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EL CONFÍN

EL CONFÍN

Status: Terminada
Genre:Aventura / Reencuentro / Posesivo / Completas
Popularitas:44
Nilai: 5
nombre de autor: Pablo Ezequiel

A los 30 años, Alejandro cumplió su mayor sueño: ser dueño del bar más popular de la zona. Atractivo, de cabello oscuro peinado hacia atrás, barba cuidada y ojos claros que llaman la atención, es un hombre carismático y seductor que disfruta de su soltería.

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Verdades que se mezclan

El silencio que se había instalado en el bar era más pesado que cualquier palabra. La gente miraba de un lado a otro, sin atreverse a hablar, como si el aire mismo se hubiera vuelto denso, cargado de preguntas que nadie se animaba a formular. Alejandro se quedó parado frente a Elena, con la mente dando vueltas a todo lo que acababa de escuchar, intentando ordenar las ideas, separar lo que parecía verdad de lo que podía ser una nueva mentira.

Por un lado, todo lo que ella había dicho tenía sentido. Su forma de acercarse, sus miradas, la intensidad con la que se había entregado a él... todo había sido tan real, tan profundo, que le costaba creer que hubiera sido parte de un plan. Pero por otro lado, Javier había aparecido justo después de que ella terminara de hablar, con esa sonrisa triunfante, con esas palabras que dejaban claro que nada era lo que parecía. Y ahora no sabía a quién creer.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó él finalmente, con una voz suave pero firme, clavando sus ojos claros en los de ella, buscando en su rostro la respuesta que necesitaba—. Si todo fue una mentira, si solo estabas cumpliendo una orden... ¿por qué me lo dijiste? ¿Por qué te arriesgaste a decirme la verdad?

Elena suspiró, pasando una mano por su cabello negro, que ahora parecía más desordenado, más frágil que nunca. Sus ojos oscuros se llenaron de lágrimas que luchaban por salir, pero ella las contuvo con fuerza, mirándolo directamente, sin bajar la vista.

—Porque no pude seguir mintiéndote, Alejandro —respondió, con la voz temblando pero llena de sinceridad—. Al principio, todo era como me habían dicho: un trabajo, una misión, información que recopilar. Yo no sabía quién eras realmente, solo sabía que eras alguien importante, que tenías cosas que valían mucho para ellos. Pero cuando te vi, cuando empecé a hablar contigo, cuando pasamos tiempo juntos... todo cambió. Me di cuenta de que lo que yo sentía por ti no era una actuación. Era real. Cada mirada, cada palabra, cada momento que compartimos... todo lo sentí de verdad. Y no podía seguir fingiendo que no era así. No podía seguir estando contigo sabiendo que lo que hacía era para hacerte daño.

Se acercó un poco más, extendiendo una mano hacia él, pero se detuvo a medio camino, como si temiera que él la rechazara, como si supiera que ya no podían volver a ser lo que eran antes.

—Y además... —continuó ella, bajando la voz—. Cuando me di cuenta de que lo que buscaban no era solo información, sino algo mucho más grande, algo que tenía que ver con tu pasado... algo que tú creías haber dejado muy lejos... supe que no podía seguir callada. Porque lo que ellos quieren... no es solo conocerte. Quieren usar lo que saben de ti para conseguir lo que ellos quieren. Y eso te destruiría. A ti, a tu bar, a todo lo que has construido con tanto esfuerzo. No podía dejar que pasara. Por eso te lo dije todo. Por eso te lo cuento ahora.

Alejandro la miró, analizando cada palabra, cada gesto. Había dolor en sus ojos, sinceridad en su voz, una verdad que se leía en cada línea de su rostro. Pero también estaba la duda, esa voz interior que le decía que nada era tan simple como parecía, que Javier había dicho algo muy importante: que todos tenían sus propios secretos, y que el suyo era más grande de lo que él creía.

—Pero Javier dijo algo... —empezó él, haciendo una pausa, eligiendo bien sus palabras—. Dijo que en este juego todos tenemos nuestros secretos. Y que mi pasado es mucho más oscuro de lo que me imagino. ¿Qué quiso decir con eso? ¿Sabía él cosas que yo no sé? ¿O... ¿es solo otra mentira para confundirme?

