En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.
NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 20. Las Hijas del Invierno.
......................
La carta temblaba ligeramente entre los dedos de Seraphine.
El silencio dentro de la cámara oculta se volvió insoportablemente pesado mientras releía la última línea.
“Mientras la Iglesia cazaba brujas públicamente, las grandes casas continuaban utilizándolas en secreto.”
El nombre de Lucien Valemont seguía firmado al final.
Su abuelo.
El antiguo duque.
La respiración de Seraphine se volvió lenta.
Controlada.
O al menos eso intentaba aparentar para sí misma.
Porque por dentro todo comenzaba a reorganizarse violentamente.
Los Valemont habían protegido brujas.
Durante generaciones.
No por compasión probablemente. No por justicia.
Por utilidad.
Eso sonaba mucho más parecido a su familia.
La lámpara iluminaba apenas la cámara secreta mientras la nieve golpeaba débilmente algún lugar lejano sobre las murallas superiores.
Seraphine continuó revisando las cartas.
Había nombres. Fechas. Pagos ocultos.
Y menciones constantes a algo llamado “el Círculo de Ceniza”.
Frunció ligeramente el ceño.
Nunca había escuchado ese nombre.
Pero aparecía demasiadas veces para ser irrelevante.
En una de las cartas, Lucien escribía:
“Las líneas antiguas siguen debilitándose. Cada generación controla menos que la anterior.”
Eso hizo que el corazón de Seraphine se tensara apenas.
¿Controlar qué exactamente?
Sombras.
¿Voluntad?
Continuó leyendo.
“Lyra posee una afinidad excepcional. Mucho más estable de lo esperado.”
El estómago se le heló.
Su madre.
No había sido una bruja débil.
Habían mentido.
Toda la historia oficial sobre ella probablemente era mentira.
Mierda.
Guardó rápidamente las cartas otra vez cuando escuchó pasos lejanos sobre el techo de piedra.
No cerca.
Pero suficientes para recordarle que seguía bajo el castillo.
Y que si alguien descubría ese lugar…
Todo terminaría.
Ocultó cuidadosamente las cartas dentro del compartimiento y tomó solo una: la que mencionaba directamente a Lyra.
Luego apagó la lámpara y abandonó la cámara secreta.
Las sombras parecieron deslizarse silenciosamente alrededor de sus pies mientras caminaba.
Ya no sabía si eso era imaginación.
O algo peor.
—
La mañana siguiente amaneció gris.
La nieve seguía cubriendo parcialmente los jardines interiores y las torres del castillo Valemont.
Desde afuera, todo parecía elegante.
Pacífico incluso.
Mentira absoluta.
Seraphine descendió hacia el salón principal sintiendo todavía el peso de la carta escondida bajo la manga de su vestido.
No había dormido bien.
Otra vez.
Demasiadas preguntas. Muy pocas respuestas.
Cuando entró, ya estaban todos reunidos alrededor de la mesa principal.
El duque. Cassian. Alaric. Evelyne. Los Arden.
Y el ambiente era claramente tenso.
Octavian Arden sostenía una copa de vino mientras hablaba con calma medida.
—Los acuerdos deben avanzar antes de que la situación política empeore más.
Acuerdos.
Seraphine tomó asiento lentamente.
Claro.
Ese era el verdadero motivo de la visita.
No solo diplomacia.
Matrimonios.
La nobleza siempre convertía hijos en contratos elegantes.
El duque apoyó una mano sobre la mesa.
—No pienso apresurar decisiones familiares importantes en medio de rumores absurdos.
Octavian sostuvo su mirada.
—Precisamente por los rumores deberíamos acelerar ciertas alianzas.
Cassian tensó apenas la mandíbula.
Evelyne mantuvo la postura perfecta.
Pero Seraphine notó inmediatamente algo importante:
nadie parecía sorprendido.
Entonces ya habían discutido esto antes.
Lady Vivienne habló con suavidad refinada.
—Nuestras familias llevan años considerando una unión formal.
Alaric sonrió apenas.
—Qué romántico suena eso.
Evelyne le lanzó una mirada fría.
—Intenta comportarte como una persona funcional durante cinco minutos.
Cedric soltó una pequeña risa.
—Empiezo a pensar que esta familia se comunica únicamente mediante amenazas pasivas.
