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Ecos De Cristal Y Acero

Ecos De Cristal Y Acero

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Romance / CEO / Completas
Popularitas:10k
Nilai: 5
nombre de autor: SEBAS M

En el corazón de una Nueva York implacable y magnética, dos mundos opuestos colisionan en la penumbra del piso 40 de la Torre Vanguard.
​Alexander Vance es el epítome del poder corporativo: un CEO frío, calculador y acostumbrado al control absoluto de sus negocios y de las personas que lo rodean. Para él, la vida es un tablero de ajedrez donde nadie se atreve a cuestionar sus movimientos. Sin embargo, su blindaje emocional se agrieta la noche en que conoce a Elena, una joven orgullosa y de mirada firme que trabaja en el turno de la medianoche limpiando los vestigios de un día de furia financiera.
​Lo que comienza como un roce fortuito de autoridad se transforma rápidamente en un juego psicológico de dominación y resistencia

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El Turno de la Medianoche

​El piso 40 de la Torre Vanguard en Manhattan no conocía el descanso, pero a partir de las once de la noche, cambiaba de dueños. El bullicio de los corredores de bolsa, los gritos por teléfono y el tecleo frenético de los analistas financieros daban paso a un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el zumbido monótono del aire acondicionado y el roce suave de las mopas contra el mármol pulido.

​Elena ajustó los guantes de látex azul en sus manos y empujó el carrito de limpieza fuera del ascensor de servicio. Llevaba seis meses en Nueva York, una ciudad que le había prometido luces brillantes pero que, hasta ahora, solo le había mostrado el reflejo de sus propios brazos trabajando bajo tubos de neón. El uniforme gris le quedaba un poco holgado, y el cabello castaño lo llevaba recogido en un moño alto y apresurado, con algunos mechones rebeldes cayendo sobre su frente.

​Para Elena, el edificio era un monstruo de cristal que devoraba la energía de la gente de día y requería ser purificado de noche. Su rutina era estricta y predecible. Oficina por oficina, vaciaba papeleras llenas de café frío y documentos triturados, limpiaba las pantallas de los ordenadores y borraba de las pizarras de cristal las fórmulas matemáticas y las estrategias de mercado que decidirían el destino de millones de dólares a la mañana siguiente. No le importaba el contenido; para ella, solo era desorden que debía desaparecer.

​Sin embargo, el ala este del piso 40 albergaba la oficina principal. El santuario de Alexander Vance.

​Nadie en el turno de noche se atrevía a dilatar su estancia en ese despacho. Los rumores entre las limpiadoras hablaban de un hombre implacable, un titán de los negocios que no perdonaba un solo error y cuya presencia resultaba tan imponente que parecía congelar el aire a su alrededor. Elena nunca lo había visto en persona, solo en las portadas de las revistas de finanzas que a veces encontraba en la sala de descanso: facciones afiladas, ojos de un gris tormentoso y una postura que irradiaba un control absoluto.

​Elena empujó la puerta de doble hoja de madera de nogal, esperando encontrar la habitual penumbra. Se equivocó.

​La enorme oficina, con una vista panorámica impresionante de Central Park y los rascacielos iluminados de la Gran Manzana, estaba iluminada únicamente por la luz tenue de una lámpara de escritorio de diseño y el resplandor de una pantalla de ordenador. Y allí, detrás del imponente escritorio de caoba, estaba él.

​Alexander Vance se había quitado la chaqueta del traje a medida, que ahora colgaba perfectamente estirada en un perchero de pie. Las mangas de su camisa blanca estaban remangadas hasta los antebrazos, revelando unos brazos firmes. Tenía la corbata ligeramente aflojada, pero no había ni un ápice de debilidad en su postura. Su mirada estaba fija en unos informes financieros, y su mano derecha sostenía una pluma estilográfica con la que firmaba documentos con trazos rápidos y decididos.

​Elena se quedó paralizada en el umbral. El instinto le dictó dar media vuelta y regresar más tarde, pero el crujido de las ruedas de su carrito ya había roto el silencio de la estancia.

​Alexander no levantó la vista de inmediato. Continuó escribiendo durante unos segundos que a Elena le parecieron eternos, demostrando que poseía el control total del tiempo en ese espacio. Cuando finalmente alzó la cabeza, sus ojos grises se clavaron en ella con la precisión de un bisturí. No había sorpresa en su expresión, solo una fría evaluación.

​—Llegas tarde —dijo Alexander. Su voz era barítono, profunda y cargada de una autoridad natural que no necesitaba elevar el tono para hacerse obedecer.

