voz tuvo un poco más de firmeza.

Un leve clic.

La puerta se abrió.

Sin sonido.

Sin aviso.

El hombre estaba ahí.

De pie.

Más cerca de lo que debería.

Sus ojos dorados la observaron en silencio… evaluándola con una intensidad que hizo que el corazón de Hikari se desacompasara un segundo.

—Te dije…

Su voz fue suave.

Pero no cálida.

—que no quería ser molestado.

Hikari se inclinó de inmediato.

—Lo siento mucho, señor. Fue un error mío.

No levantó la mirada.

Pero no retrocedió.

—Necesito registrar su estancia antes de que pueda continuar disfrutando de la habitación.

El silencio se estiró.

Lento.

El hombre no respondió de inmediato.

Y eso… fue peor.

Hikari sintió su presencia moverse apenas.

Acercándose.

—¿Error…?

Repitió la palabra como si le resultara interesante.

—Curioso.

Hikari levantó apenas la mirada.

Lo suficiente.

Sus ojos seguían en ella.

Pero ahora…

había algo más.

Algo que no estaba antes.

—Pocas personas aquí cometen errores.

Un paso más cerca.

—Y menos… contigo.

Eso le recorrió la espalda.

Frío.

Pero Hikari no se movió.

—Aún estoy aprendiendo.

Su voz fue más firme esta vez.

Más suya.

—Y para hacerlo bien… necesito su nombre.

El silencio volvió.

Pero cambió.

El hombre la observó unos segundos más.

Largos.

Como si estuviera decidiendo algo.

Y entonces…

sonrió.

Lento.

—Interesante.

Se giró apenas, caminando de regreso al interior de la habitación, dejándole el paso libre sin decirlo directamente.

—Entra.

La palabra no fue una invitación.

Fue una orden suave.

Hikari dudó un segundo.

Solo uno.

Pero luego entró.

Porque sabía…

que este no era solo un registro.

Era su primer verdadero desafío.

Hikari comenzó con el registro, intentando mantener la calma.

—¿Cuál es su nombre, señor?

El hombre la observó unos segundos antes de responder, con una leve sonrisa en los labios.

—Ryūjin.

Hikari asintió y escribió con cuidado.

—Gracias, señor Ryūjin. Esta habitación tiene un costo de 85,000 yenes por noche.

El yokai la miró fijamente… y de pronto comenzó a reír.

Una risa baja, profunda… que no sonaba del todo humana.

—El precio es elevado, señorita… —dijo, inclinando ligeramente la cabeza—. Eso debió comunicármelo antes. Quiero hablar con el gerente.

Hikari se tensó al instante.

No.

No podía ser.

—Señor, le aseguro que la habitación es exactamente como la pidió… por eso el precio es elevado.

—Pero no se me notificó —respondió él, ahora con un tono más frío—. Y no pienso pagar tanto por esta habitación.

Hikari apretó ligeramente el registro entre sus manos.

—Entonces podemos ofrecerle una más económica.

El ambiente cambió.

—¿Más barata? —repitió él, entrecerrando los ojos—. ¿Me ves cara de querer cualquier cosa?

Hikari tragó saliva, pero no retrocedió.

—No, señor… entonces deberá cubrir el costo de la habitación.

El silencio se rompió de golpe.

—Quiero al gerente. Ahora mismo. —Su voz bajó… peligrosa—. No puedo admitir esta clase de errores conmigo.

En ese momento, una voz ligera apareció detrás de ellos.

—¿Pasa algo, señor?

Tomoe.

Se acercó con esa sonrisa despreocupada que no engañaba a nadie.

El yokai giró lentamente hacia él.

—¿Es usted el gerente?

Tomoe negó suavemente.

—No, señor… pero estoy seguro de que puedo ayudarlo.

—Quiero al gerente… —repitió el yokai—. ¡AHORA!

Su voz resonó por todo el lugar, haciendo vibrar el aire mismo.

Y por un segundo…

el ambiente dejó de ser acogedor.

