Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...
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CELEBRACIÓN Y SORPRESA
Todo terminó mucho antes de lo que nadie podía imaginar.
Cuando aparecí y vi la situacion, los enemigos eran solo 10,000 hombres. Una cantidad que podría parecer grande para fuerzas comunes, pero nada para mí, ni siquiera comparada con lo que traían Ian y el General Emmanuel: más de 200,000 soldados, suficientes para arrollarlos diez veces sin esfuerzo.
Pero no hacía falta esperar a que ellos llegaran. No hacía falta que se derramara ni una sola gota de sangre de sus hombres, ni que tuvieran que recorrer el camino con la preocupación de lo que encontrarían al llegar. Basté yo sola.
Desplegué las armas del sistema: las Gatling, que lanzaban una lluvia de proyectiles que desarmaban y derribaban sin causar heridas mortales, y las bombas, que estallaba con energía suficiente para destruir sus equipos y romper sus formaciones sin tocar a las personas. En cuestión de horas, todo había acabado. Los 10,000 soldados enemigos, confundidos y aterrorizados por lo que veían, se rindieron sin oponer resistencia y se retiraron rápidamente de la zona.
El silencio y la paz volvieron a la ciudad en muy poco tiempo. Decido no avisarles y esperar
En cuanto todo terminó, pensé en Príncipe Ian y en el General Emmanuel. Sabía que venían camino, que marchaban con todo su ejército, preocupados por lo que pudiera estar pasando aquí, dispuestos a luchar con todo lo que tenían para proteger a la familia real y a la ciudad.
Podría haberles enviado un mensaje, podría haberles hecho saber que ya no había peligro, que todo estaba resuelto, que podían volver a la frontera o venir sin prisas. Pero no lo hice.
La verdad es que, aunque mi deber era proteger la ciudad, lo que más deseaba en ese momento era verlos. Quería ver sus caras, escuchar sus voces, estar con ellos. Había pasado tiempo desde que nos separamos en la ciudad fronteriza, y aunque habíamos hablado a través de mis palabras que resonaban en sus mentes, no había nada como tenerlos cerca.
Así que decidí esperar. Dejaría que vinieran, que recorrieran el camino que habían planeado, que llegaran con todo su ejército, y así podríamos vernos pronto. No quería que se desviaran, ni que cambiaran sus planes; quería que vinieran hasta aquí, para poder estar con ellos lo antes posible.
Además, pensé que sería bonito que llegaran y encontraran todo en calma, que vieran con sus propios ojos que todo estaba bien, y que así pudiéramos compartir este momento juntos.
Pasaron los días. Yo me quedé en el espacio del sistema,estaba viendo la situación a través de la pantalla del sistema, asegurándome de que no quedara ningún peligro, y esperando con paciencia su llegada. También me di cuenta que el segundo príncipe ya había sido conquistado a pesar de aquella vez que nos vimos el parcial no confiar en mi, me di cuenta que no podía oír sus pensamientos,no sabía nada de él y aún así fue conquistado.Deje de darle vueltas al asunto.
Cada día que pasaba, mi deseo de verlos crecía un poco más. Me preguntaba cómo estarían, si estarían cansados del viaje, si se preguntarían qué encontrarían al llegar. Sabía que cuando llegaran, se sorprenderían al ver que todo había terminado, que no había señales de batalla, que la ciudad estaba tranquila y segura. Y me imaginaba su reacción, su sorpresa, su alivio, y eso me hacía sonreír.
No me arrepentí de mi decisión de no avisarles. Sabía que, cuando por fin nos viéramos, todo habría valido la pena.
Y por fin, llegó el día.
Vi en la pantalla del sistema todo el polvo que levantaban los pasos de cientos de miles de hombres, vi ondear los estandartes que yo conocía tan bien, y supe que eran ellos. El ejército del Príncipe Heredero llegaba, con Ian y el General Emmanuel al frente.
