Renace en un nuevo mundo con magia y demostrará que ya nadie va a subestimarla..
* Está novela es parte de un mundo mágico *
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Tracy 1
Cuando Tracy despertó, lo primero que sintió fue el silencio.
Un silencio espeso, acolchado, como si el mundo estuviera cubierto por una capa de algodón. Abrió los ojos con dificultad y una luz blanca, limpia, casi irreal, le inundó la vista. Parpadeó varias veces, confundida. El techo sobre ella era completamente liso, sin lámparas visibles, sin grietas, sin marcas. Todo parecía demasiado perfecto.
Intentó incorporarse por instinto, pero en cuanto levantó un poco la cabeza, el mundo giró de forma violenta.
—Ah… —murmuró, llevándose una mano a la sien.
Un mareo brutal la obligó a recostarse otra vez. El corazón le latía rápido, desacompasado, y un frío extraño le recorrió la espalda. Cerró los ojos, respirando hondo, tratando de anclarse a algo real.. al sonido de su propia respiración, al contacto suave de la superficie bajo su cuerpo.
Fue entonces cuando sucedió.
Sin aviso, sin transición, una avalancha de imágenes estalló dentro de su mente.
Tracy jadeó, con el cuerpo tenso, mientras escenas que no le pertenecían la atravesaban como recuerdos ajenos pero intensamente vívidos.
Vio a una mujer hermosa, de cabello blanco ondulado que le caía como una cascada de seda sobre los hombros. Su piel era pálida, casi luminosa, y sus ojos verdes brillaban con una mezcla de dulzura y tristeza. Estaba de pie en un gran salón que parecía sacado de una mansión antigua.. columnas de mármol, vitrales altos, cortinas pesadas de terciopelo oscuro.
La mujer alzaba las manos temblorosas, concentrando algo invisible entre sus palmas.
Una luz verdosa, débil e inestable, parpadeaba como una llama a punto de apagarse.
Su rostro se contraía de esfuerzo. Un hilo de sudor recorría su sien. Sus labios murmuraban palabras que Tracy no entendía, pero que sentía cargadas de intención, de súplica. La magia apenas respondía. Cada intento parecía drenarle la poca energía que tenía.
Tracy sintió su agotamiento como si fuera propio.
Sintió la presión en el pecho.
El ardor en los músculos.
La frustración de no ser suficiente.
La mujer de cabello blanco apretó los dientes, decidida a no rendirse. Forzó un poco más su poder… y la luz se apagó de golpe. Ella soltó un gemido ahogado y cayó de rodillas sobre el suelo frío de mármol, apoyando una mano para no desplomarse del todo.
Nadie fue a ayudarla.
A su alrededor, la mansión seguía majestuosa e indiferente, como si no le importara su debilidad, su soledad, su lucha silenciosa.
La mujer bajó la cabeza, respirando con dificultad. Sus hombros temblaron apenas, en un gesto contenido, digno. No lloró. No gritó. Solo cerró los ojos, aceptando una verdad que parecía perseguirla desde siempre.. era una maga… pero una maga débil.
Las imágenes se rompieron de golpe, como vidrio estallando.
Tracy abrió los ojos con un jadeo y se incorporó apenas, sosteniéndose la cabeza con ambas manos.
—¿Qué… qué fue eso…? —susurró, con la voz rota.
El salón blanco volvió a enfocarse poco a poco frente a ella. Sus manos temblaban. Tenía la sensación absurda de haber vivido otra vida en cuestión de segundos. Su corazón seguía acelerado, y una tristeza que no entendía le oprimía el pecho.
No conocía a esa mujer.
Nunca había estado en esa mansión.
Nunca había intentado usar magia.
Y, sin embargo, sentía que algo de ella se había quedado atrapado dentro de su mente.
Tracy respiró hondo, confundida, asustada… y, por primera vez, con la inquietante impresión de que su accidente no había sido el final de algo, sino el comienzo de una historia mucho más extraña y peligrosa de lo que jamás habría imaginado.