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La Herencia Del Odio

La Herencia Del Odio

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor-odio / Completas
Popularitas:74.6k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Vera Hyatt hereda la mitad de una finca en ruinas…
sin saber que el otro dueño es Dante De Bedout, su ex cuñado y el hombre que la detesta.
Obligados a convivir, el odio, los secretos y una atracción peligrosa amenazan con destruirlos.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22

Vera

Me desperté al escuchar la ducha.

Busqué con la mano a Dante, pero ya no estaba. Sin embargo, la cama seguía tibia. Su olor aún estaba en la almohada, en las sábanas… en mi piel.

Dormir con Dante es algo que no quiero dejar de hacer.

Es cálido.

Es tranquilo.

No me siento presionada.

Y lo más importante: no tuve que dar explicaciones. No tuve que justificar por qué no habíamos ido más allá. Llevo tres años sin tener relaciones con nadie. Tres. El último hombre con el que estuve fue Tobías… y no fue precisamente una historia que merezca repetirse.

El celular de Dante vibraba repetidamente sobre la mesa de noche.

Fruncí el ceño.

Lo tomé.

Número desconocido.

El mismo.

Quería hablar hoy.

Dante ya había respondido:

“¿A qué hora y en qué lugar?”

La persona envió una ubicación y fijó la hora: 11:00 a.m.

Un restaurante en medio de la carretera.

Perfecto. El lugar ideal para que alguien desaparezca sin testigos.

La puerta del baño se abrió.

Dante salió con una toalla enrollada en la cintura baja, el cabello húmedo, gotas de agua recorriéndole el pecho. En otro momento habría apreciado mejor la escena.

En otro momento.

Me levanté.

—No vas a ir, ¿verdad?

Me acerqué y besé su pecho aún húmedo.

—Sí voy a ir —respondió con calma irritante—. ¿Ya envió la ubicación?

Lo seguí hasta el walking clóset. Se puso un pantalón con esa naturalidad masculina que me exaspera y me encanta al mismo tiempo.

—Amor, esto no me genera confianza.

—No se va a presentar. Es solo ir a gastar gasolina.

Se colocó un collar que nunca le había visto tan de cerca. De él colgaba un anillo delicado: oro rosa, con un diamante central redondo y pequeños diamantes laterales que afinaban la estructura, elegante pero discreto. No era ostentoso. Era preciso. Como él.

No le di importancia.

Mi problema no era el anillo.

—Voy contigo —dije.

Se puso la camisa.

—No, Vera. Te quedas. Quiere que vaya solo.

—Dante, no estás en Suiza. Aquí te pueden matar a las diez de la mañana saliendo del gimnasio.

Se puso las botas y se acercó a mí.

—Voy con el jefe de seguridad. ¿Te parece?

—Lleva más gente.

Suspiró.

—Está bien. Si eso te da tranquilidad, así lo haré. Aunque estés exagerando.

Lo tomé del brazo.

—Prométeme que me vas a estar avisando.

—Te lo prometo. No va a suceder nada.

Lo besé.

No un beso suave.

Lo besé con hambre, con miedo, con una ansiedad que no quería reconocer.

Él respondió igual.

—Me tengo que ir —murmuró contra mis labios—. Y no pienso dormir lejos de ti nunca más.

Sonreí.

—Traeré mis cosas.

—Es más fácil traer tus tarros que mover mis libros.

Rodé los ojos.

Me volvió a besar.

Y se fue.

Y con él… mi tranquilidad.

Intenté actuar normal.

Mi mamá hablaba de cláusulas. Claudia de porcentajes. Yo asentía como si mi cerebro estuviera presente.

No lo estaba.

Horas después, Claudia y yo revisábamos el terreno donde irían los cultivos.

—¿Por qué estás tan preocupada? —preguntó.

—No estoy preocupada.

Me miró con esa expresión de hermana menor que sabe cuando mientes.

—Yo te conozco. Sé cuando estás asustada, preocupada o nerviosa. ¿Es por Dante?

Asentí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace unos meses.

Claudia soltó una pequeña risa.

—A ti sí que te encantan los De Bedout.

—No es gracioso.

—Te apoyo. No sé qué tanto te apoye mamá, dados los antecedentes, pero me tienes a mí.

La abracé.

Siempre habíamos sido un equipo.

Las horas pasaban.

El clima estaba gris. Como mi humor.

La ubicación de Dante seguía fija en el mismo punto.

Durante horas.

Le escribí al jefe de seguridad.

No respondió.

Mi corazón no dejaba de latir con fuerza. La angustia crecía minuto a minuto.

El teléfono sonó.

Brayan.

—¿Estás bien?

—Sí. ¿Por qué?

—Están diciendo en la cafetería del centro que en el restaurante de la carretera mataron a alguien… y que hay una camioneta que concuerda con la de ustedes.

Mi corazón se detuvo.