—No siempre son pasivas —respondió Alaric.
Seraphine observó discretamente a Aeron.
Él permanecía en silencio otra vez.
Pero atento.
Siempre atento.
Octavian continuó.
—Cedric ya tiene edad suficiente para formalizar compromisos.
Interesante.
Entonces era Cedric.
No Aeron.
Eso tenía sentido políticamente.
El heredero Arden con una hija Valemont consolidaría influencia enorme entre ambos ducados.
La pregunta era cuál hija.
Evelyne probablemente era la opción más lógica.
Hermosa. Refinada. Perfectamente entrenada políticamente.
Pero también demasiado inteligente para aceptar fácilmente.
Lady Vivienne observó entonces a las hermanas Valemont con atención elegante.
—Sus hijas crecieron extraordinariamente bien.
Mercancía política.
Seraphine sintió inmediatamente irritación.
No visible.
Nunca visible.
Pero ahí estaba.
El duque habló finalmente.
—Discutiremos eso más adelante.
La conversación terminó ahí.
Pero el mensaje ya estaba claro.
Los Arden no habían venido únicamente por cortesía.
Habían venido a negociar futuros.
Y probablemente matrimonios.
—
Horas después, Seraphine caminaba junto a Evelyne por uno de los corredores altos del ala este.
La luz blanca de la nieve atravesaba parcialmente los ventanales largos, iluminando el mármol oscuro y las columnas negras.
Evelyne avanzaba elegante como siempre.
Perfecta postura. Perfecto control.
Pero Seraphine la conocía lo suficiente para notar tensión bajo la superficie.
—¿Te casarían con Cedric? —preguntó directamente.
Evelyne no se detuvo.
—Probablemente.
Respuesta simple. Fría.
Como si hablara del clima.
Seraphine la observó de reojo.
—¿Y eso no te molesta?
Evelyne soltó una pequeña risa seca.
—¿Molestarme cambiaría algo?
Silencio.
Dura respuesta.
Porque era verdad.
Las hijas nobles rara vez elegían.
Evelyne continuó caminando.
—Padre necesita alianzas fuertes ahora más que nunca.
—¿Por miedo a la Orden?
—Por miedo a perder control.
Eso hizo que Seraphine pensara inmediatamente en las cartas ocultas bajo el castillo.
Los Valemont protegiendo brujas durante generaciones.
Si eso salía a la luz…
No sería solo un escándalo.
Sería una ejecución masiva.
Evelyne habló nuevamente.
—También comenzarán las reuniones sociales de invierno.
Seraphine levantó apenas la vista.
—¿Qué?
—Tienes quince ahora. Ya pueden presentarte oficialmente en ciertos círculos nobles.
Interesante.
Muy interesante.
Porque eso cambiaba cosas.
Hasta ahora había vivido relativamente encerrada dentro del castillo.
Pero las hijas nobles mayores comenzaban eventualmente a asistir a: fiestas de té, reuniones privadas, eventos políticos disfrazados de entretenimiento.
Lugares donde realmente circulaba el poder.
Evelyne observó la nieve tras las ventanas.
—Madre superiora Ardent organiza una reunión dentro de tres días. Padre quiere que asistamos.
Seraphine frunció ligeramente el ceño.
—¿Una reunión religiosa?
—Una reunión aristocrática disfrazada de religión.
Eso sonaba mucho más preciso.
Evelyne continuó:
—La mayoría de familias importantes enviarán hijos e hijas.
Nuevos nobles.
Nuevas conexiones.
Nuevos peligros.
Y nuevas oportunidades.
Seraphine sintió algo extraño.
Por primera vez, el mundo fuera de Valemont comenzaba a abrirse un poco frente a ella.
—
Esa noche regresó nuevamente al pasadizo secreto.
El lugar seguía intacto.
Nadie lo había descubierto.
Gracias a los dioses.
O a las sombras.
La idea le produjo escalofríos incómodos.
Descendió lentamente hasta la cámara oculta y encendió la lámpara.
El silencio ahí abajo era distinto al resto del castillo.
Más profundo.
Como si el mundo exterior dejara de existir.
Seraphine extendió lentamente una mano.
Respira.
Control emocional.
Las sombras comenzaron a deslizarse suavemente sobre el suelo.
Más rápido que antes.
Obedeciendo.
