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La Contadora Del Mafioso

La Contadora Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Mafia / Amor-odio
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Mi vida nunca fue mía. Primero fueron los golpes de mi padre y sus gritos recordándome que no valía nada, hasta que finalmente decidió ponerme un precio. Me vendió como si fuera un objeto para pagar su maldita deuda.
Ahora mi dueño es Dante.
Él es frío, letal y no tiene piedad con nadie, pero me necesita para llevar las cuentas de su imperio. Pensé que pasaría de un infierno a otro, pero en sus ojos oscuros encuentro algo que nunca conocí. Ahora estoy atrapada entre los números de la mafia y el deseo por el hombre que me compró.
¿Se puede amar a quien te posee?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Auditoría bajo presión

POV: Alessia

El sonido de la cerradura al encajarse en la pesada puerta de roble resonó en mi pecho como un disparo. Dante no me soltó la muñeca hasta que estuvimos en el centro del despacho, rodeados de estanterías llenas de libros antiguos y el aroma a cuero y tabaco caro que siempre lo acompaña.

—¿Te parece que esto es un juego, Alessia? —su voz era un susurro peligroso, pero sus ojos me devoraban con una intensidad que me hacía flaquear las piernas.

—Todo en esta casa es un juego, Dante. Los contratos, las cenas, las miradas... —me solté de su agarre con un movimiento lento, dándole la espalda para caminar hacia su escritorio—. Solo estoy siguiendo las reglas que tú mismo impusiste. Dijiste que soy tu contadora, y una buena contadora necesita estar... estimulada para hacer bien su trabajo.

Me apoyé contra el borde de su escritorio de caoba, dejando que el vestido se deslizara ligeramente por mi muslo. Dante se quedó quieto, observándome como un depredador que intenta decidir si atacar o esperar a que su presa se rinda sola.

—Estimulada —repitió él, saboreando la palabra—. Lo que hiciste ahí abajo, delante de mis padres... si mi padre hubiera sospechado por un segundo lo que pasaba bajo esa mesa, no estaríamos aquí hablando de balances.

—Pero no lo supo. Solo lo supimos tú y yo —le dediqué una sonrisa de suficiencia mientras tomaba una de las carpetas de Marcello—. Y a juzgar por cómo se te tensó la mandíbula, diría que te gustó más de lo que estás dispuesto a admitir.

POV: Dante

Quiero estar enfadado. Debería estarlo. Pero la visión de Alessia desafiándome en mi propio terreno, con esa chispa de rebeldía en los ojos, es lo más excitante que he experimentado en años. Se cree que tiene el control porque sabe que me afecta, pero no tiene ni idea de lo cerca que estoy de perder la poca cordura que me queda.

Caminé hacia ella, obligándola a retroceder hasta que sus manos tuvieron que apoyarse en el escritorio para no caer. Me puse entre sus piernas, rompiendo cualquier rastro de espacio personal.

—¿Crees que puedes cobrarte "facturas" así como así? —le pregunté, bajando la voz hasta que fue solo un roce contra su piel—. Anoche me detuve porque todavía quedaba un rastro de decencia en mí. Pero hoy, después de lo que has hecho... la decencia se ha quedado en el comedor.

Puse mi mano sobre su rodilla, justo donde su pie había estado torturándome minutos antes. Empecé a subir lentamente, sintiendo la suavidad de su piel bajo la seda. Alessia soltó un suspiro entrecortado, y su pose de mujer fatal flaqueó por un segundo.

—Dante... tenemos que revisar los desvíos de Marcello —susurró, aunque sus manos se aferraban a mis hombros en lugar de empujarme.

—Los desvíos de Marcello pueden esperar diez minutos —respondí, subiendo mi mano hasta su cadera, atrayéndola más hacia el borde del escritorio—. Dijiste que tenías energía acumulada. Yo también.

POV: Alessia

Mi corazón martilleaba contra mis costillas. La frialdad del escritorio en mi espalda contrastaba con el calor abrasador de Dante frente a mí. Sus ojos oscuros estaban fijos en mi boca, y por primera vez desde que firmé ese contrato, sentí que él ya no estaba actuando. No había frialdad mafiosa, solo una necesidad bruta y compartida.

—Eres un tramposo —logré decir, aunque mi voz era apenas un hilo—. Usas tu tamaño para intimidarme.

—No te estoy intimidando, piccola. Te estoy dando lo que pediste bajo la mesa —sus dedos se enredaron en mi cabello, tirando suavemente hacia atrás para que lo mirara—. ¿Quieres seguir jugando a la contadora rebelde o quieres que te enseñe cómo cerramos los tratos en esta familia?

Estaba a punto de responder, a punto de rendirme y besarlo con toda la rabia y el deseo que tenía guardados, cuando un golpe seco en la puerta nos hizo saltar a ambos.

—¡Dante! ¡Abre la puerta! —era la voz de Marcello, cargada de una urgencia que no presagiaba nada bueno.

POV: Dante

El nombre de mi tío actuó como una descarga de agua helada. Me separé de Alessia de un tirón, alisándome la camisa con movimientos mecánicos mientras mi sangre todavía hervía de frustración. Ella se incorporó rápidamente, sacudiendo su vestido y tratando de recuperar el aliento, con las mejillas encendidas.

—Maldita sea —gruñí por lo bajo.

—¡Dante! Sé que estás ahí con la chica —insistió Marcello desde el otro lado—. Tenemos un problema con el cargamento del puerto. Los hombres de la aduana están haciendo preguntas que no deberían.

Miré a Alessia. Ella me devolvió una mirada de pura frustración mezclada con el odio que siempre le profesa a mi tío. El momento se había esfumado, pero la electricidad seguía ahí, vibrando entre los dos como un cable pelado.

—Vete a la mesa del fondo —le ordené en un susurro—. Abre los libros de la auditoría y no levantes la vista. No quiero que Marcello note nada en tu cara.

—Demasiado tarde, Vitale. Mi cara dice exactamente lo que pienso de tu familia —respondió ella, pero obedeció, sentándose y fingiendo una concentración absoluta en los números.

Caminé hacia la puerta y la abrí con un gesto brusco. Marcello entró como un torbellino, con su anillo de piedra roja brillando bajo la luz del despacho, ajeno a que estuvo a segundos de interrumpir algo que habría cambiado el curso de nuestra relación para siempre.

—¿Por qué estaba la puerta cerrada? —preguntó Marcello, entrecerrando los ojos mientras miraba a Alessia y luego a mí.

—Privacidad para la auditoría, tío. No quiero que nadie interrumpa el trabajo , cosa que acabas de hacer—respondí con una frialdad perfecta, aunque por dentro solo pensaba en lo mucho que me debía Alessia... y en lo mucho que me iba a cobrar yo cuando Marcello se largara de una vez.

La tensión en el despacho era insoportable. Alessia escribía algo en su libreta, y por la fuerza con la que apretaba el bolígrafo, sabía que no eran números. Eran promesas de una guerra que apenas estaba empezando entre nosotros dos.

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👑🖤📚
llevas diciendo lo mismo desde el inicio, en serio eres mafioso? como llegaste hacer capo ? 🤨🙄😒
Andrea Nardelli
en la mejor parte nunca terminan
👑🖤📚
eso es lo que me estresa de ti Dante, puro Hablar pero nada de actuar desde que descubriste lo del ataque debiste asesinarlo o mandado lejos de la familia
Milagros Lopez
muy buena excelente hasta el momento. gracias escritora por compartir
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