Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 22: El susurro de la pereza
Lejos del castillo.
Más allá de los caminos conocidos.
Donde la luz apenas se atrevía a entrar—
El bosque se volvía más oscuro.
Más… vivo.
Las sombras parecían moverse solas.
Y en medio de ese lugar—
Una fogata.
Grande.
Irregular.
Las llamas crepitaban, iluminando figuras encapuchadas.
Inmóviles.
Arrodilladas.
Como si esperaran algo.
O a alguien.
El silencio era pesado.
Hasta que—
Un sonido.
Crack.
Un dedo siendo mordido.
Luego otro.
Una figura se movió entre ellos.
Torcida.
Inestable.
Como si su cuerpo no respondiera a leyes normales.
—Muy bien…
Su voz era baja.
Rota.
Pero llena de una energía inquietante.
—Mis queridos… muchachos…
Kael.
El obispo de la pereza.
Sonreía.
Pero no era una sonrisa humana.
Era… torcida.
Sus dedos estaban marcados por sus propias mordidas.
Sangre seca.
Movimiento errático.
Se inclinó hacia adelante.
Demasiado.
—He estado… pensando…
Su cuerpo se contorsionó levemente.
Un crujido incómodo resonó.
—Esa chica…
Se relamió los labios.
—Cecilia…
Los encapuchados no se movieron.
Pero la atención era total.
Kael levantó la cabeza de golpe.
—Es perfecta.
Sus ojos brillaron con locura.
—Perfecta… perfecta…
Se rió.
Una risa baja.
Casi infantil.
Pero perturbadora.
—Para que… nuestra amada…
Su voz cambió.
Más obsesiva.
Más… intensa.
—Alicia…
Apretó los dedos.
—Use ese cuerpo… a su gusto.
Las llamas de la fogata se elevaron de golpe.
Como si reaccionaran a su emoción.
Uno de los encapuchados habló.
—¿Está seguro… obispo?
Kael giró la cabeza de forma brusca.
Demasiado rápida.
—¿Seguro…?
Se inclinó hacia él.
Muy cerca.
—¿Seguro?
Sonrió.
—Estoy enamorado.
Silencio.
Pesado.
—Y haré… lo que sea necesario…
Su voz bajó.
Más peligrosa.
—Para verla… feliz.
Se enderezó de golpe.
Su cuerpo crujió otra vez.
—Esa chica…
Señaló al vacío.
—Ese recipiente…
—Será nuestro regalo.
Las sombras alrededor parecieron moverse.
Como si algo invisible respirara.
—Prepárense…
Sus dedos se retorcieron.
—Porque pronto…
Su sonrisa se ensanchó.
—Jugaremos.
La fogata estalló en chispas.
Y en lo más profundo del bosque—
Algo comenzaba a moverse.
Algo—
Que no tenía intención de detenerse.
Capítulo 22: El susurro de la pereza (Parte 2)
La mañana llegó demasiado rápido.
Como si el mundo no le diera tiempo a nadie para pensar.
El carruaje avanzaba por el camino principal.
Guardias a los lados.
El ambiente… más formal de lo normal.
Kenji iba sentado frente a Cecilia.
Las trillizas a los lados.
El rey al frente.
Y él—
Claramente fuera de lugar.
—…Oigan.
Se inclinó un poco hacia adelante.
—¿Y yo por qué tengo que ir con ustedes?
Señaló hacia afuera.
—O sea, bien me puedo quedar en el castillo, ¿no?
Kaede cerró los ojos un segundo.
Airi sonrió con suavidad.
Mio no reaccionó.
Cecilia lo miró.
Pero no respondió.
Fue el rey quien habló.
—Muchacho.
Su voz era firme.
—Todos quieren conocer al chico que salvó a mi hija.
Hizo una pausa.
—Dos veces.
Silencio.
Kenji se quedó quieto.
Luego—
Una gota de sudor bajó por su mejilla.
—…Je.
Risa nerviosa.
—Yo no hice nada especial.
Se encogió de hombros.
—Eso no tiene sentido.
El rey lo miró.
—Desde tu perspectiva, quizá no.
Desvió la mirada hacia el camino.
—Pero desde la nuestra…
—Lo es.
Kenji se hundió un poco en su asiento.
—Genial…
Murmuró.
