Odiar es una palabra fuerte, un sentimiento que se debía de sentir mucho entre los Markov y Villal Pero que pasa cuando quieren formar las paces entre ellos por el bien del dinero… digo las familias. ¿Obligarian a sus hijos a un matrimonio? Pero… ¿A quienes de ellos?
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Depende
El aire nocturno se sentía demasiado frío.
O tal vez era simplemente la forma en que Damian la estaba mirando.
Esperando una respuesta.
Catalina sostuvo su mirada unos segundos antes de apoyar otra vez los brazos sobre la baranda.
—Depende.
Damian arqueó apenas una ceja.
—Qué respuesta diplomática.
—Estoy aprendiendo de nuestros padres.
Eso le sacó una pequeña risa.
Catalina odiaba lo mucho que empezaba a gustarle ese sonido.
—¿Depende de qué? —preguntó él.
Ella fingió pensarlo.
—De la situación.
—Muy específico.
—Gracias.
Damian giró apenas el cuerpo hacia ella.
Más cerca otra vez.
Siempre más cerca.
—Entonces explícame la situación actual.
Catalina sintió el pulso acelerarse estúpidamente.
Y eso la irritó muchísimo.
—Ahora mismo… —murmuró lentamente— todavía estoy decidiendo si me caes bien o si eres solo otro Markov insoportable.
Damian sonrió apenas.
—¿Y cómo voy en la evaluación?
—Tienes puntos negativos importantes.
—¿Como cuáles?
—Tu hermano.
Eso lo hizo reír de verdad.
Más bajo.
Más relajado.
Y Catalina se quedó observándolo un segundo más de lo debido.
Porque cuando Damian dejaba de parecer el heredero perfecto de los Markov…
se veía peligrosamente humano.
—Podría decir exactamente lo mismo de Thiago —comentó él.
—Sí, pero Thiago amenaza gente porque me quiere.
—Alekséi también amenaza gente porque me quiere.
Catalina lo miró horrorizada.
—Eso explica demasiadas cosas.
Damian volvió a reírse.
Y por un instante todo se sintió extrañamente normal.
Como si no existieran familias.
Ni acuerdos.
Ni prensa.
Solo ellos dos hablando en un balcón.
Eso era peligrosísimo.
El silencio volvió lentamente.
Pero esta vez no era incómodo.
Era denso.
Lleno de cosas que ninguno estaba diciendo.
Catalina notó entonces que Damian seguía observándola.
Directamente.
Sin apartar la vista.
—¿Qué? —preguntó ella más suave.
Él tardó unos segundos en responder.
—Nada.
Catalina soltó una pequeña risa.
—Mentiroso.
Damian apoyó un brazo sobre la baranda inclinándose apenas hacia ella.
—Solo estaba pensando.
Eso no sonaba seguro para su estabilidad emocional.
—Miedo me da preguntar.
—Probablemente.
Catalina sostuvo su mirada otra vez.
Mala decisión.
Porque había algo distinto esta noche.
Ya no parecía solo tensión o curiosidad.
Era peor.
Mucho peor.
Y ambos empezaban a darse cuenta.
—Damian…
Él bajó apenas la vista hacia sus labios antes de volver a mirarla a los ojos.
El corazón de Catalina tropezó violentamente.
No.
No no no.
Eso definitivamente no estaba pasando.
—¿Sí? —respondió él casi en voz baja.
Demasiado cerca.
Demasiado atento.
Catalina podía sentir su respiración mezclándose con la suya ahora.
Y por un segundo horrible…
pensó en besarlo.
De verdad.
Pero entonces—
—¡SABÍA QUE ESTABAN ACÁ!
La voz de Alekséi explotó detrás de las puertas del balcón.
Catalina prácticamente saltó lejos de Damian.
Perfecto.
Absolutamente perfecto.
Alekséi apareció sonriendo como un criminal satisfecho.
Y detrás de él…
Amalia tapándose la boca para no reírse.
Damian cerró los ojos lentamente.
—Voy a matarlos a ambos.
—Oh no —respondió Alekséi encantado—. Interrumpimos una escena romántica clandestina. Qué tragedia.
- siempre tan encantador y dispuesto a molestar-rodé los ojos
Alekséi se llevó una mano al pecho ofendido