—Brayan, yo estoy bien.

—Gracias al cielo.

Colgué.

Corrí a la cocina. Tomé las llaves de mi camioneta.

Llamé a Dante.

Buzón de voz.

Las lágrimas comenzaron a acumularse.

Mi mamá y Claudia me vieron salir sin explicaciones.

Abrí el garaje.

Y al frente… la camioneta de Dante entrando.

Me bajé antes de que terminara de estacionar.

—¡¿Por qué no respondes?!

Él se bajó con calma.

—Mi teléfono está muerto.

—Mataron a alguien en esa cafetería.

—¿A quién?

—No sé.

El jefe de seguridad se acercó.

—Señorita Hyatt, en esa cafetería no había nadie aparte de nosotros.

Miré a Dante.

—¿Nadie fue?

—No. Nadie extraño. Lo que me lleva a una conclusión.

—¿Cuál?

—Debe ser alguien del pueblo. No había prácticamente público hoy. Las personas que pararon eran carros en tránsito hacia la ciudad.

Me miró con esa seguridad suya.

—Te dije que era ir a gastar gasolina.

Lo empujé suavemente.

—Me asusté mucho. Y te voy a regalar una batería portátil para ese teléfono. Lo miras y ya está descargado.

—El teléfono está cargando en la camioneta de manera inalámbrica —respondió.

Cerré la puerta del garaje cuando el equipo de seguridad se fue.

Dante me tomó del rostro y me besó.

Mis brazos fueron directo a su cuello.

No me importó si mi madre estaba mirando.

No me importó nada.

Solo quería sentir que estaba ahí.

Que estaba vivo.

—¿Qué pasó realmente? —susurré contra su cuello.

Su expresión cambió levemente.

Sutil.

Pero yo lo noté.

—No apareció nadie —dijo—. Pero alguien estuvo observando.

Sentí el estómago encogerse.

—¿Cómo sabes?

Sacó algo del bolsillo de su pantalón.

Una servilleta doblada.

La abrió frente a mí.

Había un anillo dibujado a mano.

Exactamente igual al que llevaba colgado en su collar.

Y debajo, una frase:

“Te queda mejor en el dedo correcto.”

El aire se me fue de los pulmones.

Porque el anillo no era cualquier anillo.

Era el mismo diseño que él llevaba meses guardando.

Y que yo jamás había visto… hasta esa mañana.

1
Luz Marina Lopez Cardenas
Me encantan tus obras eso son para mí . no una simple novela.
Tienes todo al escribir. Talento pasión,armonía, buena narrativa, trama muy completa y un excelente desarrollo,con un final fantástico.
Es lo que podemos describir como ARTE
mus más sinceras felicitaciones
Luz Marina Lopez Cardenas
No existe.mas que decirte nuevamente
ERES GENIAL 💯 de 💯
mis más sinceras felicitaciones escritora de principio a fin. fantástica tu obra 👏👏
Aracelyhj Hdez
Excelente
Luz Marina Lopez Cardenas
autora me tienes totalmente atrapada en la lectura tu forma de narrar, describir personajes, situaciones,es genial
se nota que amas lo que haces ya que desde el primer capítulo consigues atrapar la total atención de el lector
Monica Torti
No tuvieron un hijo para terminar de ser más felices, con tanto amor ❤️♥️💜
Monica Torti
Pobre padres tener una hija tan cruel, que hizo tanto daño!!!
Monica Torti
Se merecía algo más y espero la pena perpetua a ella, marido e hijo
Monica Torti
Que maldad y que. ueno le de la abuela 👏👏👏
Monica Torti
tendría que estar la policía ahí
Monica Torti
lo que no estoy de acuerdo es cuando dice hace 20 años , si Dante tenía 5 cuando lo abandonó y los abuelos se lo llevaron con 10 años y ahora el tiene 38 años el tiempo es 33 años que desapareció la que dice ser la madre
Monica Torti
Que pasará con la reunión , para mí tienen que ir presos todos , creo que la hermana de Tomás el marido de Eloise es inocente la culpable es ella ????????
Monica Torti
Después de todo Tobías fué criado por una serpiente y pagó caro 😞
Monica Torti
Que hará la mala madre
Monica Torti
Escritora te felicito cada capítulo es emocionante🥰👏👏👏
Monica Torti
La casa , no por favor , que ideas perversas tiene la madre e hijo
Monica Torti
Pasaron años y tiene razón Vera ahora que todo funciona quieren que se las dé es una vergüenza 😡😡😡😡😡
Monica Torti
Que clase de madre es 😞😞😞
Monica Torti
Ya se soluciono lo de los asesinos y ladrones , ahora que pasará con Marcela, Marcus y los jefes
Monica Torti
Muy bien dicho Dante que no se crean que ustedes son tontos yo lo hubiera despedido ahi mismo
Monica Torti
.e parece que la jefa es Eloise
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