Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
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CUANDO EL PELIGRO TE VUELVE MAS FUERTE
La madrugada llegó sin descanso.
Gabriela llevaba horas observando el techo del departamento temporal, incapaz de dormir. Cada sonido parecía amplificarse en el silencio, cada sombra parecía esconder una amenaza invisible. Desde que Adrián había dejado claro que ella era parte del juego, la tranquilidad dejó de existir.
Se levantó lentamente y caminó hacia la sala. León permanecía recostado en el sofá, pero sus ojos se abrieron apenas sintió sus pasos.
No puedes dormir, dijo con voz baja.
Gabriela negó suavemente.
Siento que si cierro los ojos algo va a pasar.
León se incorporó, apoyando los codos sobre las rodillas.
A mí me pasa desde hace años.
Ella lo observó con atención. Por primera vez entendía el peso real que él había cargado solo durante tanto tiempo.
Necesito que dejemos de ocultarnos cosas, León. Ya no soy alguien a quien debas mantener al margen.
Él sostuvo su mirada, serio.
Justamente porque te amo intento mantenerte lejos.
La confesión quedó suspendida en el aire.
Gabriela sintió cómo su respiración se detenía por un segundo, pero antes de responder el teléfono de León vibró sobre la mesa.
El nombre que apareció en pantalla cambió completamente la expresión de ambos.
Matías.
Gabriela frunció el ceño.
¿Por qué te llama a ti?
León dudó antes de contestar.
La voz de Matías salió fuerte incluso desde el altavoz.
Sé que estás con ella. No vuelvas a colgarme, León.
Gabriela se tensó.
Quiero hablar contigo, continuó Matías. Y no por teléfono.
León miró a Gabriela buscando aprobación silenciosa.
Ella asintió.
Dile dónde.
Una hora después, el aire del estacionamiento subterráneo estaba cargado de humedad y tensión. Las luces parpadeantes hacían que el lugar pareciera aún más frío.
Matías llegó primero. Caminaba de un lado a otro con evidente nerviosismo hasta que el auto de León apareció.
Cuando Gabriela bajó, Matías la observó con una mezcla de alivio y enojo.
¿Estás bien? preguntó acercándose rápidamente.
Sí, respondió ella, aunque sabía que no era una respuesta completa.
Entonces giró hacia León.
Tú dijiste que la alejabas para protegerla y ahora está metida en algo peligroso. ¿Eso llamas cuidarla?
León mantuvo la calma.
Esto no es asunto tuyo.
Claro que lo es, respondió Matías elevando la voz. Porque mientras tú desaparecías, yo estuve cuando ella te necesitó.
Gabriela dio un paso al frente.
Basta los dos.
Pero ninguno parecía dispuesto a detenerse.
Matías miró directamente a León.
Siempre vuelves cuando ella empieza a estar bien. Siempre apareces para arrastrarla otra vez a tu caos.
León avanzó un paso.
No sabes nada de lo que está pasando.
Entonces explícame, porque lo único que veo es que alguien la está amenazando y tú eres el centro de todo.
El silencio se volvió explosivo.
Gabriela sintió cómo la tensión crecía peligrosamente entre ambos hombres.
León habló finalmente.
Hay personas peligrosas involucradas. Y ahora Gabriela es un objetivo.
Matías palideció.
¿Qué?
No puedo decir más.
Matías soltó una risa amarga.
Conveniente respuesta.
Intentó acercarse más, pero León bloqueó su paso instintivamente.
El gesto fue suficiente.
Matías lo empujó.
No vuelvas a interponerte entre ella y yo.
León respondió sujetándolo del brazo antes de que avanzara nuevamente. La tensión física estalló en segundos.
Gabriela intervino inmediatamente.
¡Basta!
Su voz resonó con fuerza inesperada.
Ambos se detuvieron.
No soy un premio que tengan que defender ni alguien que necesite que peleen por mí, dijo con firmeza. Soy yo quien decide.
Miró primero a Matías.
Tú has sido importante para mí. Me ayudaste cuando estaba rota y nunca voy a olvidarlo.
Luego miró a León.
Pero esto también es parte de mi vida y no voy a huir otra vez.
Matías bajó la mirada, respirando con dificultad.
¿Lo amas todavía?
La pregunta quedó suspendida.
Gabriela no respondió de inmediato.
Sí.
La palabra fue suave, pero definitiva.
Matías cerró los ojos, golpeado por la verdad.
Entonces al menos déjame ayudarte, dijo finalmente. Porque si alguien la amenaza, también me importa.
León dudó, pero antes de responder un sonido interrumpió el momento.
Un motor acelerando.
Un auto apareció en la entrada del estacionamiento avanzando demasiado rápido hacia ellos.
León reaccionó primero.
¡Al suelo!
Sujetó a Gabriela y la empujó detrás de una columna justo cuando el vehículo frenó bruscamente y una puerta se abrió.
Un hombre descendió solo para lanzar un sobre al suelo antes de volver al auto y desaparecer.
El silencio posterior fue más aterrador que el ruido.
León se acercó lentamente y recogió el sobre.
Dentro había una fotografía reciente de Gabriela caminando sola por la calle.
Y una frase escrita con tinta roja.
“Ya no estás a tiempo.”
Gabriela sintió un escalofrío profundo, pero algo dentro de ella cambió.
El miedo ya no la paralizaba.
La enfurecía.
Esto se terminó, dijo con voz firme.
León la miró sorprendido.
No voy a seguir escondiéndome. Si Adrián quiere jugar conmigo para llegar a ti, entonces voy a dejar de ser la pieza débil.
Matías observó a ambos, comprendiendo finalmente la magnitud del peligro.
Entonces no la dejaré sola, dijo.
León dudó unos segundos antes de asentir.
Por primera vez no estaban divididos.
Ahora eran un frente común.
Esa noche, mientras regresaban juntos, Gabriela entendió algo con absoluta claridad.
El miedo había cambiado de bando.
Porque ya no era ella quien huía.
Ahora estaban listos para enfrentar lo que viniera.
Y en algún lugar de la ciudad, Adrián sonreía al recibir la confirmación de que su mensaje había sido entregado.
Perfecto, murmuró.
Ahora comenzará la verdadera guerra.