En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.
NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 15. Las Sonrisas Que Evalúan.
......................
—Vi luz hace un momento.
Seraphine permaneció quieta frente a la puerta.
La vela recién encendida iluminaba apenas una parte de la habitación, dejando el resto cubierto por sombras profundas. Su respiración todavía no terminaba de estabilizarse después del entrenamiento.
La sombra había respondido.
Realmente había respondido.
Y eso era peligroso.
Muy peligroso.
—Debiste imaginarlo —dijo finalmente.
Silencio.
Luego la voz tranquila de Celestine respondió desde el otro lado.
—Tal vez.
Seraphine cerró brevemente los ojos.
Celestine nunca presionaba directamente. Nunca acusaba. Nunca parecía sospechar demasiado.
Pero observaba.
Y la gente que observaba demasiado terminaba conectando cosas.
Seraphine tomó aire lentamente antes de abrir apenas la puerta.
Celestine estaba sola.
Vestía un camisón gris oscuro cubierto por una capa ligera de lana negra. Su cabello claro caía ordenadamente sobre uno de sus hombros y sus ojos recorrieron el cuarto durante apenas un segundo antes de volver hacia ella.
Demasiado rápido para parecer sospechosa.
Demasiado preciso para ser casual.
—¿Qué ocurre? —preguntó Seraphine.
Celestine inclinó apenas la cabeza.
—Padre ordenó que nadie permanezca solo esta noche.
—Entonces claramente decidió ignorar lo incómodo que resulta eso en esta familia.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Celestine.
Breve.
—Sí. Probablemente.
Seraphine se apartó ligeramente permitiéndole entrar.
El ambiente se volvió tenso inmediatamente.
No hostil.
Peor.
Cuidadoso.
Como si ambas intentaran caminar alrededor de una conversación invisible.
Celestine avanzó lentamente hacia la ventana mientras afuera la tormenta comenzaba finalmente a debilitarse.
El cielo seguía oscuro, pero la lluvia ahora descendía más suave sobre las murallas del castillo.
—El ambiente cambió —murmuró Celestine.
Seraphine apoyó una mano sobre la mesa.
—¿Porque hay cadáveres apareciendo o porque padre parece a punto de matar a alguien cada vez que habla?
—Por ambas.
Silencio.
Celestine observó los patios interiores cubiertos por neblina.
—Los sirvientes tienen miedo de caminar solos.
—Inteligentes.
—Y Cassian discutió con padre hace poco.
Eso llamó inmediatamente la atención de Seraphine.
—¿Sobre qué?
Celestine tardó apenas un segundo en responder.
—No escuché todo.
Mentira parcial.
Seraphine lo notó enseguida.
—Pero escuché a padre decir que “el pasado debe permanecer enterrado”.
El estómago de Seraphine se tensó lentamente.
Lyra Morvane.
Todo seguía volviendo hacia ella.
Celestine finalmente giró hacia su hermana.
—¿Qué ocurrió realmente en la capilla?
Pregunta peligrosa.
Seraphine sostuvo su mirada.
—Nada importante.
Celestine la observó unos segundos más.
Como evaluando cuánto insistir.
Finalmente suspiró suavemente.
—Todos están ocultando algo.
La frase quedó suspendida entre ambas.
Y Seraphine sintió una punzada incómoda en el pecho.
Porque sí.
Todos ocultaban algo.
Ella más que nadie.
—Así funciona esta familia —respondió.
Celestine caminó lentamente hacia la puerta.
Antes de salir se detuvo apenas.
—Los invitados llegan mañana.
Seraphine frunció ligeramente el ceño.
Cierto.
Los Arden.
Con toda la locura reciente casi lo había olvidado.
Celestine bajó apenas la voz.
—Y padre está demasiado tenso para que eso sea coincidencia.
Luego salió.
La puerta se cerró suavemente detrás de ella.
Seraphine permaneció inmóvil varios segundos.
Los Arden llegando ahora no era casualidad.
Nada dentro de la nobleza lo era.
—
El amanecer llegó cubierto por niebla gris.
El castillo Valemont despertó temprano bajo órdenes apresuradas, pasos constantes y sirvientes intentando desesperadamente devolver elegancia a un lugar que olía a tensión y humo.
Seraphine observaba desde uno de los balcones superiores.
Abajo, el patio principal estaba lleno de movimiento.
Guardias alineándose. Caballos preparados. Sirvientes colocando estandartes nuevos.
