Humillada, abandona, perdida y con el corazón completamente destrozado, Lucina se reencuentra con su familia para sanar y recuperar su vida. Su sentimiento de venganza esta latente en ella, pero no contaba con que su corazón fuera cautivado por el hombre que la salvo de la muerte. Ahora, lucha contra sus propios sentimientos y la intensa cercanía de Franco, quien no esta dispuesto a dejarla escapar de sus manos.
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¡Las heridas que no se ven también matan!
Luciana se volvió hacia la ventanilla y observó las luces de la ciudad pasar. Pero por más que intentaba calmarse, no era fácil. Siempre había visto a Matías como una persona luminosa, llena de vida, alegría y entusiasmo. Ahora, en cambio, sentía que ese brillo se estaba apagando lentamente día tras día. Y aunque entendía que él debía tomar sus propias decisiones, también le dolía pensar que todos simplemente se quedaban observando en silencio.
Al llegar a casa, sus padres se dirigieron a la sala de estar para esperar a Esteban y Matías. Luciana, en cambio, fue directamente hacia las escaleras para subir a su habitación. Solo quería acostarse y poder descansar para que su mente se aclarara.
Pero no llegó muy lejos porque la voz de su padre la detuvo en seco. Ella dejó escapar un pesado suspiro y regresó sin protestar. No le quedó más opción que obedecer a su padre quien le señaló el sofá.
— Siéntate.
Luciana simplemente obedeció. Pero no estaba dispuesta a dejar que la hiciera cambiar de opinión.
— Ya sé lo que quieres decirme. Pero también sé por qué lo hago, papá. — Levantó su mirada y lo observó fijamente. — Sé que te preocupa que puedan intentar lastimarme otra vez. Pero solo necesito reunir las pruebas necesarias para poner a esa mujer en el lugar que merece. Por favor.
Steven la observó con detenimiento. No le gustaba nada aquel plan. Si todos sabían que era su hija, muchos pensarían dos veces antes de intentar algo contra ella. Pero así, solo sentía que se exponía mucho más.
— Bien, pero no puedo dejar que hagas esto sola. Así que no me pidas que no intervenga.
Luciana sostuvo la mirada de su padre. Era difícil para ella entender su manera de actuar. Sobre todo porque no veía la diferencia entre sus hermanos.
— ¿Y cuál es la diferencia?
Steven frunció el ceño sin comprender lo que su hija trataba de decirle.
— ¿A qué te refieres?
— Quieres ayudarme porque no deseas que me lastimen; pero no interfieren en la vida de su hijo, aunque también está siendo lastimado.
Las palabras de Luciana quedaron suspendidas como eco en la habitación. Susana habló con cierta inseguridad.
— Eso no es lo mismo. Esa es su vida privada, y él decidió vivirla así.
Luciana se puso de pie lentamente con fastidio. No toleraba el hecho de que sus padres no vieran que las heridas emocionales lastimaban de la misma manera que las físicas.
— ¿Por qué? ¿Porque la persona que lo lastima no es una loca obsesionada con el poder?
Steven se puso de pie, abrumado por la emoción que no podía reprimir. Le costaba aceptar que su hija no dimensionara la gravedad de lo sucedido y que insistiera en seguir poniéndose en peligro.
— ¡Porque a ti intentaron matarte! Casi pierdes la vida… casi te perdemos.
Luciana, tragó saliva comprendiendo lo que sus padres sentían, pero aún así se mantuvo firme ante sus palabras. Sus ojos reflejaban un dolor reprimido al sentir que su hermano probablemente estaba pasando probablemente por la misma situación que ella, pero sus padres aún no lograban verlo.
— ¿Y creen que las heridas del alma no matan?
La sala quedó en completo silencio después de las palabras de Luciana. El peso de lo que acababa de decir pareció instalarse en cada rincón de la habitación.
Luciana estaba realmente molesta. Sentía que sus padres, en su afán por protegerla, habían dejado en segundo plano el sufrimiento de uno de sus hijos. Porque para ella, el dolor de Matías no era menos importante solo porque no dejará marcas visibles.
