🌙 CASADA CON EL ERROR PERFECTO
Es una novela romántica intensa que mezcla drama, pasión, traición y segundas oportunidades, donde el amor no nace de lo correcto… sino de lo inevitable.
La historia sigue a Yzzi, una brillante doctora que ha construido una vida aparentemente perfecta: una carrera sólida, estabilidad emocional y un prometido ideal, Gerald, un hombre exitoso y respetado que encaja perfectamente en el futuro que todos esperan de ella. Todo parece estar bajo control… hasta el día de su boda.
“Casada con el Error Perfecto” no es solo una historia de amor,
es una historia de identidad, elección… y del valor de enfrentarse a lo que el corazón nunca olvidó. 💔🔥
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CAPÍTULO 3 — El pasado regresa… sin pedir permiso
El tiempo tiene una forma cruel de acomodar las cosas.
A veces… espera.
A veces… observa.
Y cuando decide actuar… lo hace en el peor momento posible.
🌸 Tres años después — Nueva York
El hospital estaba lleno de vida.
Pasillos activos, médicos apresurados, voces cruzándose, el sonido constante de monitores y pasos firmes.
Yzzi caminaba con seguridad.
Tacones discretos.
Bata blanca impecable.
Cabello recogido.
Mirada firme.
Era otra mujer.
O eso creía.
—Doctora Yzzi, el paciente de la 304 ya está estable —informó una enfermera.
—Perfecto, mantengan monitoreo cada hora —respondió sin detenerse.
—Sí, doctora.
En ese mundo… ella tenía control.
Orden.
Lógica.
Nada que ver con aquella noche.
Aquella locura.
Aquella decisión que había enterrado profundamente.
—Sigues pensando en eso, ¿verdad? —dijo Aby, entrando a su oficina sin tocar.
Yzzi ni siquiera levantó la mirada.
—No.
—Mientes horrible.
—No he pensado en eso en años.
Aby se sentó frente a ella, cruzando las piernas.
—Entonces explícame por qué nunca quisiste anular ese matrimonio.
Silencio.
Pesado.
Incompleto.
—Porque no tenía sentido —respondió finalmente—. Fue un error… sin consecuencias.
Aby levantó una ceja.
—Eso dices tú… porque él desapareció.
Yzzi cerró el expediente con más fuerza de la necesaria.
—Y así debe quedarse.
Pero el destino…
No estaba de acuerdo.
🏥 El consultorio — El inicio de algo que ya estaba roto
El reloj marcaba las 6:47 p.m.
El hospital comenzaba a calmarse, pero nunca dormía del todo. Los pasillos seguían llenos de ecos: pasos apresurados, voces bajas, el sonido constante de monitores que marcaban el ritmo de vidas sostenidas por ciencia y decisiones rápidas.
Dentro del consultorio 214, Yzzi estaba sentada frente a su escritorio.
La luz blanca caía directamente sobre los expedientes abiertos. Sus manos sostenían un bolígrafo, pero no escribía. Solo lo giraba lentamente entre sus dedos.
Cansancio.
Pero no físico.
Mental.
Emocional.
Algo que no sabía nombrar.
—¿Sigues aquí?
La voz la sacó de sus pensamientos.
No necesitaba levantar la vista para saber quién era.
—Estoy terminando unos reportes —respondió con tono neutro.
Gerald cerró la puerta detrás de él con suavidad. Demasiada suavidad.
Siempre tan calculado.
Tan… correcto.
Vestía impecable, como siempre. Bata blanca perfectamente planchada, camisa clara sin una arruga, ese aroma a perfume costoso que se mezclaba con el ambiente clínico.
Se acercó.
—Trabajas demasiado.
—Alguien tiene que hacerlo.
—No tienes que demostrar nada.
Yzzi levantó la mirada por fin.
—No lo hago por demostrar.
Gerald sonrió ligeramente.
Esa sonrisa que siempre había interpretado como seguridad…
pero que ahora… le parecía ensayada.
Se apoyó en el escritorio, invadiendo apenas su espacio.
—Ven conmigo esta noche.
—¿A dónde?
—A cenar.
—Estoy cansada.
—Precisamente por eso.
Su tono no era una invitación.
Era una decisión.
Yzzi dudó.
Solo un segundo.
Pero suficiente para que algo dentro de ella se incomodara.
—Está bien… pero algo tranquilo.
—Confía en mí.
