Cicatrices que arden
Fueron inseparables… hasta que el mundo los rompió.
Ahora, entre peleas y destino, sus caminos vuelven a cruzarse.
Porque hay amores que no se olvidan…
aunque duelan como una herida abierta.
Un vínculo imposible de romper.
Un amor que nunca dejó de arder.
NovelToon tiene autorización de Luna Aoul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4: Donde el miedo empieza a arder
El ruido del motor era constante.
Grave.
Hipnótico.
La furgoneta avanzaba por calles cada vez más vacías, alejándose del caos del bar… y acercándose a algo mucho peor.
Kakucho abrió los ojos lentamente.
Su cabeza latía.
Su cuerpo dolía.
Pero su mente… estaba clara.
Demasiado clara.
—Tch…
Intentó moverse.
Sus manos estaban atadas.
Fuertes.
Sin margen de error.
—Ya despertó —dijo una voz desde la oscuridad.
Kakucho levantó la mirada.
Había al menos tres hombres dentro.
Sombras.
Rostros que no conocía.
Pero no necesitaba conocerlos para entender.
Esto no era casualidad.
Esto era un mensaje.
—¿Quiénes son? —preguntó, su voz baja pero firme.
Uno de ellos sonrió.
—Gente que quiere hablar contigo.
—Entonces hablen.
El silencio duró unos segundos.
—No aquí.
La furgoneta frenó.
El chirrido de los frenos rompió el aire.
Las puertas se abrieron.
El frío entró de golpe.
—Bájalo.
Lo agarraron sin cuidado.
Lo arrastraron afuera.
Un lugar abandonado.
Oscuro.
Sin señales de vida.
Perfecto para desaparecer a alguien.
Mientras tanto…
En el bar…
Izana no se movía.
Pero algo en él había cambiado.
Sus ojos recorrían el lugar una y otra vez.
Kakucho no estaba.
No estaba.
No estaba.
—¿Dónde está? —repitió.
Su voz era más baja.
Más peligrosa.
Mikey frunció el ceño.
—No se fue por su cuenta.
Izana lo miró.
Y en ese instante… entendieron lo mismo.
Esto no era una coincidencia.
—Sal —ordenó Izana.
Mikey no discutió.
Ambos salieron del bar.
La noche seguía igual.
Pero ya no se sentía igual.
Izana caminó unos pasos.
Se detuvo.
Miró el suelo.
Marcas.
Sutiles.
Pero estaban.
Arrastre.
Movimiento forzado.
—Se lo llevaron… —murmuró.
Sus manos temblaron.
Pero no de miedo.
De algo mucho peor.
Ira.
Mientras tanto…
Kakucho fue empujado contra una silla.
Atado.
Inmovilizado.
—No son muy hospitalarios —dijo, escupiendo sangre a un lado.
Uno de los hombres se acercó.
—No vinimos a hacer amigos.
—Entonces vayan al punto.
Silencio.
El hombre lo observó.
—Queremos a Izana.
Kakucho no reaccionó.
Pero por dentro…
todo se tensó.
—Se equivocaron de persona.
—No.
El hombre sonrió.
—Elegimos perfectamente.
Kakucho apretó los dientes.
—No voy a decirles nada.
—No hace falta.
El hombre se inclinó un poco.
—Él vendrá solo.
Un golpe.
Seco.
Directo.
Kakucho cerró los ojos por el impacto.
Pero no gritó.
No lo haría.
—Aguanta lo que quieras —dijo la voz—. Eso no cambia nada.
Mientras tanto…
Izana caminaba.
Rápido.
Siguiendo cada señal.
Cada pista.
Cada mínima huella.
Mikey iba a su lado.
En silencio.
—Esto no es tuyo —dijo de repente.
Izana no lo miró.
—Todo lo que le pase… me pertenece.
Mikey lo observó.
—Eso no es protección.
—No me importa lo que pienses.
Silencio.
Pero ambos sabían algo.
Esto iba a terminar mal.
Muy mal.
Mientras tanto…
Otro golpe.
Kakucho escupió sangre.
Su respiración era pesada.
Pero sus ojos… seguían firmes.
—¿Eso es todo?
Provocó.
Porque no iba a caer fácil.
Nunca lo hacía.
El hombre sonrió.
—Me agradas.
—Qué pena que no sea mutuo.
Otro golpe.
Más fuerte.
Pero Kakucho no gritó.
No iba a hacerlo.
Porque sabía algo.
Izana vendría.
Y eso…
era lo único que lo mantenía firme.
De vuelta en la ciudad…
Izana se detuvo.
Su mirada se afiló.
—Por aquí.
Mikey lo siguió.
Un edificio abandonado.
Viejo.
Perfecto.
Izana no dudó.
Entró.
El aire era pesado.
El silencio… incómodo.
Y entonces…
Un ruido.
Un golpe.
Izana levantó la cabeza.
Sus ojos brillaron.
—Kakucho…
Y en ese instante…
todo dentro de él dejó de ser humano.
💕💕💕💕...... 💕💕💕💕...... 💕💕💕💕......
Se armó la grande Izana no perdona nada y esto no es pavada 🤫🫢😂
Vamos a ver qué paliza le de este chico .........
Con cariño Luna Auol 🌸