Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
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CAPÍTULO 3
Con un movimiento brusco, giré la cabeza, completamente alerta.
El corazón me latía con tanta fuerza que juraría que podía escucharse en toda la habitación.
Y entonces…
volteé.
Pero en el último instante, el pánico me dominó.
Cerré los ojos con fuerza, como si eso pudiera hacer desaparecer lo que fuera que estuviera detrás de mí.
—¡AHH! ¡Quiero regresar a mi habitación! —grité en mi mente, desesperada.
El cambio fue inmediato.
El calor desapareció.
El sonido del agua… también.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Abrí los ojos de golpe.
Estaba en mi habitación.
Desnuda.
Completamente desnuda.
Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Ah… menos mal… —murmuré, llevándome una mano al pecho—. No me atraparon…
Cerré los ojos un segundo, recuperando la calma.
—Ahora solo… tengo que vestirme.
Aún con el cabello empapado, caminé hacia el armario. Por suerte, encontré una toalla entre las prendas. Me sequé como pude y elegí algo limpio para ponerme.
Pero incluso mientras me vestía, mi mente no dejaba de dar vueltas.
¿Cómo hice eso?
Me detuve un momento, mirando mis manos.
—¿Pude… moverme así por mi cuenta?
Una idea comenzó a tomar forma.
—¿Será que… ya desperté mi magia?
Mi pulso se aceleró, esta vez por una razón completamente distinta.
Si era cierto…
entonces todo cambiaba.
Fruncí el ceño, seria.
—Tengo que aprender a controlarla…
Bajé la voz, casi en un susurro.
—Y nadie debe saberlo.
......................
Mientras tanto…
en aquel baño desconocido, el vapor aún flotaba en el aire.
La puerta se abrió con suavidad.
Un hombre entró.
Llevaba una bata ligera, y su cabello rubio platino, corto y ligeramente despeinado, enmarcaba un rostro oculto tras una máscara.
Pero lo más inquietante…
eran sus ojos.
Rojos.
Silenciosos
Peligrosos.
Observó la escena sin moverse.
La humedad.
El agua aún tibia.
La evidencia clara de que alguien había estado ahí… hacía apenas unos segundos.
El ambiente se volvió denso.
Pesado.
Su mirada descendió lentamente… hasta detenerse en el suelo.
Ropa.
Ropa de mujer.
Abandonada.
Incluyendo… ropa interior.
El silencio se tensó.
Entonces, se inclinó.
Recogió la bata de dormir con una calma inquietante, como si ya supiera exactamente lo que encontraría.
Sus dedos se detuvieron en el bordado.
Anastasia Mostaza.
Por un instante, no ocurrió nada.
Y luego—
El aire cambió.
Un leve crujido rompió la quietud.
Las llamas nacieron en su mano sin previo aviso, devorando la tela desde dentro.
No eran salvajes.
No eran caóticas.
Eran precisas.
Controladas.
Silenciosas.
La bata se consumió lentamente, reduciéndose a cenizas que se deshicieron entre sus dedos antes siquiera de tocar el suelo.
Una sonrisa se dibujó bajo la máscara.
Oscura.
Peligrosa.
Interesada.
—Así que… Anastasia Mostaza… —murmuró.
Su voz era baja.
Casi un susurro.
Pero cargada de intención.
......................
De vuelta en la habitació de Anastasia Mostaza.
Una vez vestida, miré la cama.
Las sábanas seguían igual de sucias.
Hice una mueca.
—Ni loca.
Así que arrastré un sillón mecedor y me dejé caer en él, acomodándome como pude.
—Esto servirá…
Cerré los ojos.
El silencio volvió.
Y por un momento… todo estuvo bien.
Hasta que—
mis ojos se abrieron de golpe.
—…Espera.
Me incorporé de inmediato.
—…mi ropa.
Sentí cómo el alma se me caía al suelo.
—…MI ROPA.
—¡DIOS MÍO!
Me llevé ambas manos a la cabeza, entrando en pánico.
—¡LA DEJÉ AHÍ!
Mi mente comenzó a correr en círculos.
—¡Y estaba sucia!
—¡Sucia!
