A la mañana siguiente, Alberto abrió los ojos y se encontró en una habitación. Para su buena o mala suerte, Aurora estaba a su lado.
—¿Qué hiciste? ¡Dime quién lo planeó! —no esperó a que la joven despertara; la sacudió por los hombros y le gritó con coraje.
—Alberto… —Aurora abrió los ojos con pesadez.
—¡No lo sé! ¡Yo solo quería estar contigo! —respondió con timidez. Pese a estar apenas despertando, supuso que él ya se encontraba mejor.
—No me mientas, yo no soy un tonto —replicó Alberto, elevando la voz mientras recordaba algunos momentos de la noche anterior.
Aurora llevó las manos al rostro y rompió en llanto.
—¡No te estoy mintiendo! Por favor, créeme… yo fui la única que no quiso participar, por eso no estuve presente en el brindis. Te escuché decir que te ibas a declarar a la chica que te gusta, y estoy segura de que soy yo —dijo con seguridad.
Alberto detuvo su enojo. Se vistió con calma y se acercó a ella. Ella no era una desconocida; no era una casualidad de un día.
—¿Alguna vez te di motivo para pensar eso? —preguntó con sutileza.
—Sí lo hiciste. Tú nunca le sonríes a nadie y conmigo siempre lo haces. Tampoco saludas a ninguna mujer… y a mí sí —afirmó Aurora.
Él ni siquiera había notado que con ella actuaba diferente. En otras palabras si la había notado.
—Aurora, eso es porque eras la única que me caía bien. El resto son una manada de hartadas… pero mi corazón tiene dueña —dijo lo primero que se le vino a la mente. Por más que quisiera, no podía ser agresivo con ella. Algo en él no se lo permitió.
Aurora intentó levantarse para irse, pero el cuerpo le dolía después de la noche que había pasado con Alberto. Falló en el intento y volvió a caer sentada.
—No puedo irme aunque quisiera… Si quieres, puedo decirte lo que pasó, para que veas que me gustas y que no tuve nada que ver en lo que ellos hicieron. Aurora decidió ser sincera con él.
—Habla, te escucho —pidió Alberto, sentándose a su lado, aunque la cabeza le daba vueltas.
—Cuando llegué a la mesa, Pedro no se dio cuenta de mi presencia. Dijo que te haría morder el polvo.
—¿Pedro? —Alberto entrecerró los ojos. Se suponía que eran amigos.
—También yo lo creía… pensé que había escuchado mal, pero luego señaló una botella de vino y dijo que ahí estaba su pase al éxito.
—¡Fue el vino! —Alberto empezó a atar cabos—. Entonces Osvaldo también se vio envuelto en esto… —pensó en voz alta,.
—No lo sé, pero Pedro quería aniquilarte. Lo escuché muy claro, así que cuando perdiste el conocimiento, conduje tu auto hasta donde estabas y te saqué antes de que él cumpliera su objetivo.
Juro que vi a unos hombres en un auto, Alberto, pudimos huir antes de que algo malo te sucediera.
—explicó Aurora.
—¿Mariana estaba ahí cuando Pedro hizo sus planes? —preguntó con temor a la respuesta. esa era la chica que a él le gustaba.
—No. Ella llegó cuando yo ya me estaba yendo. No puedo decir si lo sabía de antemano… Alberto no te voy a mentir.
—Aurora, ¿cómo sé que no me engañas? —preguntó, tan desconfiado como su padre.
—No tengo por qué hacerlo. Mi lealtad y mi amor por ti van más allá. Iba a decírtelo cuando llegaste, pero entraste muy rápido… me quedé por si acaso me necesitabas. Te juro por la tumba de mi madre que digo la verdad —afirmó ella, con evidente sinceridad.
—Ya veré qué hago contigo —dijo él, acariciándole la cabeza y sintiendo pesar al verla llorar. Aurora no solía llamar la atención; era tímida y siempre caminaba sola, evitando los grupos.
—¿Sabes dónde está mi teléfono? —preguntó, tratando de mantener la calma, aunque por dentro ardía como un cerillo esperando la chispa para encenderse.
—Anoche sonó varias veces… —Aurora señaló el suelo. Debajo de su vestido estaba el teléfono.
Alberto lo recogió y, al encenderlo, su ira creció. Tenía mensajes del banco: sus cuentas estaban en cero.
—¡Esto no puede ser! Mi padre me va a matar… es más, va a poner mi tumba lejos de la de mis abuelos… eso si no manda mi cuerpo a otro cementerio. o puede que me arroje al mar. Él me va a desheredar. El gran Rayo se sentirá decepcionado de mí… voy a ser su vergüenza, su más grande desilusión —pensó, con el corazón encogido, su inquietud era por la reacción que tendrá Thiago.
Se quedó inmóvil unos minutos. Durante toda su vida había intentado ser igual o mejor que Rayo, soñando con portar algún día la máscara y continuar la leyenda. Pero había caído en un juego sucio y vulgar.
—¿Cómo se lo diré a Rayo? Diego y Douglas se burlarán de mí… mi madre se avergonzará de decir que soy su hijo… mis sobrinos ya no me verán igual… —susurró, caminando de un lado a otro hasta detenerse.
Al detenerse vio que Aurora intentaba ponerse el vestido y se acercó con cautela a ella.
—Déjame ayudarte —dijo.
—Gracias. No era mi intención molestarte. Te juro que cuando me gritaste y me sacaste del auto, lo iba a hacer, me iba a marchar, pero no pude. Sabía que estabas drogado y no habría podido vivir si Pedro te destruía. Hice esto para ayudarte… tu vida vale mucho para mí.
—¿Eso quiere decir que te debo la vida? —por fin entendió Alberto que Aurora había sido su salvadora. La única que lo ayudó cuando todos en esa fiesta lo traicionaron.
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Comments
Neulieloy@
Aurora hiba a ser mala pero el amor le gano. pero al final el corazón de el joven ya tiene dueño? o es una trampa de parte de Aurora ?
2025-08-21
0
RUTH MARTINEZ
ahi quien sera realmente la mala ahi ya estoy q me como las uñas
2025-08-20
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Marleys Sofia Cervantes
Un giro súper waooo quien será el amor de Alberto
2025-08-20
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