Más que nadie, ella sabía lo que significaba sentirse vacío. Saber que tus sueños se derrumban frente a ti sin poder hacer nada. Sentirse traicionado por la persona que amas y ver cómo todo aquello en lo que creías perdía sentido.
Porque eso no siempre mata físicamente pero sí destruye por dentro. Y muchas personas, desesperadas por llenar ese vacío, terminan tomando las peores decisiones. Luciana respiró hondo antes de continuar.
— Creen que porque él decidió seguir con esa vida, entonces todo está bien. Pero no es así. Su hijo se está apagando lentamente, aunque intente disimularlo. — Miró directamente a sus padres. — Sus sentimientos están siendo pisoteados por una persona que solo piensa en sí misma, y ustedes se han quedado de brazos cruzados. No los he visto abrazarlo, apoyarlo o siquiera reconfortarlo.
Su voz tembló al final, pero no por debilidad, sino por impotencia. Y entonces, vio las lágrimas correr por el rostro de su madre. Luciana se quedó inmóvil por un instante. Y aunque sabía que sus palabras habían sido duras, quizás demasiado duras. También estaba cansada de sentir que sus hermanos quedaban relegados porque toda la atención se concentraba solo en ella.
— Mamá, yo…
Susana alzó una mano con suavidad, deteniéndola antes de que continuara hablando.
— Yo… me iré a descansar. Ha sido un día bastante agotador para todos.
Sin decir más, se puso de pie y salió de la sala. Luciana quiso hablar de nuevo, pero las palabras no le salieron. Steven observó a su hija durante unos segundos. En su mirada había cansancio, tristeza y muchas emociones contenidas.
— Buenas noches, hijos. — Antes de marcharse, añadió con voz grave. — Descansen. Mañana podría ser un día agitado.
Subió las escaleras tras Susana, dejándolos solos. Luciana se dejó caer sobre el sofá y se cubrió el rostro con las manos.
— Esta vez sí te pasaste, hermana.
Luciana se sobresaltó al escuchar la voz de Esteban. Él acababa de entrar a la sala junto a Matías, mientras ambos la observaban con expresiones serias.
— Si hubiéramos sabido que ibas a llegar a esto, habríamos llegado antes.
Luciana alzó la mirada, todavía alterada por la situación. Pero ahora, al ver que su hermano le hablaba de esa manera, le generaba más molestia.
— ¿Piensas igual que nuestros padres?
Su tono llevaba una mezcla de molestia y frustración. Esteban al darse cuenta de esto, suspiró antes de sentarse frente a ella.
— Cuando desapareciste sin dejar rastro, el mundo de nuestros padres se vino abajo… y también el nuestro. — Su voz perdió parte del tono burlón habitual. — Yo tenía una novia en ese tiempo. Pensaba presentarla oficialmente a la familia. — Hablo mientras mostraba una leve sonrisa. — Pero con todo lo que pasó, me di cuenta de que lo único que le interesaba era nuestro apellido y el prestigio de la familia. — Se encogió de hombros. — Nuestra ruptura pasó a segundo plano. Porque encontrarte era más importante.
Matías tomó la palabra con serenidad. Por un instante se perdió entre sus recuerdos. Y sonrió con nostalgia.
— Conmigo fue distinto. — Luciana giró hacia él. — Cuando Laura supo lo que había pasado contigo, estuvo a mi lado en todo momento. Me apoyó cuando todo parecía derrumbarse, y me hizo sentir que no todo estaba perdido… — Hizo una pausa antes de continuar. — Lastimosamente, unos meses antes de que volvieras… todo comenzó a cambiar. — Confesó finalmente. — Pero a decir verdad, fui yo quien le pidió a nuestros padres que no interfirieran. Les pedí que me dejaran resolverlo por mi cuenta. — Bajó la mirada. — Nuestros padres sufrieron mucho por no encontrarte… sobre todo mamá.
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Hola a tod@s. Quiero pedir disculpas por mi ausencia. Había estado un poco indispuesta por lo que se me hacia muy complicado publicar. Por eso hoy los compensaré con algunos capítulos seguidos. Espero continúen disfrutando de su lectura. Besos y abrazos a todos.