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El Rescate de Mí Misma

El Rescate de Mí Misma

Status: Terminada
Genre:Romance / Mafia / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:5
Nilai: 5
nombre de autor: marilu@123

Oliver es el sargento del cuerpo de bomberos, conocido por su calma bajo presión y por seguir todas las reglas. Pero una sola noche de distracción en el pasado dejó una huella que no vio venir.

Luna vivió los últimos nueve meses bajo arresto domiciliario impuesto por sus padres conservadores, quienes planeaban entregar a su hija en adopción en cuanto naciera. En un acto de desesperación y valentía, huye del hospital con la recién nacida en brazos y toca la puerta del único hombre que puede protegerlas.

Ahora, el hombre entrenado para salvar a extraños de grandes incendios enfrenta el mayor desafío de su vida: proteger a una mujer que apenas conoce y a una hija que acaba de descubrir, mientras se enfrenta a la furia de una familia poderosa que quiere borrar el "escándalo" a toda costa.

NovelToon tiene autorización de marilu@123 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El día que no era mío

Visión de Luna

Pensé que después de esa noche todo volvería a la normalidad.

Que Oliver sería solo un recuerdo extraño.

Una noche impulsiva.

Un error bonito.

Algo que pasaría una vez y después desaparecería.

Pero estaba completamente equivocada.

Porque dos días después mi celular vibró.

Estaba sentada en el piso de mi cuarto, cerca de la ventana, cuando vi la notificación.

Instagram

El corazón se me aceleró antes siquiera de abrir.

Y cuando vi el nombre... sentí un frío extraño en el estómago.

Oliver

Había mandado un mensaje.

"Hola. Espero que no hayas desaparecido del planeta."

Me quedé mirando la pantalla unos segundos.

Como si responder fuera una decisión demasiado importante.

Tal vez lo era.

Porque responder significaba que esa historia no había terminado.

Y quería que no hubiera terminado.

Entonces escribí.

"Sigo viva."

La respuesta llegó casi al instante.

"Qué bueno. Temí que hubiera sido un delirio alcohólico."

Me reí sola.

"Tal vez lo fue."

"Si lo fue, fue uno bueno."

El corazón se me aceleró de nuevo.

Empezamos a conversar.

Primero cosas simples.

Preguntas tontas.

Chistes.

Contó que estaba trabajando mucho esa semana.

Yo le dije que estaba "ocupada".

No entré en detalles.

No hablé de mi familia.

Ni de mi prometido.

Pero Oliver tampoco presionaba.

Parecía cómodo simplemente conversando.

En algún momento escribió:

"¿Usas WhatsApp?"

Dudé un segundo.

Pero respondí:

"Sí."

Le di mi número.

Y unos segundos después mi celular vibró otra vez.

Oliver:

"Ahora no puedes escapar tan fácil."

Sonreí mirando la pantalla.

Pero algo dentro de mí se apretó un poco.

Porque en el fondo sabía.

Eventualmente tendría que huir.

La semana pasó demasiado rápido.

Y al mismo tiempo demasiado lento.

Oliver y yo hablábamos casi todos los días.

A veces mensajes cortos.

A veces conversaciones largas antes de dormir.

Me mandaba fotos del cuartel.

Del camión de bomberos.

Una vez hasta mandó una foto con el uniforme completo.

Casco en mano.

Tuve que admitirlo...

Se veía aún más guapo así.

Nunca se lo dije.

Pero me quedaba mirando la foto más tiempo del que debería.

Y cuanto más hablaba con Oliver...

Más difícil se volvía sacármelo de la cabeza.

Entonces llegó mi cumpleaños.

Diecinueve años.

Mi madre insistió en hacer una gran fiesta.

Claro que no era realmente para mí.

Era para los invitados.

Para los socios de negocios de mi padre.

Para mantener las apariencias.

La mansión estaba llena.

Luces.

Música elegante.

Gente bien vestida.

Champán caro.

Y yo.

Usando un vestido que mi madre eligió.

Sonriendo a personas que no conocía.

Mi padre, Augusto Ferraz, estaba en el centro de la sala conversando con algunos empresarios.

Mi madre, Helena, circulaba entre los invitados con esa sonrisa social perfecta.

Mi hermana mayor, Camila, parecía completamente cómoda con todo aquello.

Siempre encajó mejor en ese mundo.

Y luego estaba Eduardo.

Mi prometido.

Alto, elegante, bien vestido.

Y completamente insoportable.

Eduardo tenía veintinueve años y se comportaba como si ya fuera dueño de mi vida.

Me sujetaba la cintura como si fuera de su propiedad.

— Te ves hermosa hoy — dijo, inclinándose demasiado cerca.

— Gracias.

Mantuve la sonrisa educada.

Pero por dentro solo quería irme de ahí.

— En un año estaremos casados — comentó.

Se me revolvió el estómago.

No respondí.

Siguió hablando.

De viajes.

De casas.

Del futuro que él había planeado.

Como si mi opinión no existiera.

Miré discretamente el celular en mi mano.

Había un mensaje nuevo.

Oliver.

El corazón me latió más rápido.

"Feliz cumpleaños, cumpleañera."

Me mordí el labio para no sonreír demasiado.

"Gracias."

"¿Estás festejando?"

Miré alrededor de la enorme fiesta.

Luego respondí:

"Más o menos."

Tardó unos segundos.

Después escribió:

"Si estás aburrida, puedo mandarte un chiste malo."

Me reí bajito.

Eduardo me miró confundido.

— ¿Qué pasó?

— Nada.

Guardé el celular en la bolsa.

Necesitaba concentrarme.

O al menos fingir.

Después de unos minutos de conversación forzada, aproveché un momento en que Eduardo fue a hablar con alguien.

Y simplemente... desaparecí.

Caminé por la fiesta saludando invitados.

Conversando con personas al azar.

Cualquier cosa con tal de no estar cerca de él.

Una señora empezó a contarme una historia larga sobre sus gatos.

La escuché completa.

Porque era mejor que escuchar a Eduardo.

En algún momento fui al jardín.

Respiré el aire fresco de la noche.

Tomé el celular otra vez.

Había otro mensaje.

Oliver:

"Desapareciste."

Sonreí.

"Estoy en una fiesta aburrida."

"Suena horrible."

"Lo es."

Me quedé mirando la pantalla unos segundos.

Entonces escribí:

"Preferiría estar en un bar."

Respondió:

"Conozco uno bueno."

Se me apretó el corazón.

Porque por primera vez pensé algo peligroso.

Algo imposible.

Quería estar con él.

No en esa fiesta.

No en ese vestido.

No en ese futuro que mis padres eligieron.

Quería estar sentada en ese bar otra vez.

Riéndome de los chistes malos de Oliver.

Siendo solo Luna.

No la hija de Augusto Ferraz.

No la prometida de Eduardo.

Solo... yo.

Pero la música de la fiesta subió de volumen.

Escuché a mi madre llamarme.

— ¡Luna!

Suspiré.

Guardé el celular.

Y volví al interior de la mansión.

A mi vida.

A mi destino.

Pero algo era seguro.

Por más que lo intentara...

No lograba sacarme a Oliver de la cabeza.

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