El eco de la voz del yokai aún vibraba en el aire…

cuando el ambiente cambió.

No fue un sonido.

No fue un movimiento.

Fue… presencia.

El aire se volvió más pesado.

Más denso.

Como si el mismo lugar se hubiera enderezado.

Tomoe dejó de sonreír.

Hikari lo sintió antes de verlo.

Y entonces…

—No es necesario levantar la voz en mi establecimiento.

La voz fue baja.

Pero firme.

Kuro estaba ahí.

De pie al final del pasillo, con la mirada fija en el hombre frente a ellos. Su presencia llenaba el espacio sin esfuerzo, imponiendo silencio sin necesidad de exigirlo.

Avanzó.

Paso a paso.

Seguro.

Controlado.

Hasta detenerse a una distancia justa.

Ni cerca.

Ni lejos.

Suficiente.

El yokai lo observó con interés, una leve chispa en sus ojos dorados.

—Así que tú eres el gerente.

Kuro no respondió de inmediato.

Sostuvo su mirada.

Midiéndolo.

Reconociéndolo.

—Ryūjin… —dijo finalmente—. Debiste haber mencionado tu nombre desde el inicio.

El silencio se volvió más fino.

Más tenso.

—Entonces sabes quién soy —respondió el yokai, con una sonrisa ladeada.

—Lo suficiente.

Kuro inclinó apenas la cabeza.

—Y también sé que no eres un cliente que busque “cualquier cosa”.

Ryūjin lo observó un segundo más… y luego soltó una leve risa.

—Entonces entenderás mi molestia.

Kuro dio un paso al frente.

—La habitación que se te asignó es la única que cumple con lo que pediste.

Su tono no cambió.

—Privacidad absoluta. Energía estable. Sin interrupciones.

Una pausa.

—El precio refleja eso.

El silencio volvió.

Pero esta vez… no era confrontación.

Era negociación.

Ryūjin lo sostuvo con la mirada… evaluando.

—Aun así, no se me notificó.

Kuro asintió apenas.

—Error de recepción.

Y entonces…

giró la mirada.

Solo un segundo.

Hacia Hikari.

No fue una mirada larga.

Ni dura.

Pero fue suficiente.

Lo entendía todo.

El error.

La tensión.

El intento de arreglarlo.

Y también…

que no había retrocedido.

Volvió al yokai.

—El error es mío por no supervisar adecuadamente.

Tomoe alzó apenas una ceja.

Eso no era común.

—Por ello… —continuó Kuro— el primer día corre por cuenta del ryokan.

Hikari abrió apenas los ojos.

Sorpresa.

Ryūjin sonrió.

—Veo que sabes negociar.

—Sé mantener el equilibrio.

Un segundo.

—¿Aceptas?

El yokai lo miró… y finalmente asintió.

—Acepto.

El ambiente se relajó apenas.

Lo suficiente.

—Entonces —dijo Kuro— tu estancia comienza ahora.

Ryūjin dio media vuelta.

—Espero no volver a ser interrumpido.

—No lo serás.

El yokai se retiró, desapareciendo tras la puerta de su habitación.

El silencio volvió.

Pero esta vez… más ligero.

Kuro no se movió de inmediato.

Y entonces…

sin girarse completamente…

—Hikari.

Su voz fue baja.

Pero directa.

—Después hablamos.

No fue regaño.

Pero tampoco fue suave.

Fue… promesa.

Y con eso…

se retiró.

1
Edith 💋💕
carai este capítulo fue un poco intenso 🫣🫣🫣
Edith 💋💕
que estraño jaja las palabras se puede transformar en otra cosa /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Edith 💋💕
sigue subiendo esta muy bueno ☺️☺️
Cube Things: Gracias por el apoyo claro que seguiré subiendo un saludo
total 1 replies
Edith 💋💕
a las bestias 😱😱😱😱😱
Edith 💋💕
me sorprendió y me lo imagine es 🫣🫣🤩🤩Wouuu
Edith 💋💕
Wou lo sentí real me gusto el capitulo ☺️
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