​Elena tragó saliva, sintiendo que el aire de la habitación se volvía repentinamente denso.

​—Lo siento, señor Vance —respondió, forzando a su voz a sonar firme, aunque una ligera vibración la delató—. El ascensor de servicio tuvo un retraso en el piso veinte. Si prefiere, puedo volver cuando haya terminado.

​Alexander dejó la pluma sobre el escritorio. El sonido del metal chocando contra la madera resonó como un veredicto. Se echó hacia atrás en su sillón de piel, cruzando las manos sobre el abdomen, sin apartar la vista de ella. La observó no como se observa a un empleado, sino como un monarca analiza una anomalía en su corte. El contraste entre el uniforme gris y desgastado de Elena y el lujo minimalista de la oficina era abismal.

​—El tiempo es el único activo que no puedo recuperar, —declaró Alexander, con una calma que resultaba más intimidante que cualquier grito—. Puesto que ya has interrumpido mi lectura, haz tu trabajo. Pero hazlo en silencio. No tolero las distracciones.

​El tono de superioridad encendió una chispa de orgullo en el pecho de Elena. Sabía perfectamente cuál era su lugar en la jerarquía del edificio, pero no consideraba que su presencia fuera una "ofensa" al tiempo de nadie. Sin embargo, contuvo la réplica. Necesitaba el empleo, y Nueva York no perdonaba a los idealistas sin dinero.

​—Entendido —asintió con la cabeza.

​Elena avanzó con el carrito hacia la esquina opuesta de la oficina, comenzando por las estanterías de libros de derecho y economía. Se concentró en el movimiento de su plumero, intentando ignorar la abrumadora presencia del hombre que permanecía sentado a unos metros de ella.

​El silencio volvió a instalarse, pero ya no era el silencio pacífico de la noche; era una tregua armada. Elena se agachó para vaciar la papelera de cuero junto al sofá de invitados, consciente de que, de vez en cuando, la mirada de Alexander se desviaba de la pantalla para seguir sus movimientos. Era un escrutinio pesado, una demostración sutil de dominio: él dictaba las reglas, y ella se movía bajo su permiso.

​Al cabo de veinte minutos, Elena se acercó a la mesa central de café para limpiar la superficie de cristal. Al inclinarse, el colgante de plata que llevaba al cuello —un pequeño recuerdo de su hogar— escapó del escote del uniforme y chocó contra el vidrio con un tintineo sutil.

​—¿Cómo te llamas? —preguntó de pronto Alexander, rompiendo la calma.

​Elena se incorporó, sosteniendo el paño de limpieza. Lo miró directamente a los ojos, negándose a bajar la cabeza.

​—Elena, señor.

​—Elena —repitió él, saboreando el nombre como si evaluara su peso—. No eres de Nueva York, Elena. Tu acento te delata, y la forma en que miras este lugar también. La gente de aquí mira el suelo o mira el techo con ambición. Tú miras a los ojos. Eso es peligroso en tu posición.

​—No considero que mirar a alguien a los ojos sea peligroso, señor Vance. Es solo educación —respondió ella, manteniendo una serenidad que sorprendió al propio Alexander.

​Una comisura de los labios del CEO se elevó apenas un milímetro, un amago de sonrisa fría y calculadora. Le atraía la resistencia, la pequeña chispa de desafío que parpadeaba en la mirada de la limpiadora. En su mundo, todos se plegaban a sus deseos antes de que llegara a formularlos. Que una mujer con un uniforme gris le sostuviera la mirada era una novedad interesante.

​—La educación es un lujo que se sostiene con poder, Elena —dijo él, levantándose lentamente de su sillón.

​Alexander era alto, de hombros anchos, y su presencia pareció ocupar todo el espacio restante de la oficina a medida que rodeaba el escritorio y se acercaba a ella. Se detuvo a menos de un metro de distancia. El aroma a sándalo y a un perfume costoso inundó los sentidos de Elena, mezclándose con el olor a desinfectante de sus manos.

​—En este edificio, el poder lo tengo yo. Lo que significa que yo decido qué es educación y qué es insolencia —continuó él, bajando el tono de voz, convirtiéndolo en un susurro dominante que erizó la piel de la joven—. Mañana a la misma hora quiero que esta oficina esté impecable. Y quiero que seas tú quien la limpie. No otra persona. ¿Ha quedado claro?

​Elena sintió el pulso acelerado en su garganta. Había una intensidad oscura en los ojos de Alexander, una promesa de control absoluto que la asustaba tanto como la atraía de una manera que no lograba comprender. Sintió la tentación de dar un paso atrás, pero se obligó a mantenerse firme en su sitio.