La presión fría bajo su piel volvió inmediatamente.
Esta vez intentó algo distinto.
Observó una vieja copa metálica sobre el escritorio.
La sombra de la lámpara tocaba parcialmente el objeto.
Bien.
Concéntrate.
Las sombras podían influir sobre aquello que tocaban.
Al menos parcialmente.
Seraphine mantuvo la vista fija en la copa.
La oscuridad avanzó lentamente alrededor del metal.
El aire se volvió más pesado.
Y entonces…
La copa se movió.
Apenas.
Pero suficiente.
El corazón le golpeó violentamente.
Mierda.
Funcionó.
La emoción rompió parcialmente su concentración y las sombras se agitaron inmediatamente sobre las paredes.
No.
Control.
Respira.
Seraphine cerró los ojos intentando estabilizarse.
Las emociones deformaban la magia.
Lo sabía.
Cuando volvió a intentarlo lo hizo más despacio.
Más preciso.
La sombra rodeó nuevamente la copa.
Y esta vez logró deslizarla lentamente sobre la mesa.
Sin tocarla.
El pulso se aceleró otra vez.
Eso era real.
Realmente estaba controlando objetos a través de las sombras.
No completamente.
No bien todavía.
Pero estaba creciendo.
Y rápido.
Demasiado rápido quizá.
Entonces algo extraño ocurrió.
La oscuridad detrás de ella cambió.
No movimiento exactamente.
Presencia.
Seraphine abrió los ojos inmediatamente.
La lámpara seguía iluminando la habitación.
Vacía.
Pero la sensación permanecía.
Como si algo observase desde la oscuridad.
Mierda.
La respiración se volvió apenas más rápida.
Y entonces recordó las palabras del libro.
“La oscuridad escucha aquello que el portador teme.”
No era una criatura.
Era la magia reaccionando a sus emociones.
O eso esperaba.
Porque la otra posibilidad era mucho peor.
—
Dos días después, los preparativos para la reunión de invierno comenzaron oficialmente.
El castillo entero parecía ligeramente menos tenso gracias a una distracción nueva: apariencias sociales.
Sirvientes organizaban vestidos. Joyas. Carruajes.
La nobleza podía ignorar cadáveres si había eventos importantes suficientes.
Seraphine estaba en una sala privada mientras varias sirvientas ajustaban detalles de un vestido oscuro de invierno.
Evelyne observaba desde una silla cercana.
—No mires así el espejo.
Seraphine levantó apenas la vista.
—¿Así cómo?
—Como si quisieras apuñalar a alguien.
—Quizá quiero.
Eso provocó una pequeña sonrisa real en Evelyne.
Rara.
Breve.
—Entonces espera hasta llegar al evento. Ahorrarás energía.
Seraphine observó nuevamente el reflejo.
Vestido negro. Cabello azabache. Ojos rojos demasiado notorios bajo la luz.
Se veía exactamente como una hija Valemont debía verse.
Elegante. Fría. Peligrosa.
Mentira parcial.
Porque debajo de todo eso escondía algo mucho peor que ambición aristocrática.
Entonces la puerta se abrió.
Aeron Arden apareció acompañado por un sirviente.
Se detuvo apenas al verla.
Interesante.
Pareció genuinamente sorprendido un segundo.
Luego recuperó compostura.
—No sabía que estaban ocupadas.
Evelyne sonrió inmediatamente.
Elegante. Perfectamente calculada.
—Ahora sí lo sabes.
Aeron ignoró completamente la provocación.
—Mi madre pidió confirmar detalles del viaje.
—¿Vendrán también? —preguntó Seraphine.
—Sí.
Él la observó apenas un segundo más de lo normal.
Y Seraphine sintió nuevamente esa incómoda sensación.
No parecía atraído exactamente.
Parecía intrigado.
Como si intentara resolver algo.
Peligroso.
Muy peligroso.
Evelyne habló antes de que el silencio creciera demasiado.
—Entonces supongo que veremos media nobleza intentando vender hijos como ganado refinado.
Aeron soltó una pequeña risa.
—Así funcionan estas reuniones.
—Qué deprimente.
—La aristocracia suele serlo.
Silencio breve.
Y Seraphine entendió algo lentamente.
El mundo fuera de Valemont no sería más amable.
Solo tendría mejores modales.
......................