En una ciudad gris donde la lluvia parece no terminar nunca, dos chicos completamente distintos terminan cruzando caminos en un instituto marcado por el silencio, los rumores y la soledad.
Kai es un joven reservado y rebelde que suele escapar al techo del colegio para tocar su guitarra lejos del ruido del mundo. Detrás de su actitud fría guarda heridas, secretos y una tristeza que casi nadie nota.
Noah, en cambio, parece más tranquilo y observador. Es nuevo, callado y diferente al resto. Desde el primer momento siente que hay algo extraño en Kai… algo roto, pero también auténtico.
Mientras ambos comienzan a acercarse lentamente bajo cielos grises y luces nocturnas de la ciudad, empiezan a ocurrir situaciones inquietantes: sombras observándolos, rincones oscuros del instituto y presencias que parecen seguirlos cuando cae la noche.
Entre música, lluvia, conflictos escolares y emociones que ninguno sabe expresar, Kai y Noah descubrirán que algunas personas llegan a tu vida justo cuando es
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Algo parecido al miedo
Kai no volvió a mencionar el tema del beso después de eso.
Y honestamente, eso debería haber
tranquilizado a Noah.
Pero no lo hizo.
Porque ahora era él quien no podía dejar de pensar en eso.
En la cercanía.
En la forma en que Kai lo había mirado en las
escaleras.
En cómo su voz había sonado tan suave al preguntarle si lo había asustado.
"Un poco."
Noah todavía podía sentir el peso de esa respuesta dentro del pecho.
Aquella tarde el cielo estaba despejado por primera vez en mucho tiempo.
La luz naranja del atardecer entraba por las ventanas del liceo y hacía que todo se sintiera diferente.
Más cálido.
Más tranquilo.
Kai estaba dibujando distraídamente sobre su cuaderno mientras la profesora explicaba algo que nadie escuchaba realmente.
Noah intentaba concentrarse.
Pero era imposible.
Cada pocos segundos terminaba mirando hacia el otro lado del salón.
Y cada vez encontraba a Kai sonriendo apenas, como si ya supiera exactamente lo que estaba pasando por su cabeza.
Eso era injusto.
Cuando sonó el timbre de salida, Noah guardó sus cosas rápidamente.
Necesitaba distancia.
Necesitaba aire.
Pero apenas salió al pasillo, Kai apareció caminando a su lado.
—¿Vas huyendo otra vez?
—No estoy huyendo.
—Claro.
Noah suspiró cansado.
—¿Nunca te cansas de molestarme?
Kai fingió pensar unos segundos.
—No realmente.
Bajaron las escaleras entre el ruido de estudiantes hablando y mochilas chocando.
Por primera vez en días, el liceo se sentía normal.
Sin lluvia golpeando las ventanas.
Sin tormentas.
Solo luz cálida entrando por los corredores.
Y aun así Noah seguía sintiendo el corazón demasiado acelerado cada vez que Kai se acercaba.
Salieron finalmente al exterior.
Montevideo brillaba bajo el atardecer y el aire fresco movía suavemente el cabello color ceniza de Kai.
Él levantó la mirada hacia el cielo.
—Es raro ver el sol otra vez.
Noah lo observó unos segundos antes de responder.
—Pensé que te gustaba la lluvia.
Kai sonrió apenas.
—Me gusta más cuando las personas se quedan incluso sin lluvia.
El pecho de Noah se tensó inmediatamente.
Kai dijo eso sin mirarlo.
Como si fuera una frase cualquiera.
Pero Noah entendió perfectamente lo que quería decir.
Caminaron unas cuadras en silencio.
Un silencio tranquilo.
Cómodo.
Hasta que Kai habló otra vez.
—Hoy soñé contigo.
Noah casi se atragantó con su propia
respiración.
—¿Qué?
Kai soltó una risa.
—Relájate. No fue nada raro.
—Contigo todo suena raro.
Kai sonrió más amplio esta vez.
La luz naranja del atardecer iluminaba sus ojos grises de una forma peligrosa.
Demasiado bonita.
—Estábamos en la azotea —dijo finalmente—.
Tú escuchabas música y por primera vez no parecías querer escapar de todo.
Noah apartó la mirada rápidamente.
Porque eso golpeó demasiado cerca.
Kai lo observó en silencio unos segundos.
Después habló más bajo.
—A veces creo que sigues esperando que algo salga mal.
El corazón de Noah se tensó otra vez.
Porque era verdad.
Siempre esperaba eso.
Que la gente cambiara.
Que se cansara.
Que terminara alejándose.
Kai dio un paso más cerca de él mientras el viento frío recorría la avenida.
—No tienes que verte tan asustado todo el tiempo, Noah.
El pecho le ardió inmediatamente.
Porque Kai seguía notando cosas que nadie más veía.
Y porque empezaba a sentirse demasiado cómodo dejando que lo hiciera.
Noah levantó lentamente la mirada hacia él.
Muy cerca otra vez.
Demasiado cerca.
El atardecer teñía todo de naranja alrededor.
Y por un segundo, Noah realmente pensó en besarlo él primero.
La idea lo golpeó tan fuerte que dio un paso atrás inmediatamente.
Kai parpadeó sorprendido.
Noah apartó la mirada.
El corazón le estaba latiendo demasiado rápido.
Y eso solo confirmó algo que ya empezaba a ser imposible ignorar.
Kai ya no le gustaba “un poco”.
El problema era mucho peor que eso.