Aparecí en la ciudad para recibirlos. Cuando cruzaron las puertas, se detuvieron en seco, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos, confundidos y sorprendidos. Esperaban encontrar ruinas, o al menos señales de una batalla reciente, pero lo que veían era una ciudad en calma, con sus calles limpias, su gente tranquila, sin rastro de que hubiera habido un asedio hacía solo unos días.
El Príncipe Ian y el General Emmanuel salieron de entre las filas, mirando a todos lados, buscando respuestas, y cuando me vieron, corrieron hacia mí.
¡Diosa! exclamó Ian, con una mezcla de alivio y sorpresa. ¿Qué ha pasado? Hemos venido lo más rápido que hemos podido, preparados para luchar, para defender la ciudad, pero al llegar no hay nada. ¿Dónde están los enemigos? ¿Qué ha ocurrido aquí?
El General Emmanuel me miraba con la misma expresión, con los ojos llenos de preguntas y también de alivio al verme bien.
Sonreí con calma, feliz de tenerlos por fin cerca, y les respondí:
Todo ha terminado. Los enemigos eran solo 10,000 hombres, y basté yo sola para detenerlos. La batalla acabó hace días, y desde entonces todo ha estado en calma.
Ellos se quedaron sin palabras, mirándome con asombro.
¿Y por qué no nos avisaste? preguntó el General Emmanuel, con un tono que mezclaba sorpresa.Podrías habernos dicho que todo estaba bien, que no hacía falta que viniéramos con todo el ejército.
Pensé...
(Quería verlos. Quería que vinieran hasta aquí, para poder estar con ustedes pronto. No quería que cambiaran nuestros planes.Solo quería que llegaran, para poder verlos y estar con todos ustedes lo antes posible.)Un silencio profundo ,después de eso les dije que era necesario que se reunieran con su familia.
Ian y el General Emmanuel se miraron entre sí, y luego me miraron a mí, y pude ver en sus ojos que entendían, y que estaban felices de estar allí, de estar conmigo.
No importa dijo Ian, sonriendo. Hemos venido, y lo único que importa es que todo está bien, y que estamos aquí contigo.
El General Emmanuel asintió con la cabeza, con una sonrisa en los labios:
Sí. Hemos recorrido el camino, y no hay lugar donde prefiramos estar ahora que aquí.
Y así, mientras el ejército se acomodaba en las afueras de la ciudad, yo me quedé con ellos, por fin cumpliendo lo que más deseaba: estar con las personas que me importaban, compartiendo este momento de paz y tranquilidad.
El Emperador y los Príncipes y la princesa se unieron a recibir al Príncipe Ian y al General Emmanuel todo había acabado sin contratiempos.El Emperador dijo que los Xiongnu querían firmar un tratado de paz,que mañana hablarían de eso en la corte imperial, también les dijo que descansaran.
En mi mente surgió una idea y le dije al sistema:
"Sistema, quiero que cambies el entorno del espacio para que sea moderno, cómodo y funcional. Necesito un refrigerador amplio, varios cuartos bien equipados y un baño grande con regadera y tina de baño. Todo tiene que estar listo ahora mismo. Y además, necesito que tengas preparada ropa limpia y cómoda para ellos, adecuada a su época y a su condición, para que puedan cambiarse después de todo el viaje."
El espacio se transformó en un lugar luminoso, limpio y lleno de comodidades: el refrigerador brillaba en un rincón, los cuartos tenían camas mullidas y suaves, el baño contaba con todo lo necesario para el aseo, y sobre una mesa de la zona común había montones de prendas: ropa interior, túnicas, calzado y mantos, todo de telas finas, cómodas y acorde a su epoca
Una vez que todo estuvo preparado en segundos, les dije que sé irían conmigo con un chasquido de mis manos los lleve al espacio, todavía con el polvo del camino en la ropa y cansados.
Al entrar, se quedaron paralizados, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos, sin poder creer lo que veían.
¿Qué lugar es este? preguntó el General Emmanuel, mirando cada rincón con asombro. Es... es increíble. Nunca había visto algo así.
