Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.
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La decisión de Alexander Vega
El estacionamiento subterráneo parecía haberse convertido en una bomba a punto de explotar.
Nadie se movía.
Nadie respiraba con normalidad.
Las palabras de Viktor Karev seguían suspendidas en el aire como una sentencia inevitable.
“La junta ya tomó una decisión.”
Eliminar a todos los involucrados aquella noche.
Emma comenzó a retroceder lentamente.
El miedo en su rostro ya no podía ocultarse.
Porque ella conocía perfectamente lo que significaba una decisión tomada por la junta.
No había negociación.
No había segundas oportunidades.
Solo muerte.
Gabriel observó alrededor intentando procesar todo.
La lluvia seguía entrando desde la rampa principal del estacionamiento.
El sonido del agua mezclado con el eco de las voces hacía que todo pareciera todavía más irreal.
Alexander no bajó el arma.
Ni un centímetro.
Pero algo en su expresión había cambiado.
Gabriel lo notó inmediatamente.
Ya no parecía únicamente furioso.
Ahora parecía acorralado.
Y eso era muchísimo más peligroso.
—La junta no toma decisiones sobre mi gente —dijo Alexander finalmente.
Viktor soltó una pequeña risa.
—Ese es exactamente el problema, Alexander.
Silencio.
—Todavía crees que te pertenecen.
Emma cerró los ojos lentamente.
Porque entendía perfectamente la dirección de aquella conversación.
La organización ya no veía a Alexander como aliado.
Lo veía como un riesgo.
Y cuando alguien se convertía en un riesgo…
terminaba desapareciendo.
Viktor avanzó apenas un paso.
—Todo esto empezó cuando te enamoraste de Isabella Morel.
La mandíbula de Alexander se tensó violentamente.
Gabriel sintió un escalofrío inmediato.
Porque jamás había visto a alguien hablarle así a Alexander y seguir respirando después.
Pero Viktor no parecía preocupado.
Al contrario.
Parecía disfrutarlo.
—Primero ocultaste información por ella —continuó Viktor—. Después protegiste a Emma. Luego fingiste la muerte de tu esposa.
Gabriel giró rápidamente hacia Alexander.
Aquello volvió a golpearlo brutalmente.
Porque ahora lo escuchaba directamente de otra persona.
Alexander realmente organizó todo.
El accidente.
La desaparición.
El ataúd.
Todo.
Alexander finalmente habló.
Más bajo.
Más frío.
—No sabes toda la historia.
Viktor sonrió apenas.
—Sé suficiente.
Y entonces dijo algo que hizo que Emma perdiera completamente el color.
—Sé que la noche del accidente… tú cambiaste el cuerpo.
El aire desapareció completamente del estacionamiento.
Gabriel abrió lentamente los ojos.
Emma comenzó a temblar violentamente.
—No…
Alexander dio un paso adelante inmediatamente.
—Cállate.
Pero Viktor ya había abierto la herida.
—Emma Sinclair movió el cuerpo de su propia hermana para fingir la muerte de Isabella.
Gabriel sintió un vacío brutal en el estómago.
No.
Dios mío.
Emma comenzó a llorar desesperadamente.
—¡Yo no quería hacerlo!
Alexander bajó apenas el arma.
Solo un poco.
Y aquello sorprendió incluso a Viktor.
Porque por primera vez…
Alexander parecía más afectado por el dolor de Emma que por la amenaza enfrente.
Emma respiraba agitadamente.
Completamente rota.
—Evelyn ya estaba muerta… Isabella seguía viva… ellos venían detrás de nosotras…
Las lágrimas caían sin control por su rostro.
—Alexander dijo que era la única forma de salvarla…
Gabriel observó a Alexander lentamente.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
vio culpa real en sus ojos.
No rabia.
No frialdad.
Culpa.
Pesada.
Profunda.
Humana.
Viktor volvió a sonreír.
—¿Ves? Ese fue tu error. Empezaste a sentir demasiado.
Alexander levantó nuevamente el arma.
Esta vez directamente hacia la cabeza de Viktor.
—Última advertencia.
El ambiente se volvió irrespirable.
Gabriel sintió que todo estaba a segundos de explotar.
Y entonces ocurrió algo peor.
El teléfono de Viktor comenzó a sonar.
Él observó la pantalla.
Y por primera vez…
pareció sorprendido.
Contestó lentamente sin apartar la mirada de Alexander.
—Sí.
Silencio.
Luego la expresión de Viktor cambió completamente.
Desapareció la arrogancia.
Desapareció la calma.
Incluso Alexander lo notó.
