Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Ema llegó con su grupo; Paolo se colocó a su lado, mientras Lucas se unió al otro equipo. Los hermanos estaban en el sector opuesto.
–Oye… Quiero hablarte de lo nuestro… —comenzó Paolo.
–Paolo, eres un excelente amigo y estoy muy feliz por ti y Silvia. Sé que no podría haber pasado nada entre nosotros; si alguna vez sentiste algo por mí, no me molesta, pero ahora tienes a alguien magnífico a tu lado —murmuró Ema.
Paolo sonrió:
–Eres increíble, ¿sabías? Me alegra tenerte como amiga —rió.
Ema correspondió la sonrisa, pero de pronto sintió que su cuerpo se estremeció.
«Ema… ¡Él está aquí!»
«No puede ser… Justo ahora. ¿Quién es?»
Ema escudriñó a todos los presentes buscando el origen del aroma que la estaba consumiendo por completo. Cuando vio entrar a Adrián, se quedó con los ojos abiertos de par en par.
«Es él»
–¡Qué mierda! —exclamó en voz baja, volteando la vista rápidamente.
–¿Qué pasa? ¿Estás bien? —Paolo la miró preocupado y le ofreció agua. Lucas se acercó al verla pálida.
Adrián fijó su mirada en la joven que mantenía la cabeza baja; no podía ver su rostro.
«Es ella, Adrián»
Apretó los dientes al ver cómo el otro joven le tocó el hombro en señal de apoyo.
–Controlate, Aron —dijo enojado. Su lobo gruñó bajando las orejas, pero sin apartar la mirada de la joven.
...
–Ema… —llamó Lucas.
–Estoy bien, solo fue un mareo… Ya me recuperé —decía volviendo en sí.
«Bell, cálmate. No podemos hacer nada aquí; bloquea el vínculo»
«Pero Ema…»
«Ahora mismo. Hasta que termine la competición»
«Sí… Ema»
Bell se arrimó en un rincón de su interior. Ema sintió su dolor, pero no podía permitirse distraerse en ese momento; tenía que concentrarse.
Adrián percibió cómo ella bloqueaba el lazo entre ellos. La miró fijamente y por fin pudo ver su rostro, que lo desafiaba con la misma intensidad.
«Está evitando el vínculo… Su loba está siendo obligada»
–¡Increíble! —sonrió ladino.
Adrián pronunció unas palabras de bienvenida que dieron comienzo a los juegos; todos aplaudieron. Los grupos se presentaron ante el Rey: Ema lo miró con frialdad, mientras Adrián estaba más que inquieto por su rechazo.
–Patrick, es ella. La alfa Ema —dijo al oído de su ayudante. Patrick se quedó boquiabierto y le entregó la tableta con su información.
–Así que… Ella es su sobrina. Ahora debemos averiguar si sabe algo al respecto —comentó Patrick. Adrián asintió.
...
Ema se sentía más que incómoda; Bell lloraba en su mente y ella percibía un cosquilleo constante por todo su cuerpo.
Aprovechó el tiempo antes del inicio de las pruebas para buscar a Megan: no podía aguantar esa situación sola.
–Tenemos que hablar —la tiró suavemente hacia el baño y se aseguró de que no hubiera nadie más.
–¡Me asustas! ¿Qué sucede? —preguntó Megan alarmada.
–El Rey… ¡El Rey «papacito» es mi pareja destinada! —dijo nerviosa.
Megan se quedó con la boca abierta como si fuera a tocar el suelo; saltó de la emoción.
–¡Por Dios, Ema! ¿Qué vas a hacer? Debes ir a hablar con él —Ema negó con la cabeza enérgica.
–No. Me preparé como una loca para esta competición y, además, sabes que no es mi plan tener un hombre en mi vida ahora mismo —bufó.
–Estás loca… Es un Rey licántropo. Si lo evitas, el vínculo será cada vez más fuerte por su sangre pura —murmuró Megan preocupada.
–Lo sé… ¡Carajo! ¿Por qué justo ahora? —suspiró. En ese momento, sonó la bocina que daba inicio a las pruebas.
–No le digas nada a mi padre; yo solucionaré esto —dijo saliendo apurada.
Megan la abrazó con fuerza:
–Te apoyo en todo, Ema. Todo saldrá bien; solo concéntrate en lo tuyo —le dio ánimos. Ema asintió y corrió hacia su formación.
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