Adriana empezó a llorar pues no quería irse con la nueva familia de su madre.
Pues presentía que no la hiba a pasar nada bien.
Silvia a pesar de los ruegos de su hija se caso con Ambrosio y se fueron a vivir del otro lado de la ciudad.
A partir de ese momento la pesadilla para Adriana comenzo
Helios y Ambrosio la martirizaban a cada momento, recordando que ella no era nadie ahí y aunque le decía a su madre ella no le creía.
Pasaron dos años más y Adriana a sus catorce años se ponía más hermosa.
Helios no tardó en darse cuenta de ello y de pronto su actitud hacia la chica cambió por completo.
Hasta que un día la invitó a ir al cine, Adriana desconfiaba y no aceptó sin embargo Silvia casi la obligó a ir.
Una vez en el cine Adriana se estaba aburriendo y helios la abrazo sin embargo la chica le quitó el brazo y pidió que ya se fueran la verdad es que Adriana ya estaba cansada y se quedó dormida en el carro no se dio cuenta que la estaba llevando a un lugar apartado cuándo despertó no reconocío
El lugar y sobresaltada preguntó ¿En dónde estoy?
Helios sin contestar la empezó a abrazar, la chica llena de terror se lo intentaba quitar de encima de pronto intento besarla Adriana de pronto enterró las uñas en su rostro el chico, este dio un grito desgarrador. Adriana aprovecho para salir del carro despavorida
No te acerques más en eso encontró una piedra grande y amenazó con aventarselo.
Helios al ver la cara de terror de la chica trató de calmar las cosas pero Adriana le contestó¡ largate! Antes prefiero irme a pie ó irme un otro carro antes que irme contigo.
Helios comprendió que no la podía dejar ahí y exponiéndose a que le fuera a aventar la piedra se acercó lentamente.
Comprendió en ese momento que lo intentaría más adelante.
De pronto con una agilidad Helios le quito la piedra y le dio una fuerte bofetada para tranquilizarla. La chica cayó sentada y Helios aprovecho para arratrarla hacia el carro.
Adriana pensaba lo peor pero Helios ya no la tocó
Una vez en casa Helios se volteó hacia Adriana y voz amenazadora le advirtió que si decía palabra de lo sucedido el se hiba a encargar de que no le creyeran.
Adriana salí corriendo del carro y se metió inmediatamente a la casa y una vez en su cuarto abrió la regadera de su baño y lloro desconsoladamente para que se confundiera.
Al día siguiente trato de contarle a Silvia lo ocurrido, pero esta no le creyó y le respondió con una bofetada.
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