Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.
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Capitulo 5
La mañana siguiente, Sandra se sumergió en su trabajo en la florería, un pequeño santuario de aromas y colores en el corazón de la ciudad. Era el único lugar donde podía silenciar el torbellino de su mente. Cortaba tallos, organizaba pétalos, creando belleza con sus manos, intentando que cada flor hablara por ella, transmitiera la paz que tan desesperadamente buscaba. Leondra la observaba con recelo desde la caja registradora, dispuesta a interceder si fuera necesario.
El timbre de la puerta anunció un nuevo cliente. Sandra levantó la vista, y su corazón dio un vuelco. Era Guillermo. Vestía un traje menos formal que el de anoche, pero su presencia llenaba el pequeño local. El aire se cargó de repente con una electricidad innegable, mezclando el dulce aroma de las flores con una tensión casi palpable.
Leondra, con la mirada de un halcón, se preparó para la batalla, su postura revelando que no permitiría que nadie le hiciera daño a su amiga.
"Buenos días, Sandra", dijo Guillermo, su voz grave, un poco más suave de lo que recordaba en la galería. Intentaba sonar casual, pero sus ojos la traicionaban, revelando una urgencia contenida. "Espero no interrumpir."
Sandra se recompuso, intentando mantener la calma que Leondra le había inculcado. "Buenos días, Guillermo. ¿En qué puedo ayudarte?" Su tono era profesional, distante, una coraza cuidadosamente construida.
Guillermo dio un paso adelante, mirando a su alrededor, aunque sus ojos siempre regresaban a ella. "De hecho, sí. Estoy buscando un diseño floral para un nuevo proyecto de uno de mis clientes. Una villa de lujo en las afueras. Queremos algo que complemente la arquitectura, que sea innovador y fresco."
Sandra se cruzó de brazos, una ceja arqueada. "¿Y buscaste mi florería? Hay muchas opciones en la ciudad, con más experiencia en proyectos de gran escala." La insinuación era clara: dudaba de sus intenciones.
Guillermo la miró directamente a los ojos, una súplica silenciosa en los suyos. "Precisamente. Busqué la mejor. Siempre has tenido un toque especial, Sandra. Nadie más crea composiciones como tú." Sus palabras, aunque profesionales, estaban cargadas de una doble intención que solo ellos dos podían descifrar. Era un cumplido a su talento, pero también un recordatorio de que él siempre la había admirado.
Leondra, que había estado observando la escena con los brazos cruzados, intervino con un tono azucarado pero con una mirada de advertencia. "Sandra es la mejor, eso es verdad. Pero su agenda está bastante apretada. Nuestros clientes aprecian la exclusividad."
Guillermo apenas desvió la mirada de Sandra. "Entiendo perfectamente. Pero estoy dispuesto a ser paciente y a ofrecer una compensación generosa por su tiempo y su talento. Y, por supuesto, sería un placer discutir los detalles del proyecto con usted, señora." El "señora" era una formalidad forzada, un intento de mantener las apariencias, pero el deseo de sentarse a hablar con ella era innegable.
Sandra sintió la presión. Era una oportunidad profesional importante, y como le había recordado Leondra, no podía rechazar oportunidades por un pasado personal. Pero la idea de pasar tiempo a solas con Guillermo, bajo cualquier pretexto, la ponía nerviosa.
"Necesitaría ver los planos, el sitio, entender la visión del cliente", dijo Sandra, intentando sonar lo más impersonal posible. "Quizás podríamos programar una reunión la próxima semana para revisar los detalles."
Guillermo asintió con una mezcla de alivio y decepción. "Perfecto. ¿Qué tal el martes por la mañana en mi oficina? Así podría mostrarte los bocetos y las maquetas." Sus ojos le transmitían mucho más que las palabras: el deseo de reconstruir algo, de entender qué había pasado entre ellos.
Sandra, sabiendo que la conversación se extendería más allá de las flores, finalmente asintió. "Martes por la mañana. Enviaré a mi asistente para confirmar la hora." Era un pequeño respiro, un intento de ganar tiempo y de poner una barrera más entre ellos.
Guillermo esbozó una sonrisa que no llegó del todo a sus ojos. "Espero con ansias nuestra reunión, Sandra." Se despidió con un movimiento de cabeza, sus ojos aún fijos en ella por un momento antes de girarse y salir de la florería, dejando tras de sí un rastro de incertidumbre y la promesa de un encuentro mucho más allá de los proyectos florales.
Leondra esperó a que la puerta se cerrara para soltar un bufido. "¿Lo ves? ¿"Proyecto floral"? ¡Qué pretexto más pobre! No te dejes engatusar, Sandra. Recuerda por qué estás haciendo esto: por respuestas, no por volver a caer en sus redes."
Sandra miró la puerta, su mano tocando inconscientemente un pétalo de rosa. El deseo de entender qué había pasado era innegable, una fuerza poderosa que la arrastraba hacia adelante, a pesar de la advertencia de su amiga, a pesar del miedo a revivir un dolor tan profundo.