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Dolores Del Pasado

Dolores Del Pasado

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Casos sin resolver / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

Es verdad lo que dicen.No sabes lo que tienes asta que lo pierdes y así empieza esta historia

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Lo que elegí no decir

La primera vez que Leonardo sintió que algo estaba realmente mal, no fue por un grito ni por un golpe evidente. Fue por el silencio.

Un silencio distinto.

Más denso.

Como si el aire dentro de la casa se hubiera vuelto pesado de repente.

Había llegado más temprano de lo habitual ese día. La puerta estaba entreabierta, algo que Livia casi nunca hacía. Siempre tenía cuidado con esas cosas. Siempre estaba atenta a los detalles.

Empujó la puerta con suavidad.

—¿Abuela?

No hubo respuesta.

Cerró detrás de sí y avanzó unos pasos. La casa estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz que entraba desde el patio. Todo parecía en su lugar… y, sin embargo, había algo que no encajaba.

Entonces escuchó voces.

Desde la cocina.

No eran gritos, pero tampoco eran normales.

—Te dije que no tocaras eso —dijo su tío, con un tono bajo, apretado.

—Solo estaba ordenando… —respondió Livia.

Su voz sonaba más pequeña de lo habitual.

—No tenés que ordenar nada. Ya bastante hacés todo mal.

Leonardo se quedó quieto en el pasillo.

Podía ver una parte de la escena desde donde estaba, sin ser visto.

Livia estaba junto a la mesa, con las manos juntas, como si tratara de explicarse sin saber muy bien cómo. Su tío estaba de pie frente a ella, demasiado cerca.

No había gritos.

Pero había algo peor.

Una forma de hablar que no dejaba espacio para responder.

—No quise molestar —dijo ella.

—Pero molestás igual.

El silencio que siguió fue corto, pero pesado.

Leonardo sintió algo en el pecho. Una incomodidad que no sabía cómo nombrar. Algo que le decía que eso no estaba bien.

Que tenía que hacer algo.

Decir algo.

Pero su cuerpo no se movió.

—Perdón —agregó Livia, en voz baja.

Esa palabra fue lo que más le llamó la atención.

No tenía sentido.

¿Perdón por qué?

Leonardo frunció el ceño, sin darse cuenta.

Su tío soltó una especie de suspiro molesto y se apartó, agarrando un vaso de la mesa con más fuerza de la necesaria.

—Siempre lo mismo con vos.

El sonido del vidrio contra la mesada fue seco.

Leonardo tragó saliva.

Podría haber entrado en ese momento.

Podría haber interrumpido.

Incluso algo simple, como aparecer, habría cambiado la situación.

Pero no lo hizo.

Se quedó ahí, mirando, como si no fuera parte de eso.

Como si fuera una escena ajena.

En algún momento, Livia levantó la vista.

Y lo vio.

Sus ojos se encontraron por un segundo.

Fue breve.

Pero suficiente.

En esa mirada había algo que Leonardo no supo interpretar del todo en ese momento… pero que años después no podría olvidar.

No era solo sorpresa.

Era algo más.

Algo parecido a una pregunta.

O tal vez a una esperanza.

Como si esperara que él dijera algo.

Que hiciera algo.

Leonardo apartó la mirada.

Casi de inmediato.

Como si ese contacto visual hubiera sido demasiado.

—¿Leo? —dijo ella, intentando recomponerse—. No te escuché entrar.

Él dudó un segundo antes de responder.

—Sí… recién llego.

Su voz salió más normal de lo que se sentía.

Eso lo tranquilizó un poco.

Si sonaba normal, entonces todo podía seguir como si nada.

—Voy a… al patio —agregó, sin esperar respuesta.

—Sí, andá.

Livia sonrió apenas.

Esa sonrisa que usaba para que todo pareciera estar bien.

Aunque no lo estuviera.

Afuera, el aire era distinto.

Más liviano.

Leonardo se sentó en la silla de siempre, apoyando los codos en las rodillas, mirando el suelo.

Podía escuchar movimientos dentro de la casa.

Pasos.

Cosas que se movían.

Pero ya no voces.

Y eso, de alguna manera, le resultó aún más incómodo.

Se pasó una mano por el pelo.

Pensó en volver a entrar.

En decir algo.

En preguntarle si estaba bien.

Pero cada una de esas ideas venía acompañada de otra:

“No es para tanto.”

“No te metas.”

“No es asunto tuyo.”

Eran pensamientos rápidos.

Automáticos.

Y, sobre todo, convenientes.

Después de unos minutos, Livia salió al patio.

Como si nada hubiera pasado.

—¿Querés algo para tomar? —preguntó.

Leonardo levantó la vista.

La observó con más atención esta vez.

Había algo en su expresión.

En la forma en que evitaba mirarlo directamente.

En cómo movía las manos, un poco más inquietas de lo habitual.

Pero si uno no prestaba demasiada atención…

Podía parecer normal.

—No —respondió él.

—Bueno.

Se sentó frente a él, acomodándose despacio.

El silencio volvió.

Pero ahora ya no era cómodo.

Era un silencio lleno de cosas que no se decían.

—¿Todo bien? —preguntó Leonardo, casi por obligación.

La pregunta llegó tarde.

Y débil.

Livia lo miró.

Por un segundo, pareció dudar.

Como si evaluara si decir algo distinto.

Algo real.

Pero no lo hizo.

—Sí, todo bien.

La respuesta fue automática.

Y los dos lo sabían.

Leonardo asintió.

No insistió.

No preguntó más.

Aceptó esa mentira como si fuera suficiente.

Como si eso resolviera algo.

El resto de la tarde pasó sin nada destacable.

Hablaron poco.

Cada uno metido en sus propios pensamientos.

O evitando tenerlos.

Cuando Leonardo se fue, Livia lo acompañó hasta la puerta.

—Cuidate —le dijo.

—Vos también.

Se quedó un segundo más de lo necesario.

Como si fuera a agregar algo.

Pero no.

—Nos vemos.

—Sí.

Y se fue.

Mientras caminaba, esa escena volvió a su cabeza.

La voz.

La mirada.

Ese momento en el que todo parecía pedir una reacción.

Aceleró el paso.

Sacó el celular.

Se distrajo.

Hizo lo que siempre hacía.

Tapar.

Ignorar.

Seguir.

Esa noche, Livia no encendió la radio.

Se sentó en la misma silla de siempre, pero no hizo nada.

Sus manos descansaban sobre su regazo, quietas.

Demasiado quietas.

Miró hacia la puerta del patio, como si esperara ver a alguien aparecer.

Pero no pasó.

El silencio volvió a llenar la casa.

Ese mismo silencio que Leonardo había sentido al entrar.

Ese que ahora, sin saberlo, empezaba a quedarse con ella.

Mucho tiempo después, Leonardo recordaría ese momento con una claridad insoportable.

No por lo que pasó.

Sino por lo que no hizo.

Por esa fracción de segundo en la que todo dependía de una palabra.

De un gesto.

De una decisión mínima.

Y él eligió lo más fácil.

Mirar hacia otro lado.

Como si no fuera con él.

Como si no importara.

Como si todavía hubiera tiempo.

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Martin
Hola,no abandonaré la otra ya hay capítulos programados asta el 15 del otro mes y se subirán cada 5 días ahora el 20 estrena uno y así
Marialeonor Roqueocampo
aquí estoy esperando otra historia fascinante, espero no abandones la otra 🫶🤭
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