Yzzi no supo por qué… pero esa frase no le dio tranquilidad.
La noche — Demasiado perfecta para ser real
El restaurante estaba en lo alto de un edificio con vista al río Hudson.
Cristales enormes dejaban ver la ciudad iluminada, reflejada en el agua como si fueran miles de estrellas flotando.
Velas encendidas. Música suave de piano en vivo. El murmullo elegante de conversaciones ajenas.
Todo perfectamente diseñado para enamorar.
—Wow… —murmuró Yzzi al entrar.
—Sabía que te gustaría.
Gerald colocó una mano en su espalda baja, guiándola.
Un gesto que antes le parecía protector…
y que ahora… le pesó ligeramente.
La mesa estaba apartada.
Privada.
Con vista directa al río.
—Pedí por ti —dijo Gerald mientras ella tomaba asiento.
Yzzi levantó la mirada.
—¿Qué pediste?
—Tu favorito.
Ella frunció apenas el ceño.
—No sabía que lo recordabas.
—Recuerdo todo de ti.
La frase sonó bien.
Demasiado bien.
Pero algo en su tono… no encajaba.
El vino llegó.
Las copas se llenaron.
Yzzi tomó un pequeño sorbo.
El líquido cálido bajó por su garganta… pero no logró relajarla.
—Has estado distante —dijo Gerald de pronto.
Directo.
Sin rodeos.
Yzzi apoyó la copa lentamente.
—He estado ocupada.
—No es lo mismo.
—Gerald…
—Necesito saber dónde estamos.
Hubo un silencio.
El sonido del piano llenó el espacio entre ellos.
—Estamos bien —respondió finalmente.
Y en ese instante…
supo que estaba mintiendo.
El momento — Cuando todo se detiene
La cena avanzó. Conversaciones superficiales.
Risas que no terminaban de sentirse reales.
Miradas que evitaban profundizar demasiado.
Hasta que llegó el silencio.
Ese silencio extraño…
el que anuncia algo importante.
Gerald dejó su copa.
La miró fijamente.
Demasiado fijamente.
—He pensado mucho en nosotros.
Yzzi sintió su corazón latir un poco más rápido.
No de emoción.
De… anticipación incómoda.
—En lo que hemos construido.
—En lo que podemos ser.
—En lo que quiero contigo.
Se levantó.
El movimiento fue lento.
Controlado.
Calculado.
Y entonces…
sacó la caja.
El mundo se redujo.
El sonido desapareció.
La música se volvió lejana.
—Yzzi…
Su voz era firme.
Segura.
Como si no existiera la posibilidad de un “no”.
Abrió la caja.
El anillo brilló bajo la luz cálida.
Perfecto.
Impecable.
Frío.
—Quiero una vida contigo.
—Orden.
—Estabilidad.
—Un futuro claro.
Cada palabra era correcta.
Cada frase era perfecta.
Cada promesa… lógica.
Yzzi lo miraba.
Pero no al anillo.
A él.
Y algo dentro de ella…
no reaccionaba como debería.
No había emoción desbordada.
No había ese impulso de llorar.
No había ese “sí” que nacía del alma.
Solo…
una calma extraña.
Una duda silenciosa.
Un eco lejano de algo que no encajaba.
Por un segundo…
solo un segundo…
un recuerdo cruzó su mente.
Luces.
Risas.
Una mirada intensa.
Un beso bajo la nieve.
Desapareció igual de rápido.
—¿Te casarías conmigo?
El mundo volvió.
Los sonidos regresaron.
El piano.
Las voces.
La ciudad.
Yzzi tragó saliva.
Sus manos estaban ligeramente frías.
Sabía lo que debía decir.
Sabía lo que todos esperaban.
Sabía lo que tenía sentido.
Así que sonrió.
Esa sonrisa perfecta.
La que había aprendido a usar.
—Sí.
Aplausos suaves alrededor.
El momento era hermoso.
Correcto.
Admirable.
Gerald colocó el anillo en su dedo.
Perfecto.
Exacto.
Sin temblor.
Sin duda.
La besó.
Un beso correcto.
Medido.
Sin caos.
Sin fuego.
Yzzi cerró los ojos.
Y en lo más profundo…
algo susurró:
“Esto no es amor…”
Pero ya era demasiado tarde.
Atente a pan y no comas cabe pues, como decimos aquí en mi país VENEZUELA 🥰