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LA LUNA HIBRIDA DEL ALFA

LA LUNA HIBRIDA DEL ALFA

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Amor eterno
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Samanta Otero

En un mundo donde hombres lobo, vampiros y humanos conviven bajo una alianza sagrada, Lyra creció sin saber quién era realmente. Criada entre humanos, ella es mucho más especial de lo que imagina: es una híbrida, la mezcla perfecta entre la fuerza del lobo y la magia del vampiro, dotada de poderes únicos: puede leer la mente, ver el futuro y controlar las emociones, tal como lo anunció una antigua profecía.

Todo cambia el día que conoce al Alfa Cael, el líder más poderoso de todos los lobos. Desde el primer instante, el destino los une: ella es su pareja predestinada, su otra mitad, el amor que esperó toda su vida. Pero no todo es paz. Existen clanes oscuros de vampiros y lobos malvados que odian la alianza y quieren apoderarse del inmenso poder de Lyra para dominar todo el mundo.

Ahora, juntos deberán enfrentar traiciones, peligros y guerras, mientras viven un amor épico, intenso e irrompible que nada podrá romper. ¿Podrán proteger su amor y su destino, o la oscuridad logrará separa

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Encuentro inesperado

Todo estaba listo. Pasaron apenas unas horas desde que habían decidido qué hacer, y ya no había tiempo que perder. El cielo se estaba poniendo cada vez más oscuro hacia el lado de las montañas, y el aire se sentía más frío, más pesado, como si la misma tierra estuviera temblando de miedo por lo que se venía. Vlad estaba parado en la puerta principal, con su armadura brillante, su espada bien ceñida al cinturón y la cara seria, pero con una sonrisa tranquila y valiente. A su lado estaban los diez mejores guerreros de todo el reino: hombres fuertes, rápidos, valientes, que darían la vida sin dudar por proteger a Lyra y a todo lo que amaban. Caballos altos y fuertes pateaban la tierra con impaciencia, listos para correr días y noches sin parar, llevando sobre sus lomos a los guerreros y todo lo necesario para aquel viaje largo y lleno de riesgos.

Lyra, Cael y Mara estaban ahí también, despidiéndolos, con el corazón apretado pero con la cabeza bien alta. Todos sabían que ese viaje era muy peligroso, que iban hacia tierras desconocidas, llenas de riesgos, de magia mala, de criaturas que nadie quería encontrarse. Pero también sabían que era necesario, que si no iban ellos, Dargan conseguiría esa piedra terrible y todo estaría perdido para siempre.

Vlad se acercó a Lyra, se arrodilló un momento ante ella, como siempre hacía para mostrarle respeto y lealtad, y le tomó la mano con mucha suavidad. Sus ojos brillaban con fuerza, pero también con mucho cariño por esa reina que se había ganado el corazón de todo el reino con su bondad y su valentía.

—Mi reina, mi niña —le dijo él con voz firme pero llena de emoción—. Ya sabés lo que tenemos que hacer: llegar a la Montaña Olvidada, entrar en el Templo Antiguo, y proteger o destruir la Piedra del Infinito, antes que él ponga sus manos sucias sobre ella. Es una misión dura, llena de peligros, pero te prometo por mi honor, por mi vida y por todo lo que soy, que vamos a llegar, que vamos a cumplir, y que vamos a volver sanos y salvos. No voy a dejar que nada malo pase, te lo juro por todo lo que más quieras.

Lyra le acomodó el casco, le miró a los ojos y le apretó la mano con fuerza, con mucho amor y mucha confianza. Ella sabía que Vlad era el hombre más leal y valiente que existía, y sabía también que cada paso que él daba era por ella y por la paz de todos.

—Lo sé, Vlad, lo sé bien —le respondió ella con voz clara y segura—. Sé que sos el mejor de todos, sé que podés con todo, sé que vas a hacer lo imposible por nosotros. Pero te pido una cosa, por favor: **tené mucho cuidado, cuidate mucho, y cuidá a los que van con vos**. No arriesgues la vida si no es necesario, porque vos valés muchísimo para mí, para todos nosotros. Te voy a estar esperando acá, con el corazón en la mano, todos los días, todas las noches. Volvé pronto, por favor, que te necesitamos acá, con nosotros, defendiendo nuestro hogar.

Mara se acercó también, le dio un abrazo fuerte, como solo una madre o una abuela sabe dar, y le acomodó la capa para que el frío no le calara los huesos en el camino. Sus ojos estaban húmedos, pero sonreía con orgullo, sabiendo que aquel hombre valiente iba a hacer historia.

—Andá tranquilo, hijo —le dijo ella bajito, poniéndole una mano en el pecho, justo sobre su corazón—. Que la luz te acompañe en cada paso, que te guíe y te proteja de todo mal. Que te dé fuerza cuando estés cansado, valor cuando tengas miedo, y claridad cuando no sepas qué camino tomar. Y andá con cuidado, que el mal está al acecho en todos lados, escondido en las sombras, esperando el momento justo para atacar. Acá nos quedamos nosotras, defendiendo la casa, preparando todo para cuando vuelvan. Tené fe, que todo va a salir bien, porque la verdad y el amor siempre ganan al final.