Kyros, que no apartaba la mirada de nada, asintió con la cabeza:
Es diferente a todo lo que conocemos. Todo parece tan limpio, tan ordenado, tan... especial.
Sonreí y les expliqué:
He preparado todo esto para todos. De seguro que están cansados. Aquí podrán descansar,bañarse y estar cómodos.
Señalé la mesa con la ropa:
Aquí hay ropa limpia para ustedes, adecuada para su condición. Podrán cambiarse cuando quieran.
Ellos se acercaron a ver las prendas, pasando las manos por las telas con admiración.
Es ropa de muy buena calidad dijo Ian. Se siente suave y cómoda. Gracias, Diosa.
Después de que cambiaran su ropa sucia por la limpia, los guié hasta el baño para explicarles cómo funcionaba todo:
Esta es la regadera señalé. Aquí tienen unas perillas: la de la izquierda es para el agua fría, la de la derecha para el agua caliente. Pueden mezclarlas para conseguir la temperatura que les guste. Y este botón sirve para ajustar la intensidad del agua.
Luego señalé la tina:
Y esta es la tina. Solo tenéis que abrir esta llave para que se llene de agua, y cerrarla cuando esté lista. Hay jabones, esponjas y toallas limpias a los lados. Usad lo que necesiten.
Escuchaban con atención, haciendo preguntas para asegurarse de entender todo, y una vez que estuvieron listos, entraron al baño por turnos. Cuando salieron, el cambio era notable: se veían frescos, limpios y mucho más relajados que cuando habían llegado.
Mientras ellos se aseaban, pedí al sistema que me canjeara la comida y las bebidas:
Sistema, quiero hotpot con caldos de diferentes sabores, fideos instantáneos, carne de varios cortes, muchas cervezas frías y sodas. Todo listo para servir.
En cuestión de segundos, la mesa se llenó de todo lo que había pedido. La olla del hotpot humeaba en el centro, la carne se veía fresca y apetitosa, y las bebidas estaban frías y listas para beber.
Cuando se sentaron a comer, volvieron a sorprenderse:
¡Esto huele delicioso! dijo Kyros, acercándose a la olla. ¿Qué es esto?
Es hotpot expliqué. Cocinamos la comida en estos caldos calientes. Podrán echar la carne, los fideos y lo que quieran, esperan un poco y comen. Es muy sabroso.
Empezaron a comer con ganas, y pronto las risas y las conversaciones llenaron el espacio. Las cervezas empezaron a circular, y yo, animada por el ambiente tan alegre, también empecé a beber. Al principio lo hacía con moderación, pero a medida que pasaban las horas, las historias, las risas y las cervezas se fueron multiplicando, y pronto yo también me sentí ligera, feliz y sin preocupaciones. No me di cuenta de cuánto había bebido hasta que mis mejillas estaban sonrosadas, mi cabeza daba vueltas levemente y todo parecía más divertido de lo normal
El ambiente se volvía cada vez más cálido y alegre. Todos estábamos felices, aliviados de que todo hubiera terminado bien, contentos de estar juntos y de poder descansar por fin.
Ian fue el primero en levantarse, tambaleándose un poco, y se acercó a mí con una sonrisa grande:
¡Gracias por todo! ¡Por salvarnos, por preparar este lugar, por ser tan maravillosa!
Y sin pensarlo dos veces, me dio un beso suave en los labios, impulsado por la alegría y la gratitud.
Antes de que pudiera decir nada, Emmanuel también se levantó, con las mejillas sonrosadas, y se acercó a mí:
¡Yo también quiero darte las gracias! ¡Eres la mejor!
Y me dio otro beso, un poco más largo, lleno de admiración y afecto.
Kyros, que me miraba con los ojos brillantes y llenos de deseo, se levantó con más firmeza que los otros dos, se acercó a mí y me tomó suavemente de la barbilla para que lo mirara.