—Atención innecesaria.
Airi lo miró con una pequeña sonrisa.
—No es innecesaria.
Mio añadió:
—Tus acciones alteraron eventos.
Kaede cruzó los brazos.
—Eso tiene consecuencias.
Kenji suspiró.
—Sí… ya me di cuenta.
Miró por la ventana.
El paisaje cambiaba.
Más estructuras.
Más gente.
Más movimiento.
—Entonces… ¿qué es este lugar exactamente?
Cecilia respondió esta vez.
—La capital.
Kenji alzó una ceja.
—Sí, eso lo entendí.
—Me refiero a… ¿qué vamos a hacer?
El rey respondió.
—La sala del gran consejo.
Silencio.
—Las candidatas se reunirán.
—Y se discutirá la sucesión.
El ambiente cambió.
Más serio.
Kenji frunció el ceño.
—…Ok.
Miró a Cecilia.
—Entonces esto es algo importante.
Cecilia asintió.
—Sí.
Kenji se dejó caer un poco hacia atrás.
—Genial… presión nivel dios.
Airi soltó una pequeña risa.
Mio observó en silencio.
Kaede no dijo nada.
El carruaje siguió avanzando.
Y a lo lejos—
La capital apareció.
Imponente.
Pero Kenji no podía dejar de pensar en algo.
No era el consejo.
No era la gente.
Era otra cosa.
Algo que venía.
Y esta vez—
No era algo que pudiera evitar fácilmente.
Capítulo 22: El susurro de la pereza (Parte 3)
El carruaje avanzaba mientras la ciudad crecía frente a ellos.
Kenji seguía mirando por la ventana.
Pero ahora… más atento.
—Oye.
Miró a Cecilia.
—Entonces… ¿qué es exactamente esto del consejo?
Cecilia acomodó ligeramente el collar en sus manos.
—Es como una competencia.
Kenji levantó una ceja.
—…¿Competencia?
—Sí.
Hizo una pequeña pausa.
—Las candidatas deben demostrar que son aptas.
—Hay diferentes pruebas.
Kenji asintió lentamente.
—Ok… eso suena lógico.
Cecilia continuó.
—También influye la popularidad.
Kenji frunció el ceño.
—¿Popularidad?
—Sí.
—Las personas apoyan a quien consideran más fuerte… o más digna.
Kenji suspiró.
—Eso suena peligroso.
Cecilia asintió.
—Lo es.
Hizo una pausa.
—También se evalúa la capacidad de derrotar criaturas poderosas.
Kenji la miró.
—…¿Criaturas?
Cecilia asintió.
—Sí.
Su voz se volvió un poco más seria.
—Existen criaturas legendarias.
El ambiente cambió apenas.
Kenji se enderezó un poco.
—A ver… suelta.
Cecilia enumeró con calma.
—La Gran Serpiente.
—El Orco Negro.
—Y el Dragón de la Desesperación.
Silencio.
Kenji la miró.
Parpadeó.
Una vez.
Dos.
—…¿Qué?
Se llevó una mano a la cara.
—¿Esos son nombres reales?
Cecilia asintió.
—Sí.
Kenji soltó una risa nerviosa.
—Qué nombres tan calmantes.
Airi no pudo evitar sonreír.
Mio observó sin reacción.
Kaede habló:
—No son exageraciones.
Kenji la miró.
—Ya me imagino.
Miró a Cecilia otra vez.
—Y tú… ¿tienes que enfrentarte a esas cosas?
Cecilia dudó.
—No necesariamente todas.
—Pero sí debo demostrar fuerza.
Kenji se recargó en el asiento.
—…Genial.
Murmuró.
—Nada más que monstruos legendarios y política.
Miró al techo del carruaje.
—Mi vida se volvió un videojuego difícil sin tutorial.
Airi rió suavemente.
Mio analizó.
Kaede mantuvo la postura firme.
Cecilia lo observó.
—¿Te preocupa?
Kenji la miró.
—Sí.
Pausa.
—Pero no por mí.
Cecilia parpadeó.
—¿Entonces?
Kenji desvió la mirada.
—Por ti.
Silencio.
Cecilia no respondió.
Pero su mirada—
Se suavizó.
Y el carruaje siguió avanzando.
Hacia algo mucho más grande que ellos.