✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Idiota
Una atmósfera de ternura doméstica, donde la intensidad de la noche anterior se transforma en un cuidado casi devocional. Zane, el eterno protector, se enfrenta a una nueva faceta de su amor: la responsabilidad del bienestar físico de Noah.
La luz del amanecer se filtraba por las persianas del monoambiente, bañando la habitación en un tono ámbar suave. Zane Handrix fue el primero en despertar. Se quedó inmóvil, observando a Noah que dormía profundamente a su lado. La respiración de era rítmica, y sus hoyuelos se asomaban apenas en su rostro relajado.
Sin embargo, al ver las marcas rojas en la piel morena de Noah y recordar la fuerza con la que lo había sujetado durante el éxtasis de la noche, Zane sintió una punzada de culpa. "Fui demasiado rudo", pensó, sintiendo un nudo en la garganta. Su instinto de protección se disparó al máximo.
Con movimientos de ninja, se levantó de la cama, se vistió y salió del apartamento. Necesitaba llegar a la farmacia de turno antes de que Noah despertara.
Caminó por las calles vacías con el corazón latiendo rápido. Compró analgésicos potentes, pomadas para el dolor muscular y antiinflamatorios. Volvió casi corriendo, temiendo que Noah se despertara solo y asustado.
Adentro, Noah empezó a remover entre las sábanas. Al estirar la mano y notar el lado de la cama frío, abrió los ojos de golpe.
—¿Zane? —llamó con voz ronca.
Nadie respondió. Noah intentó incorporarse, pero un gemido de dolor escapó de sus labios. Sentía el cuerpo como si hubiera jugado tres finales de básquet seguidas sin descanso. Sus piernas temblaban y la zona lumbar le enviaba señales de protesta ante cada movimiento.
Con un esfuerzo titánico, logró sentarse en el borde de la cama. Sus pies tocaron el suelo frío y, apoyándose en la pared, empezó a caminar hacia el baño. Cada paso era un desafío a su gravedad y a su resistencia física. Estaba a mitad del camino, sudando por el esfuerzo y sintiéndose un poco mareado, cuando escuchó la llave girar en la cerradura.
La puerta se abrió de golpe y Zane entró con una bolsa de la farmacia en la mano. Al ver a Noah de pie, tambaleándose y apenas cubierto por una sábana, Zane soltó la bolsa y corrió hacia él.
—¡Noah! ¡No te muevas! —exclamó Zane, rodeándolo con sus brazos antes de que sus piernas fallaran.
—Zane... me duele todo, idiota —susurró Noah, escondiendo el rostro en el pecho de su amante, avergonzado por su debilidad.
—Lo sé, lo siento mucho. Fui un animal —Zane lo levantó con una facilidad pasmosa, cargándolo al estilo nupcial—. No tenías que levantarte solo.
—Tengo que ir al baño, Zane. Bájame.
Zane lo llevó directo al baño, pero cuando intentó entrar con él para ayudarlo a sentarse, Noah recuperó un poco de fuerza en los brazos y lo empujó hacia afuera.
—¡Fuera! ¡Esto es demasiado! —gritó Noah con la cara roja como un tomate—. ¡Dame privacidad, Handrix!
Zane se quedó riendo detrás de la puerta cerrada, apoyando la frente contra la madera.
—¡Está bien, está bien! Pero no tardes, traje pomadas y analgésicos. Te voy a cuidar como a un rey.
Diez minutos después, Noah salió del baño, envuelto en una toalla y caminando un poco más derecho, aunque seguía haciendo muecas. Zane lo esperaba con una taza de café humeante y las pastillas listas.
—Toma esto primero —dijo Zane, sentándolo con cuidado en la cama—. Te hará sentir mejor en veinte minutos.
Noah obedeció en silencio, sintiéndose extrañamente mimado. Luego, Zane destapó un tubo de pomada fría.
—Date la vuelta. Mauro dice que estas pomadas son mágicas para la inflamación.
—¿Mauro te dijo? —Noah se rió mientras se giraba—. ¿Le contaste que me ibas a dejar lisiado?
—No hizo falta —gruñó Zane, empezando a aplicar la crema con movimientos circulares y suaves sobre la espalda y la cintura de Noah—. Mauro sabe que cuando se trata de ti, no tengo control.