Cael le dio un golpe suave en el hombro, con esa fuerza de amigo y compañero que tenían desde hacía tantos años, desde que eran chicos y entrenaban juntos para ser guerreros. Lo miró con seriedad, pero con una sonrisa que decía todo lo que sentía.

—Sé fuerte, sé rápido y sé listo —le dijo él, con la voz profunda y segura—. No te confíes de nada ni de nadie, y si necesitás algo, si sentís que no podés más, si hay algo que no entiendas… acordate que Lyra nos dio su luz, y esa luz está también en vos, en cada uno de los que van con vos. Te va a ayudar, te va a dar fuerza, te va a mostrar el camino correcto. Vayan con Dios, amigo mío, y vuelvan pronto, que acá los vamos a estar esperando con las puertas abiertas y los brazos listos para abrazarlos.

Vlad asintió, se paró derecho, dio media vuelta y levantó la mano para dar la orden de partida. Los diez hombres montaron rápido sus caballos, animales fuertes y veloces, entrenados para correr días y noches sin parar. Y así, en silencio, con mucha determinación, salieron por la puerta grande, atravesaron el puente y se perdieron camino hacia las montañas altas y oscuras, donde nadie quería ir, donde solo iban los que tenían una misión que cumplir y valor de sobra.

Lyra los miró irse hasta que se perdieron de vista entre los árboles y la niebla, y sintió como si le arrancaran un pedacito del corazón. Pero no lloró, no se dejó vencer por la tristeza, al contrario: respiró hondo, se enderezó y miró a todos los que estaban ahí con ella, a los guerreros que se quedaban, a la gente que miraba todo con respeto y esperanza.

—Bueno… ahora nos toca a nosotros —dijo ella con voz fuerte y clara, para que todos la escucharan—. Ellos cumplen su parte, arriesgando todo por nosotros, y nosotros tenemos que cumplir la nuestra: preparar todo aquí, estar listos, estar unidos, estar fuertes. ¡Vamos, todos a trabajar! ¡No hay tiempo que perder, el enemigo está cerca y nosotros tenemos que estar más preparados que nunca!

Mientras tanto, Vlad y sus hombres cabalgaban rápido, muy rápido, sin hablar mucho, atentos a cualquier ruido, a cualquier sombra, a cualquier cosa rara que pudieran ver. Iban por caminos viejos, caminos que casi nadie usaba, caminos llenos de piedras, de árboles muy grandes y espesos, donde apenas entraba la luz del sol, donde todo se veía oscuro y misterioso. A medida que avanzaban, el aire se ponía más frío, el silencio se hacía más grande, y se sentía una sensación extraña, como si alguien los estuviera mirando todo el tiempo, escondido entre los árboles o detrás de las rocas, vigilando cada uno de sus movimientos.

Ya llevaban varias horas cabalgando, sin parar ni un momento, cuando llegaron a un lugar donde el camino se dividía en dos, justo en medio de un bosque inmenso y antiguo. A la izquierda, el camino seguía hacia arriba, entre rocas altas y negras, muy cerrado, oscuro y lleno de espinos que rasgaban el aire. A la derecha, bajaba hacia un valle lleno de niebla espesa, blanca como la leche, que no dejaba ver nada más allá de unos metros, que parecía no tener fin. Todos se detuvieron, miraron para un lado y para el otro, sin saber bien cuál tomar, porque en los mapas antiguos que llevaban no decía nada de esa división, como si alguien hubiera borrado esa parte a propósito.

—¿Cuál tomamos, jefe? —preguntó uno de los hombres, un joven llamado Gael, muy valiente pero con un poco de miedo en la voz, mirando con desconfianza ambos caminos—. El de la izquierda se ve muy cerrado, muy feo, da mala espina… pero el de la derecha tiene esa niebla que no me gusta nada, parece que esconde algo malo ahí adentro, algo que no queremos ver.

Vlad se quedó callado un momento, mirando con mucha atención, usando todos sus sentidos, su experiencia de tantos años viajando y peleando, su instinto de guerrero que nunca le fallaba. Respiró hondo, olió el aire, escuchó con cuidado… y de pronto, levantó la mano para que todos se callaran, y señaló hacia unos arbustos que estaban un poco más adelante, a la orilla del camino de la derecha.

—Miren allá… —susurró él despacio, casi sin voz, para no hacer ruido—. ¿Ven eso? Se mueve, pero no es el viento… es alguien, o algo, que está ahí espiándonos, que nos está mirando desde hace rato.

Todos sacaron sus espadas despacio, sin hacer ruido, preparados para lo que fuera, listos para pelear o para defenderse. Y de pronto, salió de entre los arbustos una figura pequeña, delgada, envuelta en una capa vieja y gris, llena de polvo y de años, con la cara tapada casi toda por una capucha, y caminando despacito apoyada en un bastón de madera oscura y dura. Se paró frente a ellos, sin miedo, sin correr, y se quedó mirándolos en silencio, como si los estuviera esperando desde siempre.