Elena se quedó en silencio un momento, mordiéndose el labio inferior, como si estuviera luchando con algo que quería decir pero que le costaba pronunciar. Finalmente, decidió hablar, con una expresión de tristeza y preocupación.

—Yo... yo no sé todo lo que saben —admitió ella, con la voz baja—. Lo que te conté es lo que yo descubrí por mi cuenta, lo que me dejaron saber. Pero... hay cosas que no me han dicho. Cosas que solo las personas más cercanas a Javier conocen. Y también... hay algo más. Algo que me hizo dudar de todo, algo que vi cuando estaba investigando.

Se acercó un poco más, hablando ahora casi al oído, con urgencia, como si tuviera prisa por decirlo antes de que alguien más lo oyera.

—Descubrí que Javier no es solo un hombre que busca información o poder. Él tiene una misión muy antigua, una que viene de mucho tiempo atrás. Y tú... tú eres parte de esa historia. Él sabe quién eras realmente, Alejandro. Sabe lo que fuiste, sabe lo que hiciste, sabe todo lo que creías haber olvidado o dejado atrás. Y lo que quiere... es que tú vuelvas a ser esa persona. Porque cree que tú eres el único que puede hacer lo que él necesita.

Alejandro sintió cómo le latía el corazón con más fuerza, cómo una alerta silenciosa se encendía en lo más profundo de su ser. Todo lo que había creído haber dejado atrás, todo lo que había construido con tanto cuidado, parecía estar desmoronándose ante sus ojos. Pero seguía manteniendo la calma, seguía sin mostrar más de lo que quería.

—¿Y por qué me lo dices? —preguntó él, con calma, aunque por dentro todo estaba en movimiento—. Si lo que quieren es que yo vuelva a ser lo que fui... ¿por qué me estás ayudando? ¿Por qué no me dejas que pase lo que tenga que pasar?

Ella lo miró a los ojos, con una mirada llena de amor y determinación.

—Porque yo no quiero que vuelvas a ser esa persona —respondió ella, con firmeza—. Yo te conozco ahora. Te conozco como eres: un hombre que construyó su vida desde cero, que trabaja duro, que cuida de los que están a su alrededor, que tiene una dignidad que nadie puede quitarte. No quiero que vuelvas a ese mundo oscuro, a esas cosas que te hicieron sufrir. Quiero que sigas siendo tú. Quiero que este bar, esta vida que has construido, siga siendo tuya. Por eso te lo digo todo. Por eso te aviso. Para que te protejas. Para que te prepares.

Se hizo otro silencio, más corto esta vez, pero más intenso. Alejandro miró a su alrededor, vio a sus amigos que lo miraban con preocupación, vio a los clientes que ya empezaban a hablar en susurros, sin atreverse a acercarse más. Luego volvió la vista hacia Elena, y una pregunta más le vino a la mente, una que tenía que hacer, por más que le doliera.

—¿Y tú? —preguntó él, con suavidad pero con claridad—. Si me ayudas, si me dices todo esto... ¿qué pasará contigo? ¿Qué pasará entre nosotros? Porque ahora todo es diferente. Ya no sé qué es verdad y qué es mentira. Ya no sé si lo que sentiste fue real o si también fue parte del plan.

Elena bajó la mirada un instante, luego la volvió a levantar, con los ojos llenos de lágrimas que finalmente se deslizaron por sus mejillas.

—Lo que sentí fue real, Alejandro. Te lo juro por todo lo que más quiero —dijo ella, con la voz rota por la emoción—. Nada de lo que hemos vivido fue falso. Cada beso, cada abrazo, cada palabra... todo lo sentí de verdad. Y por eso, pase lo que pase, quiero estar a tu lado. Sé que es difícil, sé que todo se ha vuelto complicado, pero no me voy a ir. No te voy a dejar solo. Aunque tengamos que enfrentarnos a todo el mundo, aunque tengamos que descubrir la verdad juntos... quiero hacerlo contigo.

En ese momento, la puerta se abrió de nuevo, pero esta vez no era Javier, ni sus hombres. Era Elías.

Entró con su paso lento y silencioso, con el sombrero en su lugar, con esa mirada inteligente y misteriosa que lo caracterizaba. Recorrió todo el local con la vista, se detuvo en ellos dos, y una sonrisa pequeña apareció en sus labios, una sonrisa que no traía nada bueno, pero que tampoco traía nada que no esperaran.

