Él no es de quedarse como un parásito sin hacer nada, y decidió volver al ruedo. Eso también implicaba retomar su identidad como Rayo, pues aunque todo parecía tranquilo, siempre hay quien quiera pasarle por encima.
—¡Esta pequeña válvula reemplazará una arteria, podrá alargar la vida de las personas! —El señor Beach continuaba aportando sus conocimientos, y su nombre siempre quedaría en la historia. Gracias a su aporte se han salvado miles y millones de vidas. Y esta no será la excepción.
—¡Todo el proceso está en la base de datos de mi laptop! Si se pierde esta información, perderé todo este avance —dijo Thiago, quitándose los guantes y arrojándolos al basurero, mientras también se quitaba el equipo de protección. Kenneth hizo lo mismo y preguntó con inquietud:
—¿Piensas volver temprano hoy?
—Por supuesto, mi bella esposa me está esperando —respondió Rayo, agarrando el dispositivo y saliendo del laboratorio.
—Nicole estaba con mi nieta, pero me dijo que Victoria ya pasó por ella y no sabe qué hacer el resto de la tarde. La llevaré a distraerse un rato, está triste porque no pudo estar con Alberto en su cumpleaños.
—¡Comprendo a mi suegra! Alberto es su hijo menor, y que retrasaran los vuelos por la tormenta la puso muy triste.
—Pude enviarla en el jet, pero sinceramente yo no podía ir con ella y cuidarla. Pienso llevarla la próxima semana.
Al terminar esas palabras, ambos se detuvieron en la salida del edificio.
—Te veré mañana a primera hora.
Rayo estrechó la mano de Kenneth y luego subió a su auto.
De camino, miró a Efraín y le preguntó:
—¿Sabes si ya resolvieron el problema?
—No, de hecho vienen en camino, estarán aquí mañana a mediodía —contestó el guardaespaldas.
—Bien, no comentes nada de esto —dijo Rayo, mirando por la ventana con una leve sonrisa—. Veremos si es tan bueno como dice ser.
Esa noche, Rayo llevó a su bella Nicole a su penthouse. Le había preparado una cena romántica para distraerla de sus pensamientos.
—Mi amor, es tu vino favorito —dijo Rayo mientras servía dos copas y, al entregarle una a Nicole, la jaló hacia él—. ¡Sabes que este lugar es nuestro nidito de amor! Rayo no cambia, para él su amor continúa fuerte como siempre.
—¡No tienes que decírmelo! —Nicole pasó los brazos alrededor del cuello de su amado y, con una mirada coqueta, agregó—: Cada vez que estamos juntos me recuerdas que el amor eterno sí existe. Thiago Beach, tú eres mi amor eterno.
Rayo supo disimular su preocupación. Pese a que sus hijos son adultos y la mayoría ya tienen familia, no deja de vigilarlos.
Diego y Douglas continúan viviendo en Canadá, mientras Victoria dirige Casa Moda; tomó el lugar de su madre y se convirtió en una gran diseñadora y empresaria. En cuanto al grupo Medical, Thiago sigue a la cabeza de la industria, y no piensa retirarse, a menos que algo suceda.
La máscara de Rayo ha estado colgada en la vitrina de vidrio, donde la mira cada noche.
Al día siguiente, Thiago estaba en la oficina cuando de pronto la puerta se abrió con brutalidad y su hijo entró con ferocidad.
—¿Alberto, qué sucedió? ¿Por qué estás aquí? —Se sintió feliz de verlo, ahora era un joven de 18 años, pero le pudo más la preocupación de verlo tan enojado. O al menos eso disimuló muy bien.
—¡Papá, ha llegado el momento! Me acaban de dar un golpe bajo y te necesito. Necesito la máscara de Rayo, te juro por Dios que sabré cuidarla y respetarla como tú lo has hecho —habló Alberto lleno de coraje.
—¿Quién fue? ¿Quién hirió tanto a mi hijo para que sienta tanta sed de venganza? —Rayo se dio cuenta de que el asunto era grave.
—Se trata de Pedro Gomez. Ese hombre se acercó a mí y limpió mis cuentas bancarias, y no solo eso, pensó que no podría volver a Estados Unidos y ha venido a hablar con los Larios. Mariana se casará con él.
Rayo se puso de pie y caminó hacia la gran ventana, preguntando:
—¿Enrique Larios está de acuerdo?
—Sí lo está.
—¿Y Mariana? ¿Ella qué dice?
—Papá —Alberto apretó los puños—, ese hombre la engañó. Me dejó como el malo de la historia. Ella no me quiere ni ver.
Al escucharlo, Thiago se volteó y con una sonrisa de medio lado le señaló su escritorio.
—¡Pon en práctica lo que te enseñé! Quiero ver a Enrique Larios en la quiebra. Te harás cargo; de ti depende el futuro de la máscara.
La mirada de Rayo cambió y miró al joven que estaba en la puerta.
—Osvaldo, sé que ustedes son grandes amigos, así que te pediré que no lo dejes solo.
Con esto, Rayo se marchó, mientras Alberto se sentó y movía sus dedos con agilidad sobre el teclado.
Al parecer, Rayo confía tanto en su hijo que no se opuso a que usara la máscara. Solo el tiempo dirá si es digno de ella.
Padrino, Osvaldo lo detuvo en el pasillo.
—Espero que no te moleste, pero en verdad Alberto pasa por un mal momento. Como usted dijo, cuenta con mi apoyo incondicional.
El joven hizo un gesto y logró sacar una sonrisa a Rayo.
—Lo sé, eres el hijo de un gran hombre —dijo.
Ese gesto le recordó al gran Javier, quien, al comenzar sus servicios, tenía poco más de 25 años y tardó cinco para ascender y convertirse en el mejor hombre de Rayo.
—Me alegro que estén aquí y que hayan acudido a mí. Eso dice mucho de los dos. Por supuesto que Rayo lo sabía todo, pero espero ver lo que harían los chicos. se sintió muy bien al darse cuenta de que regresarían.
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Comments
Susy Chris Niz 🇦🇷🇰🇷🇨🇳
@Yeimy Mora mi marido me dice gorda anda a dormir que es tarde y yo que le digo no querido espere mucho tiempo para poder leer la historia de mi pequeño Rayito jajajaj
2025-08-20
6
Lourdes Vb
mi querido Rayo❤creo que me enamore de el🥰gracias autora por seguir con el legado de Rayo🙂
2025-08-20
2
Neulieloy@
gracias Autora por tenernos comiendo en tus manos ,lo lograste con cada capitulo de cada una de tus maravillosas novelas
2025-08-21
1