se trata sobre una joven de 25 años que sufre al lado de su madre maltratos y abusos hasta que finalmente fallece por una enfermedad terminal y renace en su novela favorita como la villana de la historia
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capítulo 22
Elizabeth empezó a conectar los puntos con una lucidez aterradora. En la novela original, cuando ella moría ejecutada, Hades siempre aparecía en los juicios con una mirada de desprecio absoluto hacia ella. Pero, ¿y si no era desprecio?
—(Un momento...) —pensó, palideciendo—. (Hades siempre me observaba desde las sombras. Me decía cosas sarcásticas para que reaccionara,... En la novela, él nunca intentó salvar a Isabella por amor; él intentó destruir a Alfonso por lo que le hizo a Elizabeth).
La verdad le cayó encima como una losa de mármol, dejándola sin aliento, pero de repente es sacada de sus pensamientos cuando tropieza accidentalmente con alguien que venía a toda prisa por el sendero.
—¡¡Ay!! —el grito de Elizabeth fue seguido por un sonido sordo al impactar contra la gravilla del jardín—. Auch... en verdad lo lamento, no estaba mirando al frente.
Se llevó una mano a la cadera, sintiendo un pinchazo del dolor que ya traía desde la mañana, mientras intentaba recobrar el equilibrio.
—Ouch... no te preocupes, también fue culpa mía. No debí haber estado corriendo, por eso siempre mi hermano me regaña —respondió la otra persona, cuya voz sonaba joven, enérgica y extrañamente familiar.
Cuando las dos levantan la vista, el tiempo parece detenerse. Sus miradas se encuentran y el aire se vuelve denso, cargado de una historia que una recuerda y la otra aún vive. Elizabeth la reconoce al instante: la hermosa joven que tenía al frente, de cabello castaño sedoso y ojos verdes como el bosque, era nada más ni nada menos que la propia Crystal.
Elizabeth sintió que el corazón se le saltaba un latido. Allí estaba ella, viva, real y con esa chispa de alegría en los ojos que la novela describía antes de que la tragedia la consumiera.
Crystal, por su parte, ladeó la cabeza, observando a Elizabeth con una curiosidad creciente. A diferencia de la historia original donde Crystal estaba atrapada en la corte imperial sufriendo por la "muerte" de su amiga, aquí estaba en el refugio, libre y a salvo... al menos por ahora.
—¿Eres tú...? —Crystal dejó la frase en el aire, sus ojos verdes abriéndose con asombro—. Tú eres la esposa de mi hermano, ¿verdad? La chica que llegó anoche. Hades me prohibió despertarte, dijo que estabas muy agotada, pero... —de repente, la joven se lanzó hacia adelante y tomó las manos de Elizabeth con una calidez que quemaba—. ¡Vaya! Eres mucho más hermosa de lo que él describía. Soy Crystal, la hermana de ese ogro serio que tienes por marido.
Elizabeth no podía dejar de mirarla. En su mente, la imagen de Crystal recibiendo la puñalada de Alfonso se superponía con la chica llena de vida que le apretaba las manos.
—(Está aquí...) —pensó Elizabeth, sintiendo un nudo en la garganta—. (Alfonso no la tiene. Hades la trajo al refugio para protegerla. Pero si la historia es tan persistente como creo... el peligro vendrá a buscarla hasta aquí).
—Crystal... —susurró Elizabeth, sin poder evitar que su voz temblara un poco—. Es un placer conocerte al fin.
—¿Por qué me miras como si estuvieras viendo a un fantasma? —preguntó Crystal con una risita traviesa, aunque una sombra de preocupación cruzó su mirada al notar la palidez de Elizabeth—. ¿Te duele algo? ¿Llamo a mi hermano? Si se entera de que te tiré al suelo, me va a desterrar a la cocina por un mes.
Elizabeth forzó una sonrisa, aunque por dentro juraba que, en esta vida, el acero de Alfonso jamás tocaría a esa joven. El "punto de no retorno" de Hades estaba frente a ella, y Elizabeth estaba dispuesta a convertirse en el escudo de ambos.