Tras un accidente automovilístico que lo deja en una silla de ruedas, Carlos Eduardo enfrenta las consecuencias de su arrogancia y crueldad. El accidente, en realidad, fue provocado por su prometida, Sarah, quien teme ser abandonada. Para asegurarse de que él reciba los cuidados necesarios, su familia contrata a una joven sencilla del interior, acostumbrada a la vida en el campo. Obligada a convivir con Carlos Eduardo, ella debe lidiar con su carácter duro y sus actitudes ásperas. ¿Lograrán su bondad y sencillez ablandar el corazón de un hombre que parece incapaz de sentir compasión?
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Nunca besada
Cerré los ojos, implorando sin hablar para que Edu me besara. Quería conocer el sabor de un beso. Cuando su boca tocó la mía, mi cuerpo entero se estremeció, y fue mucho mejor de lo que imaginé. Sentí la fuerza de sus manos. Su boca era suave, persuasiva, y no pude resistir cuando su lengua pidió paso entre mis labios.
Cadu-Haz lo que yo haga, bésame.
Lo hice, y su lengua me tomó por completo. Me olvidé de todo en la boca de Edu. El sabor de su boca era maravilloso, y la sensación de su lengua con la mía me dejaba completamente diferente. Algo se encendía en mi cuerpo.
Gemí, los labios entreabiertos, ansiosa por su boca. Su mano fue a mi cadera, apretando mi carne, y me sentí entregada con apenas el toque que Edu me daba.
Abandonó mis labios y besó mi cuello, rozando la barba áspera por toda la extensión de mi piel erizada, bajando pacientemente por la garganta hasta llegar al nacimiento de mis senos.
Cadu-Tenía tantas ganas de sentirte así, Betina.
Edu mordió mi pezón endurecido por encima de mi camisón. Sentí mi cuerpo entero hormiguear de deseo. Qué beso devorador, húmedo y excitante. Edu volvió a mi boca con más fuerza, sus labios me devoraban y yo respiraba agitada.
Pasé mis manos por dentro de su camisa, arañándole la piel y entrando en el mismo ritmo que él. Edu bajó mordiendo mi cuello, y nuevamente se apoderó de mis senos sobre la tela. Sus dos manos grandes y calientes apretaron los dos senos a la vez, llenas de mí, apretándome, jalándome y llevándome a su boca otra vez.
Cadu-Quiero arrancarte ese camisón.
Betina-Edu...
Le agarré la cabeza, cerrando los dedos entre su pelo y ofreciéndome como podía, con el cuerpo entero pegado al suyo. Lo empujé sobre la cama,
atacando su boca como él hizo conmigo, y esa sensación quemaba mi piel. Me separé de él y pasé mis manos por su pecho.
Betina-Quiero hacer esto desde hace mucho tiempo.
Mi mano fue abriendo cada botón, desvistiéndolo. El pectoral fuerte con pocos vellos, mis ojos bajaron por su abdomen, y todo combinaba perfectamente con sus músculos bien definidos.
Betina-Eres hermoso, Edu. Amo tus cuidados conmigo, amo sentirte tan cerca, amo sentirte aquí, debajo de mí.
De verdad, era tentador. Era un hombre muy atractivo y ardiente. Deslicé mi mirada minuciosa hasta la entrada del pecado y abrí una sonrisa. ¡Dios mío, qué hombre tan perfecto! Su erección presionaba debajo de mí.
Bajé mis dedos curiosos hasta su cintura. Edu sonrió y me sostuvo la mano, me jaló para devorar mi boca sin pudor alguno. Sus manos apretaron mi trasero y me presionó más aún contra lo que sentía debajo de mí.
Cadu-Tu boca es deliciosa, Betina.
Betina-Edu...
Edu cambió nuestras posiciones, me miró y me puso el cabello detrás de la oreja.
Cadu-Tenía muchas ganas de hacerte completamente mía, mi amor, pero no sería justo. Mi cabeza está muy llena, y no es eso lo que quiero para tu primera noche.
Betina-¿Por qué no me cuentas?
Edu me besó rico otra vez y se detuvo jalando mis labios hacia él.
Cadu-Están pasando muchas cosas, y quiero mucho contarte, pero todo se va a resolver mucho antes de lo que piensas.
Edu se levantó y se quitó la camisa.
Betina-¿A dónde vas?
Cadu-A darme un baño frío.
Ella pasó sus manos por mis piernas subiendo hasta mi cintura por debajo de mi camisón.
Cadu-Lo que quiero hacerte va a tener que esperar. Vamos a tener una noche rica, te lo prometo.
Él atacó mi boca y apretó mis senos. Gemí.
Betina-Edu...
Él sonrió.
Cadu-Está muy difícil controlarme, créeme.
Se levantó dejándome completamente agitada y fue caminando despacio, sin muletas, al baño. Respiré hondo, fui a ver su ropa, la dejé en el lavabo y volví a su cama. Edu salió solo en bóxer y se acostó a mi lado.
Cadu-Duerme conmigo hoy.
Betina-¿Y si alguien entra a tu cuarto mañana?
Cadu-Nadie entra sin tocar. Podemos ponerle llave si quieres.
Me levanté y fui a ponerle llave a la puerta, volví corriendo y me tiré a su lado. Él me abrazó y me acomodé en sus brazos.
Betina-Entonces era yo.
Cadu-Siempre fuiste tú.
Me giré hacia él.
Betina-Te amo, Edu.
Lo besé, y él correspondió intensamente.
Cadu-Te amo, Betina. Tú fuiste mi cura, ¿sabías?
Betina-Y mira que quiero ser doctora de animales.
Me carcajeé.
Betina-Me gusta verte sonriendo, te ves hermoso.
Cadu-Tú eres hermosa, mi Leona.
Betina-Te vas a llevar un susto mañana, amanezco como la selva.
Sonrió y nos acurrucamos.
Cadu-Voy a cuidar de ti, Betina.
Betina-Y yo de ti.
Nos besamos de nuevo y soltamos el aire, y nos dormimos bien abrazaditos. En la mañana desperté primero. Betina dormía en mis brazos con el pelo rebelde desparramado por todos lados. Sonreí, porque fue así como me enamoré por completo.
Ella no se escondía detrás de maquillaje, ni cepillos y planchas. Era lo que era. La besé para despertarla y ella me apretó más todavía.
Betina-No quiero despertar.
Cadu-Van a tumbar la puerta, los terapeutas están por llegar.
Betina-Mmm, entonces bésame, para saber que no era un sueño.
Cadu-Te doy todos los besos que quieras.
Nos besamos, y me subí encima de él pasando la mano por su pecho.
Betina-¿Y ahora?
Cadu-¿Y ahora qué?
Betina-Nosotros dos, ¿cómo vamos a quedar?
Cadu-Nadie tiene nada que ver con nuestra vida.
Betina-Pero no quiero que tu papá o Vanessa se enteren. Espera a que yo pague la deuda, podemos ser novios aquí en el cuarto.
Cadu-Betina...
Betina-Por favor, van a buscar la manera de separarnos. Vanessa es mala, me odia desde la hacienda. No confío en ella, por favor.
Edu se sentó conmigo en su regazo.
Cadu-Está bien, pero después, Betina, nada me va a impedir. Quiero todo contigo. Vamos a volver a esa hacienda, y vas a entrar con la frente en alto, ¿me oyes?
Betina-Lo prometo. Quiero todo contigo también.
Fuimos a bañarnos, él primero y yo después, y bajamos a desayunar. Todo estaba en completo silencio en la mesa.