Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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Deberías darte cuenta
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Después de mi estado de catarsis cargado de risa, noté a una chica con vestimenta de sirvienta corriendo preocupada en mi búsqueda.
—Mi señora, al fin la encontré… Me asusté muchísimo cuando no la vi en ninguna parte.— Estaba agitada y me ayudó a levantarme.
«Es mi doncella Emili…» Pensé mientras absorbía los recuerdos de Aylin.
—El sol me mareó un poco y terminé aquí. ¿Qué ocurre?—
Emili me miró con recelo; mi tono era demasiado serio y recto comparado con la verdadera Aylin, quien chillaba y hablaba a gritos como toda una niña caprichosa… pues apenas tengo 17 años en este cuerpo.
—Su hermana la mandó a llamar. Quiere ir con usted a comprar los vestidos para el debut de mañana.— Sonreí ladina.
Mañana es el debut, así que no estoy lejos de los rumores ni de ver al príncipe. Pensé.
—Dile que estoy indispuesta.—
—Pero…—
—No tengo ganas de ir con ella. Ella tiene sus amigas y seguro serán compañías más agradables.—
Emili me miró sin saber qué responder, solo asintió y se fue a informar a Cintia, mientras yo volvía caminando despacio al jardín, pensando cómo encaminar esta historia.
Debería dejar que todo avance como está… aunque ese rumor no me favorecerá. Así que empecemos por cortar lazos con esa protagonista sarnaña. Sonreí al mirar el libro que llevaba consigo.
«Un libro de magia curativa… Así que sí poseo poderes.»
No pasó ni un minuto cuando Cintia llegó pomposa acompañada de sus amigas.
—Hermana, debes acompañarnos. Quisiera que este bonito momento lo compartamos juntas.— Me tomó del brazo mientras sentía sus uñas hundirse en mi piel, a la vez que mostraba una cara tan indefensa como una panecilla.
—No, gracias. Parece que tenemos gustos muy diferentes en lo que se refiere a lo “bonito”.— Saqué su agarre con firmeza, deteniéndome antes de retirarme, mientras sus amigas me observaban con desprecio.
—Hermana, perdóname. Solo quería pasar tiempo contigo…—
—No te preocupes. Tienes a tus amigas; después de todo, soy un estorbo, como siempre me comentas en privado…—
La miré con una mirada penetrante y afilada. Cintia aclaró la garganta nerviosa al escuchar que dijera eso frente a todos; debía hacer algo para salvar su imagen.
—Yo nunca dije eso. Solo mencioné que en todas mis salidas no podré llevarte siempre.— Fingió inocencia, pero es cierto: la antigua Aylin vivía a la sombra de su hermana creyendo que era la mejor del mundo.
Sus amigas me lanzaron miradas de reojo, dejando entrever que solo les molestaba mi presencia.
Sonreí irónicamente.
—Tranquila, no volverás a verme en tu círculo de monos bobalicones, hermana. Hay cosas mucho más importantes que andar de viejas murmuradoras.—
Las jóvenes soltaron un suspiro de indignación. Cintia pidió disculpas apenada mientras me acusaba con su mirada de ser cruel. Rodé los ojos y me dirigí hacia el interior; no pienso emocionarme demasiado con el debut. Después de todo, me pondré algo elegante, pero dejaré que los tontos sigan con su historia.
«Mi villano, espera pacientemente que me iré contigo.» Pensé sonriendo mientras recorría el pasillo.
Pero mi alegría fue efímera cuando el duque irrumpió en mi habitación sin previo aviso.
—Aylin, ¿cómo te atreves a faltar el respeto a tu hermana frente a sus amigas?— Dijo a voces.
Lo miré fijamente, cerré mi libro en silencio, lo empujé con fuerza y cerré la puerta en su nariz.
—¿Pides respeto y ni siquiera golpeas la puerta de una joven de 17 años?— Grité con toda mi voz.
Todos los sirvientes abrieron los ojos al ver al duque en el suelo y escuchar cómo le respondía a gritos.
Él golpeó la puerta molesto y yo la abrí. —Me disculpo, no debí hacer eso…— Apretó la mandíbula con ira. —Pero debes pedir perdón a las señoritas y a tu hermana.—
—No pienso hacerlo. Siempre me molestan, y solo porque no quiero acompañarlas no significa que les haya faltado el respeto. ¿O acaso cuando tú nos dices que no puedes asistir, vamos corriendo a buscar a alguien para culparte?—
Lo miré a los ojos; mi rostro era serio como el de una señora que reprende a su hijo. El duque se sorprendió con mis palabras: si fuera la antigua Aylin, estaría llorando como una tonta pidiendo perdón.
—En eso tienes razón, pero llamarlas de esa manera no es educado.—
—Bien, en ese punto tienes razón, pero no pienso disculparme con Cintia. ¿No soy la mayor? Ella se comporta como una niña de tres años solo porque no quiero hacer algo con ella. Deberías fijarte en su actitud… La gente hablará de su educación si no tomas cartas en el asunto, padre.—
El duque bajó la mirada pensativo; lo que más le importaba era la opinión pública. Aylin sonrió: le había dado en el punto más sensible. No por nada vivió años con dos personas iguales que hacían lo mismo después de lo ocurrido con su madre.
—En eso tienes razón. A veces no me doy cuenta de estas cosas…— Dijo disimulando, pero en realidad nunca se percata de nada, el idiota.
—Iré a disculparme con ellas.— Dije saliendo junto a él, quien me siguió a pasos cortos; seguro quería comprobar si cumplía mi palabra.
…
Al salir, Cintia, como era habitual, mostraba una cara de víctima, haciendo cada vez más grande el problema.
—Les pido disculpas por mis palabras y espero que no lo tomen a mal. Me siento indispuesta y los nervios me hicieron hablar de esa forma.—
Las miré seria; las jóvenes solo asintieron ante mis palabras. Cintia me observaba con expectación esperando mi disculpa personal, mientras mostraba una sonrisa torcida llena de veneno.
—Que tengan un excelente día.—
Me di vuelta cuando escuché su voz reclamando:
—Padre… Aylin no se disculpó conmigo.—
—Solo porque no quiero ir contigo no es motivo para pedir perdón. Deberías empezar a aceptar un “no”… ¿O sigues siendo una niña?— Levanté una ceja con ironía.
Cintia miró al duque buscando su apoyo, pero él asintió con la cabeza.
—Tu hermana tiene razón. Ya estás en edad de entender estas cosas. Estás a punto de hacer tu debut; debes madurar, Cintia.—
—Pero, padre…—
—¿Acaso no te escuché?— La miró de reojo con severidad.
Cintia apretó los dientes al ver su expresión.
—Me retiro.— Sin más palabras, se alejó del lugar.
Ella se quedó con los dientes apretados y llena de furia. Yo solo sonreí ante sus amigas antes de subirme al carruaje.
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desollar es quitar la piel*
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