​—Quedó claro, señor Vance —respondió con voz firme.

​Alexander la observó un segundo más, asegurándose de que su dominio hubiera quedado perfectamente establecido en la psique de la joven. Luego, dio media vuelta, tomó su chaqueta del perchero y caminó hacia la puerta de la oficina.

​—Buenas noches, Elena —dijo sin mirar atrás, saliendo al pasillo iluminado y dejando que la puerta se cerrara suavemente a su paso.

​Elena se quedó sola en la inmensidad del despacho. Soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo y se apoyó contra la mesa de cristal, sintiendo que sus piernas temblaban levemente. Miró hacia los ventanales que daban a la ciudad. El turno de la medianoche acababa de volverse mucho más complejo, y el juego de poder entre el dueño del rascacielos y la mujer que limpiaba sus huellas no había hecho más que comenzar.

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Beatriz
Bastante bueno el libro me encantó, todo estuvo entretenido y no pude de parar de leerlo🫶. Felicito al autor por tan bella obra
Isabella
Simplemente fascinante, desde la trama hasta los personajes, todo fue muy sencillo de leer y muy atrapante, definitivamente este libro se merece las 5 estrellas, felicidades autor👏
Elena Lopez
me gustaría saber por qué Alexander es así? o por elena no es mas fuerte según ella no quiere perder su dignidad cuesta ya la perdió desde el primer contrato que le hizo ? no entiendo la relativa de Alexander y ni mucho menos la actitud de elana
Helizahira Cohen
super buena, excelente
Helizahira Cohen
buenísima no he podido comentar por lo rápido que voy, no quiero sino leer , narración, ortografía y trama la 2 novela de este autor genial, las demás no estan terminadas y así no las leo
SEBAS M: Gracias por tu comentario de verdad te agradesco, y me alegra que te este gustando❣️
total 1 replies
Anya maldonado
sin dudas eres la mejor autora excelente capitulo 🥰🥰
Anya maldonado
el mejor de todos la caída ese viejo fue epica
Lili
Se merece una ESTRELLA por cada capitulo...
He hecho varios comentarios y confieso que era tanta la ansiedad por saber más de la historia, que la lei de punta a punta, casi sin pausas.
Felicito al AUTOR por tan impecable trabajo. Infinitas GRACIAS por haberla compartido. Y un montón de bendiciones para que ese enorme talento siga dando tan bellos frutos... Te seguiré... Hasta la próxima..
SEBAS M: Gracias por tu apoyo lectora, es de mucha importancia saber tu opinión, y me alegra que te haya encantado, por el momento esta terminada pero en algun futuro sacare la 2 parte de este libro, ya que tengo otras historias aparte que me gustaría publicar, igualmente gracias por el apoyo, me ayuda mucho❣️
total 1 replies
Lili
Estoy fascinada con la historia... Y tengo un sentimiento muy contradictorio... Por un lado, estoy deseando que finalice ... Y por el otro, quisiera seguir leyéndola sin desesperarme para llegar al final Jajajajaja qué locura...
Lili
Imposible dejar de leerla...
Lili
IM PE CA BLE...
Lili
Algo para destacar, en algunos capítulos de pronto se abre una cajita de sorpresas, mostrando algo sutil e inesperado que cambia el rumbo de la trama...
Lili
Imposible dejar de leer 🤭👏
Lili
Excelente capitulo 👏👏👏👏
Lili
Estoy fascinada con esta historia... Es una maravilla, algo así como una caja de sorpresas, que aparecen en el momento justo y preciso...
Confieso que muchas veces presto mucha atencion tratando de descubrir una perlita que se le escapó al Autor o Autora, 🤭😂🤭... En especial, con una trama tan bien entretejida... Pero hasta ahora, todo en orden...
Lili
Una maravilla... Sin duda, ambos son titanes...
Lili
Una lucha de poder, que demostró quien era el mas fuerte...
Lili
Hermoso capitulo, y tan bien redactado que es imposible no sentir lo que ambos están compartiendo.. Una maravilla...
Lili
Voy a ser redundante, pero NO ME IMPORTA...
Cada nuevo capitulo, supera al anterior y aumenta las ganas de seguir leyendo😂👏🤭👏👏👏
Lili
Una vez mas... Me GUSTA...,es poco... Realmente, está tan bien relatada que parece que en lugar de leer, estoy en algun lugar muyyyyyy bien escondida, viendo como suceden los acontecimientos y sintiendo lo que ellos sienten... Felicitaciones al Autor👏👏👏👏👏👏👏
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