—¿Quién sos? ¿Qué hacés acá? —le preguntó Vlad con voz seria, sin bajar la espada, pero sin atacar tampoco, porque veía que no tenía armas, que no parecía peligrosa—. Somos amigos, no te vamos a hacer daño, pero hablanos, decinos quién sos y qué hacés escondida ahí.

La figura se destapó la cara despacio, y vieron que era una mujer muy anciana, muy arrugada, con la piel como papel viejo, pero con los ojos muy brillantes y vivos, negros y profundos, que parecían ver mucho más de lo que veían los demás. Sonrió con una sonrisa dulce pero un poquito triste, una sonrisa que había visto pasar siglos y siglos.

—No me tengan miedo, guerreros —les dijo ella con voz suave, como un susurro del viento entre las hojas, tranquila y segura—. Hace mucho tiempo que los estoy esperando. Sabía que iban a venir, sabía que iban a pasar por acá, sabía que tenían una misión muy grande y muy importante, de esas que cambian el destino de todo un pueblo.

Vlad y los hombres se miraron entre ellos, muy sorprendidos. ¿Cómo podía saber eso esa vieja desconocida? ¿Quién era ella? ¿Era amiga o era enemiga? ¿Sería una trampa del malvado Dargan?

—¿Cómo sabés todo eso, abuela? —le preguntó Vlad, bajando un poco la espada, más tranquilo ya, porque sentía en su corazón que ella no tenía maldad—. ¿Quién sos vos? ¿Nos podés ayudar o nos venís a avisar de algún peligro?

—Me llamo Elara —le respondió ella, con orgullo y dignidad, como si ese nombre fuera conocido por todos hace mucho tiempo—. Y soy una de las últimas que quedan de los antiguos guardianes de estas tierras, de los que cuidaban estos bosques y estos caminos antes de que nadie viviera por acá. Conozco cada piedra, cada árbol, cada secreto, cada rincón de estos caminos, como si fueran mi propia casa. Y sé también lo que busca ese hombre malo, Dargan, lo que quiere hacer, el daño que quiere causar a todo el mundo. Y sé también que ustedes van hacia la Montaña Olvidada, a intentar detenerlo antes de que sea demasiado tarde.

Se acercó un poquito más, miró a Vlad a los ojos, profundamente, como si le leyera el alma, y le dijo muy seria, con gravedad:

—Escuchame bien, hijo mío, porque esto es cuestión de vida o muerte: **si toman el camino de la izquierda, van a morir todos antes de llegar a la mitad**. Ese camino está lleno de trampas, de magia oscura, de cosas malas y terribles que él puso ahí hace mucho tiempo, esperando justamente a que alguien pasara, para destruirlo sin piedad. Pero si toman el camino de la derecha, el de la niebla… es más largo, es más difícil, da mucho miedo, se ve oscuro y cerrado… **PERO ES EL ÚNICO QUE LOS VA A DEJAR LLEGAR VIVOS.** Y además… yo voy con ustedes, los voy a guiar paso a paso, porque conmigo, la niebla no es peligrosa, yo conozco el secreto para pasar sin que nada los toque, sin que nada les haga daño.

Todos se quedaron callados, asombrados, pero al mismo tiempo sintieron que ella decía la verdad, que podían confiar en ella, que era un regalo del cielo haberla encontrado ahí. Vlad le tomó la mano con mucho respeto y le dijo con gratitud en la voz:

—Gracias, Elara, muchas gracias, nos salvaste la vida sin querer, o mejor dicho, queriendo ayudarnos. Nos hubiéramos muerto todos si pasábamos por el otro lado. Vamos con vos, te seguimos a donde nos lleves, confiamos en vos de todo corazón. Y te prometemos que si salimos bien de todo esto, vas a tener un lugar seguro y tranquilo en nuestro reino, el resto de tu vida, vas a ser como una reina para nosotros.

La anciana sonrió otra vez, más feliz ahora, y asintió con la cabeza, agradecida.

—Lo sé, hijo, lo sé… ya sé que tienen buen corazón, que vienen con luz y verdad, por eso los ayudo. Vengan, no perdamos tiempo, que el tiempo es lo que menos tenemos

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luz dary cárdenas lenis
Demasiado larga y repetitiva, y continúa la historia
luz dary cárdenas lenis
No volviste a mencionar al alfa Cael, no se sabe si tuvieron hijos, esta muy inconclusa la historia, hay muchos baches.
luz dary cárdenas lenis
Bueno, al final Lyra vengo a sus padres a través de Vlad con su luz.
luz dary cárdenas lenis
No autora, como va estar arrugada Lyra si apenas tiene 38 años, y Vlad es vampiro no envejece tan rápido
luz dary cárdenas lenis
Que bonito, ahora quiero que Vlad tenga pareja.
luz dary cárdenas lenis
Que paso con el otro malo, compañero de Dargan?
luz dary cárdenas lenis
Repetiste el capitulo. pero estuvo muy bueno, gracias
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