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EL GUARDIÁN DE SU LUZ

EL GUARDIÁN DE SU LUZ

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:7.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

Del dolor al amor

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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La última candidata de la lista no fue, ni por asomo, lo que esperábamos. Si las anteriores habían sido un desfile de rigidez y coqueteo, esta era una clase magistral de audacia sin fundamento. No tenía ni un gramo de experiencia con niños, pero hablaba con una arrogancia que sugería que había sido la niñera personal del mismísimo Papa. Y como si su falta de currículum no fuera suficiente, sus propuestas pedagógicas rozaban lo absurdo: sugirió con total seriedad que los "tríos de trabajo" eran eficientes para el desarrollo cognitivo de un infante. Mi paciencia, que ya pendía de un hilo, terminó por romperse.

—Suficiente —dije, cerrando la carpeta con un golpe que resonó en todo el salón.

La mujer salió con aire ofendido, y yo me quedé allí, rendido, fastidiado y con un humor de mil demonios. Sentía que las paredes de la mansión Von Hardenberg se cerraban sobre mí, asfixiándome con sus retratos antiguos y su silencio de mármol. Miré a Otto, que por primera vez en el día no tenía ningún chiste a mano.

—Otto, no puedo más —mascullé, frotándome las sienes—. Necesito aire. Salir de aquí. Vamos a caminar, solo unos minutos.

Pero Gitta, que estaba a pocos metros luchando por levantarse entre capas de tul, entendió lo que quiso. En su mente de cuatro años, "salir" y "caminar" se tradujeron mágicamente en una sola palabra: pastel.

—¡SÍ! ¡PASTEL! —gritó, y de un brinco que desafió las leyes de la física y de su propio disfraz, se puso en pie, con las alas de purpurina vibrando de emoción.

No tuve corazón para contradecirla. A veces, cuando el mundo se vuelve demasiado pesado, un pastel es la única respuesta coherente. Nos pusimos los abrigos y salimos a las calles de la ciudad, todavía bajo ese cielo gris que empezaba a soltar una llovizna fina y fría. Caminamos un par de calles hasta llegar a una pequeña pastelería artesanal que Otto conocía, un lugar que parecía sacado de un libro de cuentos, lejos de la sobriedad de nuestro vecindario.

Lo que ni Otto ni yo esperamos fue lo que encontramos al cruzar la puerta.

Sentada en una de las mesas del rincón, envuelta en un abrigo de lana demasiado grande y rodeada de cuadernos de dibujo, estaba ella. Fue como si el color hubiera decidido invadir de golpe un mundo que yo solo veía en blanco y negro. Era un pequeño ser de apariencia etérea, con el cabello teñido en suaves tonos pastel —rosas y lilas que se entrelazaban como nubes al atardecer—. Su alegría era algo físico, algo que desbordaba de su sonrisa mientras garabateaba algo en su libreta.

Gitta se quedó petrificada. Sus ojos se abrieron como platos. Para ella, que había pasado el día disfrazada de hada, acababa de encontrar a una de las suyas en el mundo real. Sin pedir permiso, mi hija soltó mi mano y se acercó a la mesa de la desconocida.

—¿Eres un hada de verdad? —preguntó Gitta, con una voz llena de asombro.

La joven levantó la vista. Su rostro se iluminó con una sonrisa tan genuina y cálida que, por un segundo, sentí un pinchazo de algo que no sabía identificar. No era la sonrisa ensayada de las candidatas de la mañana; era luz pura.

—Bueno —respondió la chica, bajando su lápiz y poniéndose a la altura de Gitta con una naturalidad asombrosa—, hoy he decidido que soy una recolectora de sueños, pero guardo las alas en la mochila para que no se mojen con la lluvia. ¿Y tú? Veo que traes tus alas puestas, debes ser una valiente.

En ese instante, presencié algo increíble. Gitta, que solía ser desconfiada con los extraños desde que su madre no estaba, se rió. Una risa de verdad, de esas que le salían de la barriga. Aquel ser de cabello pastel se había robado a mi pequeña solo con una sonrisa y un par de palabras mágicas. Otto me dio un codazo suave, con una expresión que decía claramente: "¿Ves lo que te dije?".

Me quedé allí parado, bajo la luz cálida de la pastelería, observando cómo mi hija, la pequeña zarina de los Von Hardenberg, se olvidaba del pastel y del frío para sumergirse en el mundo de colores de aquella desconocida. Por primera vez en mucho tiempo, el ruido de mi oficina y el peso de las empresas se sintieron infinitamente lejanos. Miré a Otto y luego a ellas. Quizás la solución no estaba en un currículum de doscientas páginas, sino en alguien que supiera hablar el idioma de las hadas rebeldes.

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Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️🥰🥰🥰
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭🤭
America Lopez
hermoso final
America Lopez
me imagino su cara, escuchando cuando le dicen: "puerco libidinoso" 🤣🤣🤣🤣
America Lopez
muy intenso este capitulo, es muy desgarrador sentir su dolor, pero las líneas expresan emociones reales y me encanta
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Me encanta la novela ❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Gitta es tú motivación ❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Nairobis Cardozo Portillo
😭😭😭
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Cecilia Castillo
Que triste 😭😭😭
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