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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Orvenah

El palacio de Orvenah se alzaba imponente bajo la luz de la luna llena. Rydan regresaba a galope, con la mente todavía atrapada en la tarde junto a la laguna.

—¡Rydan! —exclamó una voz desde los muros, cargada de reproche—. ¿¡Dónde estabas!? Te busqué toda la tarde y no te encontré.

Era Armin, su mejor amigo.

Rydan bajó del caballo con una sonrisa que intentaba disimular la mezcla de nervios y la emoción que aún sentía.

—Estuve ocupado —respondió con aire misterio, procurando no revelar demasiado—. Pero puedo asegurarte que valió totalmente la pena.

Armin frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—¿Ocupado? El rey Frendric y la reina Tyressa están muy molestos contigo. Te esperaban para el banquete en tu honor, vamos— le empujó ligeramente —No querrás llegar todavía más tarde, ¿verdad?

Rydan asintió. Sus ojos grises brillaban con determinación y un toque de picardía.

—Sí, sí lo sé… —murmuró—. Conocí a alguien hoy. —confeso.

Su voz bajó apenas, como si temiera que Armin lo interrumpiera antes de terminar.

El joven arqueó una ceja.

—¿Alguien…?

Rydan esbozó una leve sonrisa, incapaz de ocultar del todo la emoción.

—Sí… alguien que captó mi atención, nada más. Ahora vámonos.

En sus habitaciones, Rydan permanecía frente a un gran espejo, ajustando el cuello de su uniforme de gala. La seda negra y los bordados plateados reflejaban la luz de los candelabros; cada detalle parecía pensado para proyectar la autoridad del príncipe de Orvenah.

—Entonces… —dijo Armin desde la puerta, apoyado con los brazos cruzados—. ¿Quién era la joven que conociste hoy?

Su tono mezclaba curiosidad y reproche, consciente de que su amigo seguía distraído.

Rydan soltó un suspiro mientras abrochaba los últimos botones de la chaqueta. Su mirada se perdió por un instante en el reflejo del espejo, recordando el brillo dorado del cabello de la joven y sus ojos ámbar llenos de curiosidad.

—Ella… —comenzó con una ligera sonrisa— es la princesa Aralisse Eldenry.

Armin se quedó boquiabierto.

—¿¡La princesa Aralisse!? ¡Estás loco! ¿Cómo es que está en Orvenah?

Rydan apoyó una mano sobre el cinturón mientras bajaba la mirada, pensativo.

—No sé exactamente por qué está en el reino —admitió con sinceridad—. Solo sé que la reconocí al instante.

Armin frunció el ceño, incrédulo.

—¿Cómo sabes que era ella?

—Verás… —continuó Rydan, bajando un poco la voz, como si estuviera compartiendo un secreto—. Una de las criadas de mi madre es de Lysirah. El año pasado, la hermana de esa criada le envió un retrato de la princesa. Le contó a mi madre que pronto dirigiría el festival de la cosecha… y yo, por casualidad, escuché la conversación.

Tomó aire antes de continuar.

—Días después le pregunté a la criada… y ella me mostró el retrato.

Armin guardó silencio unos segundos, procesando la información.

—Vaya… La reconociste porque ya sabías cómo era —murmuró—. Pero aun así… ¿qué hacía el príncipe de Orvenah en presencia de la princesa de una nación enemiga?

Rydan esbozó una leve sonrisa mientras dirigía la vista hacia la ventana.

—No podía mantenerme alejado… solo eso.

Armin lo observó fijamente, con mezcla de incredulidad y preocupación.

—¿Y piensas decírselo al rey Frendric? ¿O a la reina Tyressa?

Rydan negó con firmeza.

—Por ningún motivo —respondió con determinación—. Nadie puede enterarse. Esto debe quedar entre nosotros.

Armin suspiró y negó lentamente con la cabeza, sabiendo que su amigo no cambiaría de opinión.

—Como quieras… pero esto va a traerte problemas, Rydan.

El príncipe acomodó la capa sobre sus hombros y sonrió apenas.

—Lo sé… y no me importa.

El Gran Salón del palacio de Orvenah estaba adornado con tapices bordados en oro y carmesí. Los enormes candelabros colgaban del techo, llenando el espacio con una luz cálida que se reflejaba sobre los pisos de mármol pulido.

Nobles, caballeros y miembros de la corte permanecían reunidos, susurrando entre ellos mientras esperaban el inicio del banquete en honor al príncipe heredero.

Desde el estrado, el Gran Duque levantó una mano y el murmullo se desvaneció lentamente.