Mientras masajeaba, Zane se detuvo en la base del cuello de Noah. Allí, justo debajo de la línea de la mandíbula, había una marca oscura, un chupetón violento y posesivo que él mismo había dejado en el clímax de la pasión.
—Noah... te dejé una marca —susurró Zane, pasando su pulgar por la zona.
Noah buscó su reflejo en el espejo del armario. Al verlo, suspiró.
—Zane, eso se ve a kilómetros. Hoy tenemos clases con el profesor Miller, es súper estricto. Van a pensar que me atacó un vampiro.
Zane sonrió con una pizca de orgullo que no pudo ocultar.
—Es para que todos sepan que tienes dueño. Además, si Jessica lo ve... tal vez finalmente entienda que no hay lugar para ella aquí.
Noah se giró y tomó a Zane por el cuello de la camiseta, dándole un beso corto pero intenso, con sabor a café y a mañana compartida.
—Eres un posesivo, Handrix. Pero por hoy, te lo paso. Vamos a la facultad, o Mauro nos va a matar por llegar tarde.
Llegaron a la universidad media hora después. Noah caminaba un poco más lento de lo habitual, y Zane no se despegaba de su lado, con la mano firmemente apoyada en su nuca, cubriendo parcialmente la marca del cuello con sus dedos largos.
Al entrar al vestíbulo, Jessica estaba allí. Parecía no haber dormido. Tenía los ojos hinchados y estaba hablando con Luke, quien intentaba explicarle algo con gestos exagerados. Al ver a Noah y Zane entrar juntos, Jessica se quedó muda.
Noah intentó actuar normal, pero cuando se acercó a saludar, el movimiento de su cuello hizo que la mano de Zane se deslizara, dejando la marca roja y morada totalmente a la vista bajo la luz fluorescente del pasillo.
Jessica se quedó petrificada. Sus ojos se clavaron en el cuello de Noah como si fueran dagas. El silencio que se formó fue tan pesado que incluso los estudiantes que pasaban alrededor se detuvieron a mirar.
—Noah... —la voz de Jessica tembló de furia y asco—. ¿Qué es eso en tu cuello?
Noah instintivamente se llevó la mano a la zona, pero Zane fue más rápido. Volvió a rodear los hombros de Noah, pegándolo a su cuerpo en un gesto de desafío absoluto.
—Es una marca de que Noah tuvo una noche mucho mejor que la tuya, Jessica —soltó Zane con una sonrisa fría.
Jessica soltó un grito ahogado.
—¡Tú! ¡Lo estás pervirtiendo! ¡Él no es así! ¡Noah, dime que no es verdad! ¡Dime que este enfermo sí te obligó!
Noah dio un paso adelante, alejándose un poco del agarre de Zane para mirar a Jessica a los ojos. Ya no había rastro del chico tímido de secundaria.
—Nadie me obligó a nada, Jessica. Zane me ama, y yo lo amo a él. Lo que ves en mi cuello es el resultado de una decisión que tomé yo solo. Por favor, deja de hacer esto. Te haces daño a ti misma.
Jessica retrocedió, tapándose la boca con la mano. Miró a Mauro, que acababa de llegar y observaba la escena con los brazos cruzados, y luego a Luke, que estaba boquiabierto.
—Esto no ha terminado —susurró Jessica, con una mirada llena de odio dirigida a Zane—. Voy a hablar con tus padres, Noah. Les voy a contar en qué te has convertido.
Jessica se dio la vuelta y salió corriendo de la facultad. Noah suspiró, sintiendo que un peso se le quitaba de encima, pero también sabiendo que la tormenta familiar estaba por estallar.
Zane lo abrazó por la espalda, depositando un beso justo encima de la marca del cuello, frente a todos sus compañeros de leyes.
—Que hable con quien quiera —susurró Zane—. No te voy a soltar, Noah. Nunca más.
Mauro se acercó y les dio un golpe amistoso en el hombro.
—Bien hecho, Brooks. Finalmente tienes pantalones. Ahora, entremos a clase antes de que Miller nos ponga una falta.
Luke, recuperando el habla, gritó:
—¡Vaya! ¡Eso fue más intenso que una serie de abogados! ¡Zane, eres mi ídolo!
El cuarteto entró al salón, y aunque Noah caminaba con dolor y Jessica preparaba su supuesta venganza, por primera vez en años, Noah sentía que su vida finalmente tenía sentido. El monoambiente ya no era solo un apartamento; era su hogar, y Zane era su destino.