—Veo que ya han hablado —dijo él, con su voz suave y pausada, que sonaba como un susurro pero que llegaba a todos los rincones—. Veo que ya se han dicho muchas cosas. Y veo que ahora hay muchas preguntas, muchas dudas, muchas verdades que aún no han salido a la luz.

Se acercó al mostrador, se apoyó en él, mirando a Alejandro fijamente.

—He venido porque creo que es hora de que todo se aclare —continuó él, con calma—. Porque todos aquí tienen algo que decir, todos tienen algo que ocultar, y todos tienen algo que ganar o perder con lo que va a pasar. Pero quiero que sepan una cosa: nada es lo que parece. Las personas que creen conocer, las cosas que creen saber... todo puede cambiar en un instante. Y lo que es más importante: nadie es solo una cosa. Nadie es solo bueno, ni solo malo. Todos llevamos dentro cosas que hemos hecho, cosas que hemos dejado atrás, cosas que queremos proteger.

Miró a Elena, luego volvió la vista hacia Alejandro.

—Tú tienes una historia, Alejandro. Una historia que te ha marcado, una historia que te ha hecho ser quien eres hoy. Y aunque quieras olvidarla, aunque quieras dejarla atrás... siempre estará ahí. Y ahora, por cosas que no has hecho tú, por decisiones que tomaron otros cuando tú no tenías nada que ver... esa historia ha vuelto a llamar a tu puerta.

Hizo una pausa, mirando a todos los que estaban allí, haciendo que cada uno sintiera que hablaba directamente con él.

—Javier no es el único que tiene intereses en ti. Yo también tengo los míos. No vengo aquí para hacerte daño, ni para pedirte nada. Vengo para decirte que no estás solo. Que hay gente que sabe lo que pasa, que sabe lo que vales, y que está dispuesta a ayudarte a descubrir la verdad. Pero te advierto, Alejandro: cuanto más sepas, más difícil será volver atrás. Porque la verdad... a veces duele más que cualquier mentira.

Se enderezó, se ajustó el sombrero sobre la frente, y se giró para irse, pero antes de cruzar la puerta, se giró una última vez.

—Y recuerden esto: en este juego, todos son piezas. Pero tú, Alejandro... tú eres el que mueve las fichas. Tú decides hacia dónde va todo. Solo tienes que saber cuáles son tus verdaderos objetivos.

Salió del local, dejando tras de sí un silencio aún más profundo, una sensación de que todo era mucho más grande, mucho más complejo de lo que parecía.

Alejandro se quedó mirando la puerta cerrada, con la mente llena de preguntas, de dudas, de verdades que se mezclaban unas con otras. Miró a Elena, que lo miraba con tristeza y esperanza al mismo tiempo, y sintió que tenía que tomar una decisión. No podía seguir así, sin saber qué era verdad y qué era mentira. No podía seguir esperando. Tenía que descubrir la realidad, fuera cual fuera.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó él, con calma, pero con una determinación que antes no había tenido—. Tengo que saber la verdad. Tengo que saber quién soy realmente, qué pasó en mi pasado, qué quieren de mí y por qué. Y quiero que estés conmigo. Si lo que sentiste es real, si lo que dices es verdad... entonces caminemos juntos. Descubramos todo esto. Juntos.

Elena asintió rápidamente, con una sonrisa que por fin parecía verdadera, que iluminó su rostro después de todo lo que habían pasado.

—Estoy contigo. Pase lo que pase, estaré contigo —dijo ella, con firmeza.

Alejandro miró alrededor, vio a sus amigos que lo miraban con confianza, sintió la fuerza que tenía a su alrededor. Sabía que el camino que tenía por delante iba a ser difícil, que iba a haber peligros, que iba a haber sorpresas. Pero por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo. Porque sabía que no estaba solo. Y sabía que, pase lo que pase, él iba a seguir siendo él.

Se enderezó, se pasó una mano por su cabello oscuro, volviendo a ser el hombre seguro y elegante que todos conocían, pero ahora con una fuerza nueva, con una claridad que antes no tenía.

—Bien —dijo él, con voz firme y clara—. Entonces empecemos. Porque es hora de que la verdad salga a la luz.

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