—Esta noche celebramos al príncipe Rydan, heredero al trono de Orvenah, por su cumpleaños número dieciséis.

Los presentes se pusieron de pie e inclinaron la cabeza respetuosamente mientras Rydan descendía por las escaleras del estrado. La capa roja sobre sus hombros se movía con elegancia, cada paso impecable reflejaba años de educación y entrenamiento.

Rydan avanzó por el salón aceptando felicitaciones y cortesías con una sonrisa. Sin embargo, su atención seguía dividida entre la ceremonia y el recuerdo de la princesa junto a la laguna.

—Bienvenido de nuevo, alteza —murmuró un lord cercano con una leve inclinación.

—Gracias —respondió Rydan, manteniendo la formalidad.

El Gran Duque retomó la palabra, indicando que los asistentes tomaran asiento para comenzar el banquete.

Las largas mesas estaban cubiertas con manteles blancos y repletas de frutas, panes, carnes y delicados postres. Copas de cristal y vajilla de porcelana fina brillaban bajo la luz de las velas, mientras arreglos de flores doradas decoraban el centro de cada mesa.

Rydan ocupó su lugar junto al rey Frendric y la reina Tyressa.

El rey lo observó con el ceño apenas fruncido.

—Rydan, llegas tarde —dijo con voz firme, aunque sin verdadero enfado—. ¿Qué ocurrió?

Rydan bajó la mirada un instante antes de responder.

—No me di cuenta de la hora, padre —contestó con serenidad—. Me distraje…

La reina Tyressa entrecerró ligeramente los ojos y señaló con delicadeza el listón atado alrededor de su muñeca.

—¿Quién te distrajo, Rydan? —preguntó con curiosidad, inclinándose apenas hacia él—. Ese listón no parece de Orvenah…

El príncipe sintió un pequeño cosquilleo en el pecho, pero mantuvo la compostura.

—Alguien captó mi atención, madre —respondió con calma, haciendo un leve gesto hacia la cinta—. Nada que comprometa al reino ni mis responsabilidades.

El rey soltó un suspiro antes de asentir.

—Bien, pero recuerda que eres el heredero. La corte y nuestro pueblo esperan puntualidad. Hoy más que nunca, tu ejemplo es importante.

—Lo sé, padre —respondió Rydan inclinando ligeramente la cabeza.

Mientras el banquete continuaba, el murmullo de la corte se mezclaba con el sonido de las copas y los cubiertos. Los sirvientes iban y venían sirviendo los mejores platillos de Orvenah.

Pero la atención de la reina Tyressa seguía fija en su hijo.

Finalmente, se inclinó un poco hacia él.

—Rydan, veo ese listón en tu muñeca y no puedo ignorarlo más. ¿Conociste a una joven?

—Madre… —Rydan la miró fijamente—. Por favor.

Tyressa frunció el ceño.

—Ya es momento de empezar a pensar seriamente en tu compromiso con la princesa Syrelle.

Rydan apoyó el brazo sobre el respaldo de la silla, manteniendo la calma.

—Majestad —comenzó—, entiendo la importancia de una alianza con Zaryah, pero todavía no es el momento. No estoy listo para comprometerme.

La reina dejó escapar un suspiro cargado de impaciencia.

—Rydan, es tu obligación casarte con la princesa —respondió con firmeza—. Y te recuerdo que no eres tú quien decide cuándo llega el momento.

El príncipe ladeó ligeramente la cabeza y esbozó una sonrisa desafiante. Tomó su copa entre los dedos y bebió con tranquilidad.

—No lo haré —replicó con seguridad—. Y ni siquiera ustedes, los reyes, pueden obligarme.

Tyressa abrió la boca para responder, pero el rey Frendric intervino antes.

—Es suficiente por ahora —dijo con voz grave—. Están llamando demasiado la atención. Esta conversación continuará después.

Rydan levantó lentamente la mano y dejó al descubierto un poco más la cinta dorada atada en su muñeca.

La sonrisa rebelde en sus labios se amplió apenas al notar la reacción inmediata de su madre. Los ojos de Tyressa se abrieron con incredulidad y un leve temblor de ira recorrió su expresión.

—¡Rydan! —exclamó la reina, conteniéndose únicamente por la formalidad del banquete.

El príncipe volvió a apoyar el brazo sobre la mesa con aire satisfecho, disfrutando en silencio aquella pequeña victoria.

Y, afortunadamente para él, nadie más en el salón parecía haber notado la tensión que aquel simple listón había provocado.

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