—¿Qué van a pensar de mí?
Me dejé caer hacia atrás en el sillón, pataleando en el aire, completamente derrotada.
—Trágame tierra…
.
.
.
—DIA SIGUIENTE—
A la mañana siguiente, la puerta se abrió con suavidad.
Lisa entró acompañada de varias sirvientas.
El leve murmullo de sus pasos fue suficiente para despertarme.
Parpadeé, aún somnolienta…
y entonces noté sus miradas.
Sorpresa.
Confusión.
Lástima.
Estaba recostada en un sillón mecedor, en una posición nada digna para alguien de mi “estatus”.
Me incorporé lentamente, fingiendo normalidad.
Pero no hizo falta que dijeran nada.
Lisa, en especial, me miraba como si estuviera contemplando una tragedia viviente.
Mi pobre señorita…
Suspiré internamente.
Decidí ignorarlo.
Sin perder tiempo, comenzaron a moverse a mi alrededor.
Telas.
Colores.
Capas de vestidos que parecían más armaduras que ropa.
Observé en silencio… hasta que uno llamó mi atención.
Más ligero.
Lo señalé sin dudar.
—Quiero ese.
Hubo un breve silencio, pero nadie se atrevió a contradecirme.
Minutos después, el vestido se ajustaba perfectamente a mi cuerpo.
Era un diseño voluminoso, lleno de capas de volantes y encajes que caían en cascada, formando una silueta amplia y elegante. El tono rosado, suave y delicado, combinaba perfectamente con mi cabello rosa pastel, dándome un aire casi irreal.
El corsé marcaba mi delegada cintura, mientras las mangas translúcidas y los guantes blancos añadían un toque refinado. Sobre mi cabeza, un sombrero adornado con flores y un velo fino enmarcaba mi rostro con una elegancia exagerada.
Me miré un instante.
Hermoso.
Pero demasiado llamativo.
—Definitivamente no es para pasar desapercibida… —murmuré.
Entonces lo noté.
Los cosméticos.
Fruncí ligeramente el ceño.
—Lisa… ¿ese es blanqueador de cerusa veneciana?
Ella asintió con naturalidad.
—Sí, mi señorita. Es para que su piel luzca aún más blanca.
Sentí un escalofrío.
La cerusa…
plomo.
Veneno.
Y no era lo único.
Mercurio.
Arsénico.
Belladona.
Todo… mortal.
Miré los productos con rechazo.
—Dios mío…
Esto no era belleza.
Era una muerte lenta.
Me levanté de golpe.
—No.
Todas se detuvieron.
—No quiero que me maquillen.
—Pero, mi señorita—
—Es necesario—
—La palidez es—
—No.
Mi voz fue firme.
No iba a ceder.
Lisa dudó… pero al final, ninguna insistió más.
En silencio, terminaron de arreglar el vestido, escoger las zapatillas y colocar los accesorios.
Yo permanecí quieta.
Pensando.
Si este mundo funcionaba así…
Entonces no solo tenía que sobrevivir a intrigas.
Sino también…
a cosas tan simples como arreglarme cada mañana.
Suspiré apenas.
—Qué mundo tan problemático…
......................
Junto a Lisa, caminé por el pasillo en silencio.
El sonido suave de mis pasos se perdía entre las paredes altas, decoradas con un lujo que no lograba sentirse cálido.
Llegamos a las escaleras.
Me detuve un instante.
No por cansancio.
Por lo que me esperaba abajo.
Bajé.
Paso a paso.
Con el vestido rozando los escalones y el leve crujido de la madera marcando cada avance.
El aire se sentía… pesado.
Como si el lugar mismo supiera.
Como si recordara.
Me dirigía al comedor.
Al lugar donde vería por primera vez a mi “familia”.
Mis labios se tensaron ligeramente.
Familia…
Qué palabra tan vacía.
Porque yo sabía la verdad.
La había leído.
La había vivido… de otra forma.
Esa misma familia…
la que en la novela no dudaba en entregar a su propia hija a la iglesia.
Para ser quemada.
Cerré los ojos un segundo.
Solo uno.
Y luego seguí caminando.
Esta vez…
sin dudar.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