La nobleza tenía una obsesión enfermiza con aparentar estabilidad incluso cuando todo comenzaba a pudrirse.
Las ruedas de varios carruajes resonaron finalmente a la distancia.
Llegaban.
Cassian apareció abajo vestido completamente de negro formal Valemont, impecable como siempre, aunque el agotamiento seguía marcado bajo sus ojos.
Evelyne descendió poco después usando un vestido azul oscuro bordado en plata.
Perfecta. Refinada. Intimidante.
Alaric llegó último.
Sonriendo apenas mientras acomodaba los guantes negros sobre sus manos.
Como si estuviera entretenido.
Seraphine bajó lentamente las escaleras principales hacia el salón de entrada.
Las enormes puertas del castillo se abrieron.
El aire frío de la mañana invadió el interior.
Primero entraron soldados Arden.
Luego sirvientes.
Y finalmente la familia principal.
Lord Octavian Arden avanzó al frente.
Cabello castaño grisáceo cuidadosamente peinado hacia atrás. Rostro severo. Ojos claros y afilados.
Parecía un hombre acostumbrado a negociar mientras calculaba cuánto podía destruir al otro.
A su lado caminaba Lady Vivienne Arden.
Elegante. Hermosa. Con esa sonrisa perfectamente educada que ocultaba más de lo que mostraba.
Y detrás de ellos aparecieron los hijos.
El mayor primero.
Cedric Arden.
Veintiún años.
Cabello rubio oscuro. Hombros anchos. Elegancia impecable.
Parecía exactamente el tipo de heredero noble que las cortes adoraban: seguro, atractivo, correcto.
Pero cuando observó el castillo, Seraphine notó algo importante.
Miraba demasiado a los guardias.
Demasiado a las rutas de entrada y salida.
Militar.
Interesante.
Y luego apareció el menor.
Aeron Arden.
Dieciocho años.
Cabello castaño claro ligeramente desordenado. Expresión tranquila. Ojos gris azulados observando el lugar con una atención incómodamente precisa.
No parecía arrogante. Ni relajado.
Parecía analizar.
Eso hizo que Seraphine prestara más atención inmediatamente.
El duque avanzó hacia ellos con una sonrisa perfectamente construida.
—Lord Arden. Bienvenido nuevamente a Valemont.
Octavian inclinó apenas la cabeza.
—Duque Valemont.
Las formalidades comenzaron rápidamente.
Frases elegantes. Sonrisas calculadas. Mentiras sociales refinadas hasta parecer arte.
Pero Seraphine observó pequeños detalles.
Vivienne examinó discretamente las ventanas dañadas del ala este.
Cedric observó la cantidad inusual de guardias.
Y Aeron…
Aeron estaba observando a la familia.
No al castillo.
A ellos.
Como si intentara entender algo.
El duque habló nuevamente.
—Espero que el viaje no haya sido demasiado incómodo con el clima.
—Hemos soportado peores inviernos —respondió Octavian.
Cedric sonrió ligeramente.
—Aunque admito que sus caminos siguen siendo tan miserables como los recuerdo.
Alaric soltó una pequeña risa.
—Y nosotros seguimos siendo famosos por nuestra hospitalidad encantadora.
Cassian lo ignoró inmediatamente.
Evelyne intervino con elegancia perfecta.
—Las habitaciones ya fueron preparadas.
Lady Vivienne sonrió.
—Siempre tan eficiente, lady Evelyne.
La frase sonó amable.
Pero Seraphine detectó inmediatamente el análisis detrás de ella.
Las mujeres nobles rara vez daban cumplidos gratuitos.
Aeron habló entonces por primera vez.
Su voz era tranquila. Suave incluso.
—Escuchamos rumores preocupantes durante el viaje.
Silencio breve.
El duque no perdió la sonrisa.
—Los rumores suelen exagerar.
Aeron sostuvo su mirada apenas un segundo más de lo normal.
—A veces.
Interesante.
Muy interesante.
No sonó desafiante. Sonó observador.
Como alguien anotando mentalmente una respuesta.
Seraphine sintió inmediatamente una pequeña alarma interna.
Ese hombre veía demasiado.
—
El desayuno formal comenzó una hora después.
La mesa principal estaba cubierta de plata, vino y platos demasiado elaborados para una familia prácticamente al borde del colapso.
Seraphine permanecía sentada entre Celestine y Evelyne mientras observaba discretamente a los Arden.