Yo te quiero más que a nadie dijo con voz ronca por el alcohol. Desde que te vi por primera vez, supe que eras especial. Y ahora, después de todo lo que has hecho, solo quiero estar contigo.
Y me besó. Fue un beso profundo, intenso, lleno de todo el sentimiento que había guardado durante tanto tiempo. Un beso que decía todo lo que sentía sin necesidad de palabras.
Yo me quedé allí, en medio de los tres hombres, todos borrachos incluida yo, todos llenos de emociones, y me sentí querida y feliz. El alcohol me había hecho perder la timidez, y solo quería estar cerca de ellos, de los tres.
Cuando el cansancio empezó a ganar terreno, ninguno tuvo fuerzas para irse a cuartos separados. Todo parecía más fácil, más cómodo, si nos quedábamos todos juntos. Así que, entre risas y pasos torpes, nos dirigimos a mi cuarto, donde había una cama enorme y mullida, lo suficientemente grande para todos. Nos metimos en ella, abrazados unos a otros, sin importarnos nada más, y en cuestión de minutos, todos nos quedamos profundamente dormidos.
A la mañana siguiente, me desperté primero. Tenía la cabeza un poco pesada por el exceso de alcohol, pero lo que realmente me hizo abrir los ojos de golpe fue la sensación de tener cuerpos calientes a mi alrededor.
Miré a mi lado y me quedé helada. Allí estaban los tres: Ian, Emmanuel y Kyros, todos desnudos, durmiendo plácidamente a mi lado, y yo tampoco tenía nada puesto. El recuerdo de todo lo que habíamos hecho la noche anterior me vino a la mente de golpe: las risas, las cervezas, los besos, y luego habernos metido todos juntos en la cama sin importarnos nada.
Sentí cómo me subía la sangre a la cara, y mi cuerpo se llenó de una vergüenza inmensa. ¡¿Qué había hecho?! ¡¿Cómo había podido dejar que pasara esto?!
¡Sistema! pensé con desesperación—. ¡Rápido! ¡Haz que todos nos vistamos de inmediato con ropa limpia y adecuada! ¡Y prepara todo para que puedan salir de aquí en cuanto se despierten!
En un abrir y cerrar de ojos, la ropa apareció en nuestros cuerpos: para mí, una túnica cómoda y decente, y para ellos, las prendas adecuadas a su condición, limpias y bien colocadas.
En ese momento, ellos empezaron a despertar también. Primero Ian, que abrió los ojos, miró a su alrededor y se quedó paralizado al verme y a los demás en la misma cama. Luego fue Emmanuel, que hizo lo mismo, con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta por la sorpresa. Y por último Kyros, que al darse cuenta de la situación, se quedó inmóvil, con una expresión de incredulidad y vergüenza en el rostro.
Hubo un silencio absoluto, roto solo por el sonido de nuestras respiraciones. Nadie decía nada, todos nos mirábamos unos a otros sin saber qué decir.
Yo me levanté de la cama de un salto, con la cara completamente roja, sin poder mirarlos a los ojos.
¡Yo... yo... no sé qué pasó! dije con voz temblorosa por la vergüenza. ¡Lo siento mucho! ¡No debió pasar esto! ¡esto fueron ustedes,ustedes vinieron a mí cuarto!
No podía quedarme allí ni un segundo más. Sentía que me iba a desmayar de la vergüenza. Así que, sin decir nada más, pedí al sistema que los saqué a todos de allí, llevándolos directamente afuera de la corte, antes de que pudieran decirme nada.
Cuando por fin estuvieron fuera, grité y me quedé apoyada contra la almohada, con el corazón latiendo con fuerza y la cara todavía ardiendo. No podía creer lo que había pasado. Esperaba que, con el tiempo, pudiéramos olvidar lo sucedido y que no cambiara nada entre nosotros, pero por ahora, lo único que quería era esconderme y no salir de allí por un tiempo.Ellos no tuvieron tiempo de nada ya estaban ahí en la puerta y la reunión del tratado de paz y a era casi la hora así que entraron en la corte imperial.