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El Principe De La Oscuridad

El Principe De La Oscuridad

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Edad media / Maldición
Popularitas:213
Nilai: 5
nombre de autor: Sara RA

fantacia urbana y drama psicológico

NovelToon tiene autorización de Sara RA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17: Timbre

Pasó un mes.

El jardín no era jardín. Era quilombo de colores. Las caléndulas naranjas tapaban la tierra. Los cosmos rosas se mezclaban con los girasoles chiquitos que seguían al sol como bobos. La Santa Rita ya trepaba un metro del paredón, toda violeta. Las hortensias de la cocina eran pelotas azules. Olía a jazmín, a lavanda, a azahar de los frutales que tiraron flor blanca.

Y en el medio, cuatro árboles. El limonero, el naranjo, el duraznero y el mandarino de Felix. El mandarino seguía con sus tres mandarinas, ahora más naranjas. Felix las contaba dos veces por día. Seguían siendo tres.

Newt bajaba todas las tardes. Descalzo. Siempre. Pisaba el pasto nuevo que Cabrera hizo crecer entre los canteros. Se sentaba en el banco de piedra con un libro de Salgari y leía hasta que se hacía de noche. No todo. De a ratos. Las sombras no bajaban. _Mucho sol. Mucho verde. Mucha... vida. Nos da alergia._

Felix regaba. Con regadera. Primero el mandarino, después todo lo demás si le sobraba agua. Le hablaba bajito cuando pensaba que nadie escuchaba. "Hoy no hay hormigas. Bien. Seguí así." Cabrera lo cachó una vez y no dijo nada. Solo le dejó un paquete de fertilizante al lado de la regadera.

Esa noche era martes. Calor. Ventanas abiertas. Cenaron afuera, en la mesa de piedra. Las viandas de Marta: milanesas con ensalada de tomate de la huerta que Cabrera improvisó atrás del limonero. Tomates chiquitos, pero tomates.

"Esto está bueno", dijo Newt. Señaló el jardín con el tenedor. Las caléndulas se cerraban porque era de noche. Los girasoles dormían mirando al oeste, esperando el sol de mañana.

"Está vivo", dijo Cabrera. Orgulloso.

"Está defendible", corrigió Felix. Pero estaba mirando el mandarino, no el portón. "Si alguien entra, lo veo entre las hojas. Y si pisa el romero, huele. Lo siento."

Newt se rió. No de él. Con él. "Todo es táctica para vos."

"Todo es táctica", dijo Felix. Agarró una mandarina verde del árbol. La olió. La volvió a colgar. "Esta no. Le falta."

Terminaron de comer. Cabrera lavó los platos adentro. Newt se quedó leyendo. Felix fue a hacer la ronda, pero pasó por el mandarino primero. Le sacó una hoja seca. "Listo", le dijo. "Dormí tranquilo."

Once y media. Cabrera ya roncaba. Newt subió con el _Corsario Negro_ abajo del brazo. Felix se sentó en el sillón, no en la silla de la ventana. El mandarino estaba bien. Podía dormir.

Doce y cuatro.

Sonó el timbre. El del portón de servicio.

Una vez. Corta. Como si el que tocaba no estuviera seguro.

Los tres se despertaron al mismo tiempo. Costumbre. Felix ya estaba parado con el bate antes de que el eco se apagara. Newt en la escalera, con el libro todavía en la mano. Cabrera en la puerta de su cuarto, bastón en alto.

Se miraron. Nadie se movió.

Sonó otra vez. Dos toques. Rápidos. Nerviosos.

Felix fue. Descalzo. No hizo ruido. Newt bajó atrás, sin prender luces. Cabrera se quedó en la puerta de la cocina, tapando la salida a los cuartos de arriba.

Felix miró por la mirilla del portón. La que hizo poner él y nunca usaron.

Bajó el bate un centímetro.

Abrió la puerta de servicio, la de madera. No el portón. Se paró en el marco, tapando todo.

Afuera, parado en el escalón, bajo la luz del farol de la calle que Cabrera había arreglado la semana pasada, había un nene.

Diez años. Mochila vieja en la espalda. Pantalón corto, remera grande, zapatillas rotas. Empapado, porque había llovido temprano y no tenía campera. Abrazando contra el pecho un libro para que no se mojara. _El Corsario Negro_. Tapa rota. El mismo que Newt tenía arriba.

El nene levantó la cabeza. Ojos grandes. Pelo negro, chorreando. No lloraba. Pero estaba a dos segundos.

"Me dijeron", dijo. Voz chiquita, rota de cansancio. "Me dijeron que acá viven aventureros. Y que si no tenía dónde ir, que toque timbre."

Señaló con la cabeza para atrás, para la calle vacía. "No tengo dónde ir."

Felix no dijo nada. Miró la mochila. Miró el libro. Miró las zapatillas rotas. Miró el jardín atrás suyo, lleno de flores y frutales y el mandarino con sus tres mandarinas.

Newt se asomó por atrás de Felix. Vio al nene. Vio el libro. Se le cortó el aire.

El nene lo vio a Newt. Y después vio atrás, por el hueco entre Felix y el marco. Vio el jardín. Los girasoles cerrados, las caléndulas, los cuatro árboles en el medio. Y se le agrandaron más los ojos.