Cedric hablaba con facilidad.
Demasiada facilidad.
Encantador. Seguro. Político.
Era el tipo de noble criado específicamente para gustarle a las cortes.
Aeron en cambio hablaba poco.
Escuchaba más de lo que intervenía.
Eso lo volvía mucho más peligroso.
Octavian discutía comercio fronterizo con el duque mientras Lady Vivienne observaba cuidadosamente a cada miembro Valemont.
Como si evaluara mercancía.
Alaric rompió parte de la tensión.
—Entonces. ¿También escucharon historias sobre asesinos fantasmales antes de venir?
Cassian cerró los ojos brevemente.
Agotado.
Cedric soltó una pequeña risa.
—Los rumores sobre Valemont siempre son interesantes.
—La gente suele aburrirse demasiado rápido fuera de la capital —respondió Alaric.
Aeron tomó lentamente la copa de vino.
—O quizá los rumores existen por una razón.
Silencio breve.
Seraphine observó cómo Cassian tensaba apenas la mandíbula.
Porque Aeron acababa de desafiar sutilmente al duque sin sonar ofensivo.
Difícil.
Muy difícil de hacer.
El duque respondió tranquilo.
—¿Y cuál crees que es esa razón?
Aeron sostuvo la copa entre los dedos unos segundos antes de responder.
—La gente teme lo que no entiende.
La frase pareció completamente inocente.
Pero algo en la forma en que la dijo hizo que Seraphine sintiera un escalofrío leve.
Como si hubiera más detrás.
Cedric intervino rápidamente antes de que el ambiente se tensara demasiado.
—Mi hermano disfruta demasiado filosofar.
—Porque tú disfrutas demasiado escucharte hablar —respondió Aeron sin alterar el tono.
Eso provocó una pequeña sonrisa real en Alaric.
—Ah. Me agrada este.
Cassian parecía reconsiderando seriamente asesinar a todos en la mesa.
Lady Vivienne habló entonces mirando a Seraphine.
—No recordaba que la hija menor fuera tan hermosa.
El salón quedó apenas más silencioso.
Seraphine sostuvo la mirada de la mujer.
—Supongo que crecí.
Vivienne sonrió ligeramente.
—Claramente.
Y entonces Aeron la observó directamente por primera vez.
No como un hombre mirando una mujer atractiva.
Eso Seraphine sabía reconocerlo perfectamente.
No.
Era otra cosa.
Curiosidad.
Como si intentara entender por qué todo el ambiente cambiaba sutilmente alrededor de ella.
Seraphine mantuvo expresión neutral inmediatamente.
Nunca permitas que alguien observador vea demasiado.
Octavian habló después de beber un poco de vino.
—Escuché que reforzaron seguridad en las murallas.
Cassian respondió antes que el duque.
—Precauciones normales.
Cedric arqueó apenas una ceja.
—¿Normales?
Alaric sonrió lentamente.
—Dependiendo de cuántos cadáveres consideres aceptables por semana.
Evelyne pateó discretamente su pierna bajo la mesa.
Alaric apenas sonrió más.
El duque habló con calma peligrosa.
—Mi hijo disfruta haciendo bromas de mal gusto.
Cedric soltó una pequeña risa diplomática.
Aeron no sonrió.
Seguía observando.
Siempre observando.
Y eso comenzaba a irritar a Seraphine más de lo que debería.
Entonces un sirviente apareció apresuradamente junto a la entrada principal.
Pálido.
Nervioso.
Mala señal.
Se inclinó rápidamente hacia el duque y susurró algo en su oído.
Seraphine vio el cambio inmediato.
Pequeño. Pero real.
La expresión del duque se endureció apenas.
Cassian también lo notó.
Alaric inmediatamente dejó de sonreír.
—¿Ocurre algo? —preguntó Octavian.
El duque respondió demasiado rápido.
—Nada importante.
Mentira.
Y Aeron Arden claramente también lo entendió.
Porque observó fijamente al sirviente mientras este se alejaba apresuradamente.
Luego habló tranquilamente.
—Parece que llegamos en un momento complicado.
Silencio.
El sonido de la lluvia suave contra las ventanas pareció demasiado fuerte de pronto.
Y Seraphine sintió esa sensación incómoda asentarse lentamente otra vez en su pecho.
Porque algo había ocurrido.
Otra vez.
Y esta vez había demasiadas personas inteligentes dentro del castillo.
......................