—¿Qué pasó? —preguntó él.
Viktor no respondió inmediatamente.
Porque parecía estar intentando procesar lo que acababa de escuchar.
Finalmente bajó lentamente el teléfono.
Y cuando habló…
su voz sonó distinta.
Más tensa.
—Encontraron la USB.
El corazón de Emma se detuvo.
Gabriel sintió cómo la tensión explotaba nuevamente alrededor.
Pero quien reaccionó peor fue Alexander.
Porque el color desapareció lentamente de su rostro.
—¿Quién la tiene?
Viktor sostuvo la mirada unos segundos antes de responder.
Y aquella pequeña pausa…
hizo que el miedo comenzara a crecer brutalmente dentro de todos.
—Isabella.
La lluvia seguía golpeando las ventanas del motel cuando Isabella terminó de revisar los archivos dentro de la carpeta que Marco llevó.
Sus manos temblaban.
Porque ahora entendía la magnitud real de todo.
No estaban escapando solo de criminales.
Estaban huyendo de personas capaces de destruir gobiernos enteros.
Había nombres importantes en esos documentos.
Demasiado importantes.
Jueces.
Senadores.
Empresarios.
Policías.
Todos conectados por la misma organización.
Y en medio de todo…
Alexander Vega.
Isabella cerró lentamente la carpeta.
La cabeza comenzaba a dolerle otra vez.
—¿Por qué Alexander nunca me dijo nada? —susurró.
Marco la observó fijamente.
—Porque quería sacarte de todo esto antes de que fuera tarde.
—¿Y fingir mi muerte era la solución?
Marco guardó silencio unos segundos.
—No fue una buena solución.
Dante soltó una pequeña risa amarga desde la esquina de la habitación.
—Fue una desesperada.
El silencio volvió a llenar el motel.
Entonces Isabella recordó algo importante.
Algo que llevaba minutos molestándole dentro de la cabeza.
Levantó lentamente la mirada hacia Marco.
—¿Cómo sabías lo de la USB?
Marco dudó apenas un segundo.
Y eso bastó.
Dante también lo notó inmediatamente.
—Marco.
Marco soltó lentamente el aire.
—Porque Evelyn me llamó antes de morir.
El ambiente cambió por completo.
Isabella sintió el corazón acelerarse otra vez.
—¿Qué?
Marco bajó la mirada por primera vez desde que llegó.
Y aquello resultó extraño.
Porque Marco De Luca jamás parecía vulnerable.
Hasta ahora.
—Evelyn y yo trabajábamos juntos.
Dante frunció el ceño.
—Eso no fue lo que dijiste hace dos años.
Marco levantó lentamente la mirada.
Y había algo oscuro en ella.
Algo doloroso.
—Porque hace dos años todavía estaba mintiéndole a todo el mundo.
Isabella permaneció completamente inmóvil.
Y entonces Marco dijo algo que nadie esperaba.
—La persona que realmente robó la información de la organización… fui yo.
El silencio explotó dentro de la habitación.
Dante abrió lentamente los ojos.
Incluso él parecía sorprendido.
Marco pasó una mano por su rostro.
Agotado.
—Evelyn solo me ayudó a copiar los archivos.
Isabella sintió escalofríos.
Porque eso cambiaba absolutamente todo otra vez.
Marco continuó hablando.
—Quería vender la información y desaparecer.
Dante soltó una maldición en voz baja.
—Eres un maldito idiota.
Marco sonrió apenas.
Pero era una sonrisa triste.
—Sí. Lo fui.
Silencio.
—Pero después entendí algo.
Isabella lo observó fijamente.
Marco levantó lentamente la mirada hacia ella.
Y por un instante…
pareció completamente sincero.
—La organización jamás iba a dejarnos vivir.
La habitación quedó inmóvil.
Entonces Marco sacó lentamente una pequeña llave metálica del bolsillo del abrigo y la colocó sobre la mesa.
Isabella frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
Marco la observó directamente.
—La llave del casillero donde escondiste la USB aquella noche.
El corazón de Isabella dejó de latir por un segundo.
Porque ella no recordaba tener esa llave.
Pero al verla…
algo dentro de su memoria explotó violentamente.
La estación de tren.
Los casilleros metálicos.
Evelyn sangrando.
Y ella escondiendo desesperadamente la USB.
Isabella llevó rápidamente una mano a la cabeza.
El dolor fue inmediato.
Brutal.
Y entonces recordó algo muchísimo peor.
No escondió una sola USB.
Escondió dos.
Y la segunda…
contenía algo que nadie más conocía.