"¿Esos son de verdad?", dijo. Señaló los frutales con el libro. "¿Dan fruta?"

Felix siguió sin hablar. Miró al nene. Diez años. Flaco. Cagado de frío. Mirando su mandarino como si fuera oro.

"Pasá", dijo al final. Se corrió del marco. "Antes que te agarre algo."

El nene no se movió. "¿Puedo? ¿No están... no están enojados?"

"No", dijo Newt. Pasó al lado de Felix y se agachó para quedar a la altura del nene. "No estamos enojados. ¿Cómo te llamás?"

"Elías", dijo el nene. Y recién ahí, cuando dijo su nombre, se largó a llorar. Sin ruido. Aguantando. Las lágrimas le mezclaban con el agua de lluvia de la cara.

Cabrera apareció con una toalla. Se la puso a Elías en los hombros sin preguntar. "Adentro", dijo. "Antes que se resfríe. La casa está caliente."

Elías entró. Pasito a pasito. Miraba todo. El piso limpio, las luces, las escaleras. Y por la puerta de servicio que quedó abierta, el jardín. No dejaba de mirar el jardín.

Felix cerró la puerta. Puso llave. Miró a Newt. Newt lo miró a él.

Las sombras, desde la escalera, se asomaron. Vieron al nene. Vieron el libro. Vieron que era chico. Y se metieron todas juntas en el cuarto de arriba y cerraron la puerta. _No. No. No. Chicos no. Chicos ven. Chicos nombran. Chicos... no._

Cabrera llevó a Elías a la cocina. Lo sentó. Le sirvió una taza de leche caliente con miel. "Tomá. Despacio."

Elías agarró la taza con las dos manos. No tomó. Miró alrededor. "Perdón", dijo. "Yo no... no quería molestar. Pero me dijeron 'el portón verde de la calle de atrás'. Y que pregunte por Newt."

Newt se sentó en la silla de al lado. "¿Quién te dijo?"

Elías se encogió de hombros. Tomó un sorbo de leche. "Una señora. En la terminal. Yo estaba ahí hace tres días. Ella me vio con el libro. Me dijo que ella conocía a un señor que le gustaban los mismos libros. Y que ahora tenía una casa grande con jardín. Y que ayudaba."

Se calló. Miró la taza. "Dijo que si yo era bueno y no rompía nada, por ahí me dejaban quedar. Aunque sea una noche."

Felix estaba parado en la puerta, cruzado de brazos. Mirando. Calculando. Amenaza, riesgo, problema. Miró la mochila empapada. Miró las zapatillas rotas. Miró cómo Elías agarraba la taza como si fuera lo más valioso que tuvo en días.

"¿Te gustan las plantas?", dijo de golpe. Todos lo miraron.

Elías asintió. "Sí. Mi mamá limpiaba casas y yo la esperaba en los jardines. Me sé todos los nombres. Ese de afuera es limonero. Y el de al lado naranjo. Y el otro duraznero." Dudó. "El cuarto no sé. Tiene fruta chiquita. ¿Mandarino?"

Felix se quedó duro dos segundos. Después asintió una vez. "Mandarino."

"Es el mejor", dijo Elías, serio. "Porque da rápido. Los otros tardan más."

Cabrera se tapó la boca. Newt miró a Felix. Felix miraba a Elías como si fuera una granada que en vez de explotar, daba flores.

"¿Tenés sueño?", dijo Cabrera. "Hay una cama arriba. De huéspedes. Nadie la usa."

Elías negó. "No quiero molestar. Duermo acá. En el piso. No ocupo lugar."

"Vas a dormir en cama", dijo Newt. No era pregunta. "Y mañana vemos."

Cabrera se lo llevó arriba. Le dio ropa de Newt de cuando era chico, que guardó por las dudas. Le quedaba grande. Le mostró el baño, le dio toalla limpia, le dejó la puerta del cuarto entreabierta. "Por si necesitás algo."

Elías se durmió antes de que Cabrera apagara la luz. Abrazando el _Corsario Negro_ todavía.

Abajo, en la cocina, quedaron Newt y Felix. Mirando por la ventana al jardín. Las caléndulas cerradas, los girasoles dormidos, los cuatro frutales quietos. El mandarino con sus tres mandarinas, naranjas bajo la luz del farol.

"Diez años", dijo Newt.

"Diez años", repitió Felix. "Sabe de plantas."

"Sí."

"Y lee lo mismo que vos."

"Sí."

Silencio. Después Felix: "Si toca el mandarino, lo mato."

"No lo vas a matar", dijo Newt.

"No", admitió Felix. "Le voy a enseñar cuál sacar. Cuando estén. Hay que esperar a que estén naranjas del todo. Si no son amargas."

Newt lo miró. Felix miraba el jardín, serio, planificando cómo explicarle a un nene de 10 cuándo se cosecha una mandarina.

Las sombras, desde arriba, golpearon la puerta una vez. _No vamos a bajar. Hay un nene. Los nenes nos ven. Déjenlo en su cuarto y nosotros nos quedamos en el nuestro. Trato._

"Trato", dijo Newt al aire.

Felix no preguntó a quién le hablaba. Ya sabía.

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peranauta
esto es de lo mejorcito que he leído por acá
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