El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.
Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.
NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18: El Orgullo en Cadenas
El Palacio de Topkapi amaneció bajo una tensión eléctrica. Los embajadores persas gritaban en las puertas del Diván, exigiendo la liberación del Príncipe Kaveh, pero sus voces se ahogaban ante el estruendo de los jenízaros que ya marchaban hacia la frontera. Persia había declarado la guerra, pero Selim solo tenía ojos para la justicia que su Consorte exigiera.
En el salón privado del Sultán, el ambiente era pesado, cargado del aroma a incienso de sándalo y el rastro metálico de la sangre. Dorian permanecía recostado en un diván de seda, su muslo vendado con lino fino, fingiendo una palidez que hacía que el corazón de Selim se apretara de dolor y rabia.
—La ejecución está preparada, mi sol —dijo Selim, arrodillado junto a Dorian, besando sus manos con una devoción casi religiosa—. Solo espero tu señal para que la cabeza de ese bastardo ruede por los jardines.
Dorian acarició el rostro del Sultán, sus ojos azules brillando con una luz calculadora tras el velo de "víctima". —La muerte es un regalo demasiado rápido para alguien que intentó arrebataros lo que más amáis, Selim —susurró Dorian, su voz apenas un hilo—. Si lo matáis, será un mártir para Persia. Pero si vive... si vive como lo que realmente es frente a vuestro poder... será una herida abierta para vuestros enemigos.
Selim frunció el ceño, su instinto Alfa rugiendo por sangre. —¿Qué sugieres?
—Hacedlo mi esclavo personal —sentenció Dorian con una sonrisa gélida que Selim interpretó como una muestra de valentía herida—. Que el Príncipe de Persia vista los harapos de un sirviente. Que limpie mis estancias y nos sirva el vino mientras nos amamos. Dejad que Persia vea a su heredero arrodillado a mis pies. Eso, Selim, es una victoria que ningún ejército puede igualar.
Horas más tarde, Kaveh fue traído a los aposentos de Dorian. Ya no llevaba sus sedas lavanda ni sus joyas de oro. Vestía una túnica de lino basto, sus pies estaban descalzos y una cadena de oro fino unía sus muñecas a un collar que llevaba el sello personal de Dorian.
Kaveh temblaba de furia y vergüenza, pero al ver a Dorian recostado, con Selim sentado a su lado como un dios protector, su orgullo se quebró.
—Arrodíllate —ordenó Selim, su voz retumbando como el trueno.
Kaveh se desplomó de rodillas sobre el mármol frío. Dorian lo observó desde arriba, disfrutando del silencio. —Parece que el sabor de la tierra no es tan dulce como el de vuestros higos, ¿verdad, Príncipe? —dijo Dorian—. A partir de hoy, vuestro nombre es "Sombra". No habréis de hablar a menos que se os ordene, y vuestra única función será servir a este palacio que tanto despreciasteis.
Esa noche, Dorian decidió llevar su manipulación al límite. Quería que Kaveh viera exactamente lo que nunca tendría: la devoción absoluta del Sultán.
Selim estaba encendido. La mezcla de la furia por el ataque a Dorian y la excitación de ver a su omega reclamar tal poder sobre un enemigo lo tenía al borde del abismo. Ordenó a Kaveh que permaneciera en un rincón de la alcoba, con los ojos bajos, sosteniendo una jarra de vino mientras ellos se entregaban a la pasión.
La escena fue de una lascivia exótica y explícita. Selim despojó a Dorian de su túnica de seda con una urgencia que rozaba lo animal. A pesar de la venda en el muslo de Dorian, Selim lo poseyó con una ferocidad que buscaba reclamar cada átomo de su ser. Sus manos grandes recorrían el cuerpo de Dorian, marcándolo con mordiscos y caricias rudas frente a los ojos del Príncipe persa, quien se veía obligado a escuchar cada gemido, cada jadeo y cada palabra de amor posesivo que el Sultán le susurraba a su Consorte.
—Mírame, Dorian —gruñó Selim, sus embestidas rítmicas y potentes hacían vibrar el lecho—. Mírame solo a mí mientras este esclavo presencia cómo te hago mío.
Dorian envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Selim, ignorando el dolor punzante de su herida autoinfligida, y se entregó al placer con una intensidad que buscaba la humillación total de Kaveh. El aroma a cedro, lirios y el sudor de la pasión llenaba la habitación, creando una atmósfera de una intimidad tan cruda que Kaveh terminó sollozando en silencio en su rincón, roto por la visión de un amor y una posesión que él jamás conocería.
Selim fue implacable. Usó sus manos para abrir a Dorian, explorando su cuerpo con una lascivia que desafiaba cualquier protocolo, besando la herida del muslo antes de reclamar los labios de Dorian en un clímax que pareció detener el tiempo.
Cuando terminó, Selim se mantuvo unido a Dorian, respirando contra su cuello. —Mañana empieza la guerra con Persia —susurró Selim—. Pero esta noche, el mundo entero sabe que este palacio tiene un solo dueño. Y no soy yo, Dorian... eres tú.
Dorian, mirando hacia el rincón donde Kaveh permanecía hundido en la miseria, sonrió. Sabía que la Valide Sultan estaría furiosa por la decisión de mantener vivo al Príncipe, y que las intrigas del Harén se volverían diez veces más peligrosas ahora que la guerra era oficial. Pero mientras tuviera a Selim bajo su piel y a sus enemigos a sus pies, Dorian estaba listo para los todo
Espero disfruten esta nueva aventura