En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 1: El renacer de Catalina

Catalina estaba cansada.
No era un cansancio físico, no de esos que se solucionan durmiendo una noche entera o tomando una taza de café caliente. Era un cansancio del alma, profundo, pesado, como si cada parte de su ser estuviera arrastrando cadenas invisibles que nadie más podía ver.
Esa tarde, sentada en el borde de su cama, miraba el celular con la pantalla apagada. Ya no quedaban lágrimas. Las había gastado todas.
—¿Por qué?… —susurró, con la voz quebrada.
La imagen de su novio con otra mujer se repetía en su mente una y otra vez. La sonrisa que él le dedicaba ahora se la regalaba a alguien más. Las promesas, las palabras bonitas… todo había sido mentira.
Se levantó de golpe.
—Estoy harta… —dijo en voz baja, pero con una fuerza que la sorprendió.
Se miró al espejo. Su reflejo le devolvió la imagen de una joven hermosa, sí… pero rota. Sus ojos estaban apagados, como si la luz que alguna vez brilló en ellos se hubiera extinguido.
—Mi vida está arruinada…
Sin pensarlo demasiado, tomó su abrigo y salió. No sabía a dónde iba, solo caminaba. Las calles parecían borrosas, como si el mundo no fuera del todo real.
Y entonces lo vio.
Un templo.
No recordaba haberlo visto antes. Era antiguo, imponente, casi fuera de lugar entre los edificios modernos. Sus puertas estaban abiertas, como si la estuvieran esperando.
Catalina dudó un momento.
Pero entró.
El interior era silencioso, demasiado. El aire era distinto, pesado pero a la vez… tranquilo. Había velas encendidas, y una figura en el centro, una estatua que parecía observarla.
Catalina caminó hasta el altar, y entonces… explotó.
—¡¿Por qué?! —gritó, con rabia—. ¡¿Qué hice mal?! ¡¿Por qué mi vida es así?!
Su voz resonó en todo el templo.
—¡Estoy cansada! ¡Cansada de perder! ¡Cansada de confiar! ¡Cansada de todo!
Sus manos temblaban.
—Si existe alguien… algo… lo que sea… —dijo, bajando la voz—… dame otra oportunidad…
El silencio volvió.
Pero esta vez… no estaba sola.
—¿Quieres renacer?
La voz era suave, pero poderosa. No venía de ningún lado y de todos al mismo tiempo.
Catalina se giró rápidamente.
—¿Quién…?
No había nadie.
—¿Quieres renacer? —repitió la voz.
Catalina tragó saliva. Su corazón latía con fuerza.
—Esto… esto no es real…
—Tu dolor es real —respondió la voz—. Tu deseo también.
Catalina apretó los puños.
—Si esto es un sueño… no me importa… —susurró—. Sí… quiero…
La voz pareció acercarse más.
—No habrá vuelta atrás.
Catalina dudó por un instante.
Luego cerró los ojos.
—No quiero volver a esta vida… —dijo con firmeza—. Sí… quiero renacer.
Un silencio profundo la envolvió.
—Entonces… entrégate.
El aire cambió. Catalina sintió una calidez extraña, como si algo la abrazara.
—Cierra los ojos.
Lo hizo.
Y todo desapareció.
—
Oscuridad.
Silencio.
Y luego…
Luz.
Catalina abrió los ojos de golpe.
—¿Dónde…?
El techo sobre ella era blanco, con líneas luminosas que parecían moverse suavemente. Todo era… diferente.
Se incorporó lentamente.
—¿Esto…?
Miró sus manos.
Eran más pálidas. Más finas.
Se levantó de la cama. Sus movimientos eran ligeros, casi irreales.
Caminó hasta un espejo cercano.
Y entonces… se congeló.
—No… puede ser…
La mujer que la miraba no era la misma.
Cabello blanco como la nieve caía en suaves ondas hasta su cintura. Su piel era tan pálida que parecía porcelana. Sus ojos… azules, profundos, brillaban con una intensidad que nunca había tenido.
Parecía… una diosa.
Catalina llevó una mano a su rostro.
—¿Soy… yo?
Un leve sonido la sacó de sus pensamientos.
Voces.
Catalina giró la cabeza.
Venían de fuera de la habitación.
Instintivamente, caminó hacia la puerta. La abrió apenas, lo suficiente para escuchar.
—No puede ser… —decía una voz femenina, preocupada.
—Nuestra señorita… casarse con él…
Catalina frunció el ceño.
—¿Casarse?
—El señor Henry Wason… —continuó la otra sirvienta—… es un hombre cruel…
El nombre le heló la sangre.
—¿Qué…?
—Dicen que ha hecho cosas horribles… —susurró la primera—. No es digno de ella…
Catalina sintió una opresión en el pecho.
—No… no…
—Pero lo hace por su familia… —agregó la segunda—. Siempre ha sido tan buena…
Catalina retrocedió un paso.
—¿De qué están hablando…?
La puerta se abrió de golpe.
Las dos sirvientas la miraron, sorprendidas.
—¡Señorita!
Catalina las observó en silencio.
Ellas se miraron entre sí, nerviosas.
—Señorita… —dijo una de ellas, acercándose—… por favor… no se case…
Catalina no respondió.
—Sabemos que lo hace por su familia… —continuó la otra—… pero usted no merece ese destino…
Catalina bajó la mirada.
Algo dentro de ella… reaccionó.
No eran sus recuerdos.
Pero lo sentía.
Dolor.
Sacrificio.
Responsabilidad.
—Usted es tan buena… —susurró la sirvienta—. No debería sufrir así…
Catalina cerró los ojos un momento.
Y entonces lo entendió.
Había renacido.
En otra vida.
En otro mundo.
Año 3300.
Y su nueva vida… ya estaba decidida.
Un matrimonio.
Con un hombre cruel.
Sus labios se curvaron levemente.
Pero no era tristeza.
Era… algo distinto.
Abrió los ojos.
Ya no eran los mismos.
—Díganme… —dijo con calma—… ¿quién es Henry Wason?
Las sirvientas se quedaron en silencio.
Y en ese instante…
El destino comenzó a cambiar.
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Espero que les guste esta historia
Me inspiré en el futuro, en esos mundos llenos de tecnología, misterio y emociones intensas… porque es algo que realmente amo. También tiene mucho de lo que me apasiona: el anime y el manga, donde los sentimientos se viven al máximo y cada personaje tiene un destino que puede cambiar.
Esta historia nació desde mi imaginación y mi corazón
Cada escena, cada mirada y cada decisión de Catalina tiene un pedacito de mí.
Ojalá puedan sentir lo mismo al leerla…
Y si les gusta, me ayudarían muchísimo con su apoyo, sus comentarios y su cariño
Con amor,
Luna Auol 🌸.