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EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

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Capítulo 11: El Diván de las Rosas Negras

El Consejo de Mujeres del Harén era una institución más antigua que el mismo Selim. Se celebraba en la Cámara de los Tapices, una estancia circular donde el eco de las voces parecía conspirar con las paredes. El aire estaba pesado por el incienso de ámbar gris y el aroma de cientos de flores que, en lugar de refrescar, daban una sensación de asfixia.

Dorian caminaba hacia la cámara sintiendo el peso de la diadema de diamantes sobre su frente. No había dormido bien; la caja con la lengua de pájaro seguía grabada en su mente, pero su rostro no mostraba ni un rastro de fatiga. Había elegido un vestido de seda en un tono gris perla, casi plateado, que le daba un aire espectral y superior.

A su lado, Sumbul temblaba levemente. —Mi Señor, recordad: no podéis usar el acero aquí. En este consejo, quien pierde los estribos, pierde el trono. Las mujeres del harén buscarán que gritéis, que lloréis... que os mostréis como un extranjero débil.

Dorian se detuvo antes de entrar y miró al eunuco con una sonrisa que no llegó a sus ojos. —No voy a gritar, Sumbul. Voy a hacer que el silencio sea su mayor castigo.

 

Al entrar, todas las mujeres ya estaban allí, sentadas en semicírculo sobre cojines de seda. En el centro, en un trono de ébano, presidía la Valide Sultan. A su derecha, Layla, que lucía un vestido rojo carmesí que gritaba desafío, y a su alrededor, una decena de favoritas de alto rango que observaban a Dorian como lobas a un intruso.

Dorian caminó hacia el centro. El protocolo dictaba que debía besar el dobladillo de la túnica de la Valide y luego esperar de pie hasta que se le permitiera sentarse. Pero Dorian, con una audacia que hizo que el salón quedara en silencio absoluto, solo hizo una inclinación de cabeza elegante hacia la madre del Sultán y se sentó en la silla de plata que Selim había mandado colocar especialmente para él, al mismo nivel que la Valide.

Un murmullo de indignación recorrió la sala. Layla fue la primera en hablar.

—Parece que en las tierras del norte no enseñan modales —dijo Layla, abanicándose con indolencia—. O quizás es que la corona os aprieta tanto el cerebro que habéis olvidado vuestro lugar, Haseki.

Dorian la miró fijamente. No respondió de inmediato. Dejó que el silencio se prolongara hasta que Layla empezó a removerse incómoda en su sitio.

—Mi lugar está donde el Sultán ha decidido que esté, Layla —respondió Dorian finalmente, su voz suave pero con un filo de acero—. Y vuestro lugar, por lo que veo, sigue siendo el mismo de los últimos cinco años: sentada a la sombra, esperando una atención que ya no os pertenece.

—¡Cómo te atreves! —estalló otra favorita, una mujer llamada Safiya, conocida por su cercanía a la Valide—. Eres un extranjero, un omega que no conoce nuestras leyes. Estás aquí por un capricho de Selim, pero los caprichos mueren con la luna. ¿Qué harás cuando el Sultán se aburra de tu piel pálida y busque calor en alguien que sí entienda nuestra cultura?

Dorian se giró hacia Safiya. Su mirada era tan gélida que la mujer bajó la vista por instinto. —El Sultán no busca "calor", Safiya. El Sultán busca un compañero. Si buscara solo piel, este harén es inmenso. Pero ha elegido mi voz para sus consejos y mi mente para sus secretos. ¿Podéis decir alguna de vosotras que Selim os haya pedido vuestra opinión sobre algo más importante que el color de una cortina?

La Valide Sultan, que había permanecido en silencio observando la escena, intervino con una voz que detuvo cualquier réplica. —Basta. Este consejo se ha reunido para discutir la administración de las fundaciones benéficas del Harén. Dorian, como Haseki, ahora tenéis voz en el tesoro de las mujeres. Pero os advierto: el oro del palacio es traicionero.

—Lo sé, mi Señora —dijo Dorian, mirando a la Valide a los ojos—. Tan traicionero como las manos que envían cajas con lenguas de pájaros muertos a mis aposentos.

El silencio que siguió fue absoluto. Layla palideció un poco, pero mantuvo la mirada. Dorian sacó la pequeña caja que había traído oculta y la dejó caer sobre la mesa baja en el centro del círculo.

—Quienquiera que haya enviado esto —continuó Dorian, recorriendo el rostro de cada mujer en la sala— ha cometido un error táctico. En mi tierra, cuando un pájaro deja de cantar, es porque el cazador está cerca. He guardado la lengua. La usaré para compararla con el sabor del próximo plato que se sirva en este harén. Porque si algo me ocurre, Selim no buscará al culpable... ejecutará a toda la jerarquía de este consejo por negligencia.

La amenaza era clara y devastadora. Dorian no estaba pidiendo protección; estaba recordándoles que su destino estaba ligado al suyo. Si él caía, todas caían con él bajo la furia del Sultán.

 

La reunión terminó en un ambiente de tensión insoportable. Mientras las mujeres se retiraban, la Valide le hizo una señal a Dorian para que se quedara.

—Tenéis valor, muchacho —dijo la Valide cuando estuvieron solas—. Pero el valor sin aliados es solo una forma lenta de suicidio. Layla no es vuestro problema. Ella es solo la cara de una facción que incluye a visires que aún odian vuestra influencia sobre mi hijo.

—Lo sé —respondió Dorian—. Por eso necesito vuestra neutralidad, si no vuestro apoyo.

—No os daré mi apoyo hasta que no me demostréis que podéis darme algo que este imperio necesita desesperadamente: un heredero —la Valide se acercó a él, su mirada escudriñando el vientre de Dorian—. Selim os desea, eso es obvio. Pero un omega sin hijos es solo un suspiro en la historia. Si queréis sobrevivir a los 90 capítulos que mencionasteis anoche en sueños... aseguraos de que vuestra estirpe se convierta en la ley.

Dorian salió de la cámara sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies. Un heredero. Esa era la pieza final del rompecabezas de poder, y también la más peligrosa. En un mundo de Alfas y Omegas, un hijo sería su escudo definitivo, pero también convertiría a Selim en un hombre aún más posesivo y territorial.

Al llegar a sus aposentos, Selim lo esperaba. Estaba sentado en el diván, con un mapa extendido, pero al ver a Dorian, lo dejó todo. Se levantó y lo rodeó con sus brazos, su aroma de Alfa buscando calmar la agitación del omega.

—He oído lo que pasó en el consejo —susurró Selim, besando la sien de Dorian—. Has reclamado tu silla con fuego.

—He reclamado una guerra, Selim —respondió Dorian, hundiéndose en el pecho del Sultán—. Pero no pienso perderla.

Selim lo levantó y lo llevó hacia la ventana, mirando juntos hacia el Bósforo. —Mientras yo respire, nadie te quitará esa corona. Pero dime... ¿qué te ha dicho mi madre?

Dorian guardó silencio por un momento, mirando las aguas oscuras. —Dice que el imperio necesita un futuro. Y yo empiezo a pensar que el futuro tiene vuestros ojos y mi orgullo.

Selim sonrió con una ternura oscura y lo besó, una promesa de que la pasión de esa noche no sería solo por placer, sino por la supervivencia de una dinastía que ahora, más que nunca, estaba marcada por el desafío de un extranjero.

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Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
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