Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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ROPA REVELADORA Y ORIGINAL
NARRADOR
Carmen, miraba la maleta con recelo. Después de tener que cargar con ese baúl pervertido no sabía lo que allí podría haber y estaba segura de no querer averiguarlo. Ella hizo lo más sabio que se le ocurrió, decirle a su esposo que investigara primero.
-Yo abrí el baúl, tu miras la maleta- Él la miró con curiosidad y aceptó el reto
-Peor que el baúl no será. Estoy seguro- Afirmó convencido
Cuando Santiago abrió la maleta casi se descompensó. No fue capaz ni de reírse con ironía por el contenido. Estaba espantado.
-Esto no puede ser para mi. No. De ninguna manera- Él agarró un traje de baño donde sus nalgas quedarían a la intemperie
-Ay granito de sal, creo que te verás súper sexy- Carmen se burló y acabó limpiándose las lágrimas por la risa
-¿Te ríes? Esto habrá que quitártelo con una pinza del culo- A Carmen se le fue el color del rostro cuando vio esa diminuta bikini
-Quítate. Tiene que haber algo decente ahí- Ella lo empujó con tal fuerza que casi lo tira al suelo
La maleta efectivamente tenía muchas prendas, todas diminutas. Había pantalones cortos que a ella le quedarían ajustados y mostrarían su celulitis, ropa interior escandalosa y blusas con escote que le quedarían demasiado provocadoras.
Santiago vio con horror pantalones cortos rosas con palmeras y otros coloridos con ridículos estampados que no se pondría en la vida. Las playeras eran aún peores.
-Ahora seré un payaso. Malditos sean los desgraciados que prepararon la maleta- Se quejó más que molesto
-¿Y yo? Enseñaré todo. He sido buena, ¿Por qué me odian?- Ella se lamentó avergonzada
-Me gusta nadar pero con ese bañador no se dónde meter todo. Se me escapará el paquete- Santiago volvió a mirar el bañador sabiendo que le estrangularía sus partes nobles además de enseñar el trasero
-Asqueroso- Hizo una mueca de asco
-Realista- Se defendió
Ese día, Santiago miró la playa aumentando su malhumor. Cuánto odiaba la ropa que le habían dado. El clima era adecuado para nadar y el lugar aún mejor, aunque en su mente pensaba en los beneficios de ahogar a su esposa, pero ella estaba tan jodida como él.
El empresario se quedó sentado afuera, pensando si debía ponerse ese bañador para refrescarse o seguir muriendo de calor.
Tomó la decisión de hacerlo, pensando erróneamente que no podría ser peor.
-Ve a cambiarte. Vamos al agua- La invitó al verla sudar y ella se mordió el labio dudando
-Donde me mires...- Le advirtió en tono amenazante
-Me quedaré ciego del susto. Lo sé- Él fue a cambiarse escuchándola maldecir. Solamente eso había mejorado apenas un poco su pésimo día
Santiago fue al baño con ese bañador y se lo puso. Salió incómodo sintiendo que le separaba las nalgas. Jamás en la vida se volvería a poner algo así.
Carmen soltó una carcajada al verlo, parecía haberse paspado, aunque reconoció para si misma que su odioso marido tenía buena retaguardia.
Cuando fue el turno de ella de ponerse el traje de baño se sintió fatal. Todos sus defectos gritaban mírame y el talle en la parte superior no lo consideraba adecuado. Apenas si cubría lo justo y necesario. Se movió para todos lados con temor de que sus gemelas salieran a saludar.
Ella decidió ponerse un short, al menos así estaría más segura de tapar lo que tan insegura la hacía sentir, su celulitis.
Cuando ella salió de la casa vio a Santiago nadar y se apresuró a meterse para que él no pudiera verla.
Santiago se detuvo y la miró con cierto asombro. Sus ojos puestos en ese par de gemelas naturales con cierta duda. ¿Realmente eran naturales?
-Y dices que eso no lo hizo un cirujano- Comentó mirando sin disimulo. Había conocido tantas mujeres operadas que pensaba que podía distinguir implantes en cualquier mujer
-Lo son- Ella se cubrió con las manos- Para darte tanto asco pareces muy interesado en ellas
-No entiendo por qué no se notaban en la oficina. De repente boom, crecen, es sospechoso- El se justificó
-Iba a trabajar, no para hacer topless- Acabó por meterse al agua y dándole la espalda
(.....)
En casa de Román, la familia Lobos se instalaba. Federico estaba allí, supervisando que nada se saliera de control para que su hermano no fuera perjudicado y que él no recibiera un severo daño colateral.
Román hablaba con el padre de Carmen e intentaba simpatizar con Agustín en el proceso. Si ellos estaban allí era para conocerlos mejor y también para que la vivienda de su nieto fuera preparada para el niño. Sabía que ese bueno para nada no había llamado a ningún decorador.
La hermana de Carmen, miraba todo reacia y se mantenía alejada. Si ella decía algo inapropiado, su hermana le arrancaría el cabello.
Federico se acercó a la joven sabiendo que con ella podría hablar porque estaba seguro de que esa muchacha sabía que el matrimonio no era real.
-Soy el hermano de tu cuñado. Federico Calderón- Extendió su mano
-Ya lo sé. Lo imaginé- Le habló con desconfianza. No creía que él pudiese ser mejor que Santiago porque él también había querido casarse para obtener beneficios
-Tu hermana es más simpática- Le dijo al sentirse ignorado
-Tú hiciste lo mismo que tu hermano. Él no me agrada- Ella se alejó con indiferencia
-Madre santa, que carácter tienen las Lobos- Dijo asombrado sabiendo que nadie escuchaba
Durante la cena fue el momento más incómodo para los presentes a excepción de Agustín y Román. El niño estaba demasiado cansado y tenía sueño, por eso ignoraba la tensión. Román estaba convencido de que Carmen sería un dolor de cabeza para su nieto. Ella venía de una familia de carácter y había heredado a la perfección aquello.
Cuando Agustín se retiró a la habitación que le fue asignada en compañía de una empleada, Román decidió molestar a su nieto mayor que miraba bastante a la hermana de su nueva nieta.
-Nieto, ella es muy bella, pero es varios años menor que tú- Federico se ahogó con la carne que acababa de meter a su boca
-No se preocupe. Él no me interesa- Habló la joven antes de que él pudiera recomponerse
-Abuelo por favor. No la estaba mirando como tu crees. Acabo de llegar de la hacienda
-Tienes razón, no puedes comenzar ninguna relación porque estás por irte nuevamente- Federico dejó caer su tenedor, asombrado
-¿Otra vez? No...
-Si, otra vez. Así aprenderás a no querer engañarme- Román le dejo en claro que su castigo estaba lejos de acabar
-¿Una hacienda? Eso es estupendo, me encanta el campo- Habló la menor de las Lobos
-Cuando quieras cambiamos lugares- Le dijo Federico creyendo que ella tenía pésimo gusto. ¿A quien podría gustarle estar en el medio de la nada?